Territorio Chocoano Noticias - Quibdó (Chocó)

Sunday
Apr 20th
Text size
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

El Festival de la Migración en el triángulo biodiverso del Chocó Biogeográfico

Se desarrollará durante los próximos dos meses en Bahía Solano, Nuquí y el parque nacional de Utría. Durante este evento no sólo se celebrará la llegada de los reptiles, sino el arribo de ballenas yubarta y de cientos de aves migratorias que viajan desde Norteamérica, entre ellas águilas, gaviotas y andarríos.
Aquí, en pleno Chocó Biogeográfico, de cazar a estos pacíficos animales la gente pasó a gozar con su contemplación. Por algo es un negocio que mundialmente mueve al año más de 2.000 millones de dólares, de acuerdo con estadísticas de la Sociedad Mundial para la Protección Animal.
Uno de estos cazadores fue Julián Rivas quien cuando era un niño y apenas comenzaba a convertirse en un hombre de mar, por las playas de El Valle, en Bahía Solano (Chocó), corría sangre de tortuga.
"Nadie dejaba una viva", recuerda. A veces, en la playa, encontraba más de 500 huevos que estos reptiles dejaban enterrados en la arena y que él repartía entre sus amigos como si fueran golosinas. Y tenía tantos caparazones guardados en propia su casa, que parecían los trofeos de un campeón olímpico.
Son las 12:30 de la madrugada y acompaño a Julián a recorrer los nueve kilómetros de playas de este corregimiento. Han pasado 20 años desde que comenzó a matar tortugas, y vamos por más. Al rato aparece la primera, pero esta vez no la pone en su espalda para llevarla hasta su rancho y convertirla en el alimento de los próximos 15 días. Ahora la mide, recoge sus huevos y los lleva hasta un sitio en el que puedan reproducirse, lejos del peligro de los depredadores. Sus instintos de cazador ya están en reposo, como los de la mayoría de los habitantes de Bahía Solano.
Invitados todos
Esta no es -valga decirlo- una temporada exclusiva para biólogos, científicos y ambientalistas. Como parte del Festival, la Corporación Manocambiada, apoyada por Uniandinos y las fundaciones Marviva, Natura, Neotrópico y Malpelo, organizó cuatro salidas turísticas por la región que incluyen hasta sesiones de yoga a orillas del Océano Pacífico.
La primera de ellas está prevista para mañana. Algunas son de tres o siete noches e incluyen salidas desde las ciudades de Bogotá y Medellín. Este es, en esencia, un plan para llenarse de naturaleza con el avistamiento de los cetáceos, que llegan desde la Antártica y, literalmente, convierten este lugar en una sala de partos.
También se podrá monitorear y liberar tortugas, así como ver dos especies adicionales a la caguama que Rivas ha monitoreado durante muchas madrugadas: la carey (que está en peligro de extinción porque ha sido atacada para usar su caparazón en la fabricación de artículos de lujo) y la tortuga laúd, la más grande del mundo.
Otra alternativa es hacer una caminata por la selva, a lo largo de bosques de manglares, por la playa Cocalito y hasta bañarse en aguas termales. Es una oportunidad única de empaparse de la riqueza en fauna y flora de la zona.
El canotaje por el río Jovi también puede resultar un plan emocionante, incluso recorrer la cueva de los chimbilacos (murciélagos) o hacer careteo en la playa Punta Diego para ver porciones de arrecifes de colores.
"Aquí se mezclan muchas cosas: la cultura, la participación de la gente, el aprendizaje ecológico con el conocimiento de las especies migratorias, la generación de conciencia sobre la importancia de este departamento y la oportunidad de hacer rentable la sostenibilidad ambiental y cultural de la zona", explica Josefina Klinger, directora de la corporación Manocambiada.
Fuente: El Tiempo
MigracionSe desarrollará durante los próximos dos meses en Bahía Solano, Nuquí y el parque nacional de Utría. Durante este evento no sólo se celebrará la llegada de los reptiles, sino el arribo de ballenas yubarta y de cientos de aves migratorias que viajan desde Norteamérica, entre ellas águilas, gaviotas y andarríos.

Aquí, en pleno Chocó Biogeográfico, de cazar a estos pacíficos animales la gente pasó a gozar con su contemplación. Por algo es un negocio que mundialmente mueve al año más de 2.000 millones de dólares, de acuerdo con estadísticas de la Sociedad Mundial para la Protección Animal.

Uno de estos cazadores fue Julián Rivas quien cuando era un niño y apenas comenzaba a convertirse en un hombre de mar, por las playas de El Valle, en Bahía Solano (Chocó), corría sangre de tortuga.

"Nadie dejaba una viva", recuerda. A veces, en la playa, encontraba más de 500 huevos que estos reptiles dejaban enterrados en la arena y que él repartía entre sus amigos como si fueran golosinas. Y tenía tantos caparazones guardados en propia su casa, que parecían los trofeos de un campeón olímpico.

Son las 12:30 de la madrugada y acompaño a Julián a recorrer los nueve kilómetros de playas de este corregimiento. Han pasado 20 años desde que comenzó a matar tortugas, y vamos por más. Al rato aparece la primera, pero esta vez no la pone en su espalda para llevarla hasta su rancho y convertirla en el alimento de los próximos 15 días. Ahora la mide, recoge sus huevos y los lleva hasta un sitio en el que puedan reproducirse, lejos del peligro de los depredadores. Sus instintos de cazador ya están en reposo, como los de la mayoría de los habitantes de Bahía Solano.

Invitados todos
Esta no es -valga decirlo- una temporada exclusiva para biólogos, científicos y ambientalistas. Como parte del Festival, la Corporación Manocambiada, apoyada por Uniandinos y las fundaciones Marviva, Natura, Neotrópico y Malpelo, organizó cuatro salidas turísticas por la región que incluyen hasta sesiones de yoga a orillas del Océano Pacífico.

La primera de ellas está prevista para mañana. Algunas son de tres o siete noches e incluyen salidas desde las ciudades de Bogotá y Medellín. Este es, en esencia, un plan para llenarse de naturaleza con el avistamiento de los cetáceos, que llegan desde la Antártica y, literalmente, convierten este lugar en una sala de partos.

También se podrá monitorear y liberar tortugas, así como ver dos especies adicionales a la caguama que Rivas ha monitoreado durante muchas madrugadas: la carey (que está en peligro de extinción porque ha sido atacada para usar su caparazón en la fabricación de artículos de lujo) y la tortuga laúd, la más grande del mundo.

Otra alternativa es hacer una caminata por la selva, a lo largo de bosques de manglares, por la playa Cocalito y hasta bañarse en aguas termales. Es una oportunidad única de empaparse de la riqueza en fauna y flora de la zona.

El canotaje por el río Jovi también puede resultar un plan emocionante, incluso recorrer la cueva de los chimbilacos (murciélagos) o hacer careteo en la playa Punta Diego para ver porciones de arrecifes de colores.

"Aquí se mezclan muchas cosas: la cultura, la participación de la gente, el aprendizaje ecológico con el conocimiento de las especies migratorias, la generación de conciencia sobre la importancia de este departamento y la oportunidad de hacer rentable la sostenibilidad ambiental y cultural de la zona", explica Josefina Klinger, directora de la corporación Manocambiada.

Fuente: El Tiempo
 

Escribir un comentario

Las opiniones expresadas aquí por los usuarios son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de Territorio Chocoano Noticias. Los comentarios ofensivos, racistas y discriminatorios que inciten a la violencia o que infrinjan leyes colombianas serán eliminados.