Territorio Chocoano Noticias - Quibdó (Chocó)

Friday
May 18th
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La magia que embruja a los extranjeros en el Pacífico chocoano

Un español decidió irse por unos días a este destino desconocido para muchos colombianos y llegó maravillado por los colores y los paisajes que vio en este lugar.
Después de más de tres meses, por fin hice una salida de Bogotá, de la que todavía soy un gran desconocedor. Me fui a la costa del Pacífico del departamento de Chocó que, por suerte, está casi intacto, muy parecido a lo que pudo encontrar Núñez de Balboa, salvo que quienes habitan en mayoría este departamento, ahora, son de origen africano compartiendo territorio con los Emberá, quienes ya estaban cuando llegó el señor Núñez y, entre los montes de la jungla, siguen haciendo una vida no muy diferente a la época del "descubrimiento".
Estuve alojado en Guachalito una aldea del municipio de Nuquí, a donde se llega después de 45 minutos en lancha. Desde allí se pueden realizar breves periplos por la costa del Pacífico y observar a las ballenas con su ballenatos mientras permanecen cerca de estas costas de aguas templadas entre julio y mediados de noviembre, luego se vuelven unos 8.000 kilómetros al sur. Cuando llegué me pareció que todo pertenecía a un sueño por la tranquilidad llena de vida que me rodeaba.
Estuve bien acomodado en el Hotel 'La Joviseña' (Posadas de Colombia), regentado por Benjamín y Elizabeth (ella es de Joví, pueblito de selva y costa situado entre Nuquí y Guachalito). Sus cuatro o cinco cabañas de madera son espaciosas, distribuidas en un jardín junto al mar. En el porche hay hamacas desde donde presencié festivales de luciérnagas las tres noches; si es durante el día puedes echarte en relajada pose colgante mientras se descarga un pasajero chaparrón. Las playas cercanas son muy buenas; la que está a la derecha, a unos 200 metros hacia el norte, inmediatamente después de la desembocadura del río Guachalito, es muy agradable para el baño; puede uno quedarse varado en la arena de finos granos oscuros y dorados mientras se deja mecer o rodar pausadamente por las olas.
Hacia el sur, tras un paseo de una hora y media por la playa y por trochas entre cocoteros, pequeñas plantaciones de teca, bananos y frondosa vegetación, se llega a Termales (yo fui en lancha-motora y regresé a pie). Termales es un pueblito simpático donde hay una pequeña vecindad que cuenta con una escuela. Cuando sus niños están sueltos, fuera del cuidado de su maestra, sorprenden a los paseantes (muy escasos) que andan pendientes del revoloteo de los pájaros, desde el suave planeo de la rapaces y carroñeras, a los movimientos rápidos e imperceptibles, adornados con fabulosas poses, de los colibríes, o sorteando los pequeños cursos de agua y abrumado por la copiosa y diversa manifestación vegetal sin saber cómo denominar a cada planta.
Aún dentro de la quietud reinante, así se percibe en el semblante de los lugareños, el viajero foráneo está permanentemente distraído por un cúmulo de sensaciones que distraen su atención por todas partes.
Partiendo del núcleo costero de Termales, espalda al mar, y tras pagar 5.000 pesos, se llega en unos 6 minutos a una balsa de aguas sulfurosas que surgen del fondo, donde se puede tomar un baño termal y sentir el cosquilleo por el agua templada que fluye a la superficie mientras lame con suave fricción todo el cuerpo desde la planta de los pies. Alternativamente, se puede salir y volver a tomar el baño tras darse una zambullida en un río con pececillos, de aguas frescas y cristalinas, que pasa justo al lado de balsa, de la que, además, sale un chorro por el rebosadero con el que uno puede dejarse impactar en la espalda para masajearse mientras cala sus pies en las ribereñas aguas fluviales.
El paraje es de ensueño, está rodeado de vegetación entre la que pueden verse revolotear a las preciosas mariposas amazónicas, que son enormes, de color azul intenso tornasolado..., tuve que restregarme los ojos por lo fantástico y sobrecogedor que me pareció su avistamiento; de repente me sentí como levitando por un gozo extraño, quizás por la súbita relajación que sentí después del susto que me llevé al pensar que había sido invadido por visiones irreales o que sufría de algún repentino trastorno del sentido de la vista alterando mi percepción cromática...
Las ballenas las vi al día siguiente, desde la costa y también desde una lancha que siguió, a corta distancia, a dos grandes con un ballenato. Se vieron otras que salían a superficie a mayor distancia. En el próximo viaje a este lugar tengo pensado hacer inmersiones y espero poder aportar algo para el almuerzo, tal como tuve ocasión de hacer, cuando estuve en Dakar, sumergiéndome frente a la costa de Pointe des Almadies y de N'gor...
Aparte de La Joviseña, hay varios alojamientos. Durante mi regreso conocí en el aeropuertito de Nuquí a un médico de Villavicencio que había ido a practicar submarinismo con un grupo, cuyos integrantes se habían alojado en el "Hotel Turquí" que se encuentra junto a Arusí, un poco más al sur de Termales.
Camilo, el médico de Villavicencio, me dijo que el grupo tiene prevista su próxima salida a San Andrés, isla caribeña, de naturaleza volcánica con formaciones coralinas en sus costas, con cayos y arrecifes de coral con gran diversidad de vida marina. Allí deseo sumergirme... después de esto, espero disfrutar mis siestas con los mejores sueños.
Fuente: El Tiempo
GuachalitoUn español decidió irse por unos días a este destino desconocido para muchos colombianos y llegó maravillado por los colores y los paisajes que vio en este lugar.

Después de más de tres meses, por fin hice una salida de Bogotá, de la que todavía soy un gran desconocedor. Me fui a la costa del Pacífico del departamento de Chocó que, por suerte, está casi intacto, muy parecido a lo que pudo encontrar Núñez de Balboa, salvo que quienes habitan en mayoría este departamento, ahora, son de origen africano compartiendo territorio con los Emberá, quienes ya estaban cuando llegó el señor Núñez y, entre los montes de la jungla, siguen haciendo una vida no muy diferente a la época del "descubrimiento".

Estuve alojado en Guachalito una aldea del municipio de Nuquí, a donde se llega después de 45 minutos en lancha. Desde allí se pueden realizar breves periplos por la costa del Pacífico y observar a las ballenas con su ballenatos mientras permanecen cerca de estas costas de aguas templadas entre julio y mediados de noviembre, luego se vuelven unos 8.000 kilómetros al sur. Cuando llegué me pareció que todo pertenecía a un sueño por la tranquilidad llena de vida que me rodeaba.

Estuve bien acomodado en el Hotel 'La Joviseña' (Posadas de Colombia), regentado por Benjamín y Elizabeth (ella es de Joví, pueblito de selva y costa situado entre Nuquí y Guachalito). Sus cuatro o cinco cabañas de madera son espaciosas, distribuidas en un jardín junto al mar. En el porche hay hamacas desde donde presencié festivales de luciérnagas las tres noches; si es durante el día puedes echarte en relajada pose colgante mientras se descarga un pasajero chaparrón. Las playas cercanas son muy buenas; la que está a la derecha, a unos 200 metros hacia el norte, inmediatamente después de la desembocadura del río Guachalito, es muy agradable para el baño; puede uno quedarse varado en la arena de finos granos oscuros y dorados mientras se deja mecer o rodar pausadamente por las olas.

Hacia el sur, tras un paseo de una hora y media por la playa y por trochas entre cocoteros, pequeñas plantaciones de teca, bananos y frondosa vegetación, se llega a Termales (yo fui en lancha-motora y regresé a pie). Termales es un pueblito simpático donde hay una pequeña vecindad que cuenta con una escuela. Cuando sus niños están sueltos, fuera del cuidado de su maestra, sorprenden a los paseantes (muy escasos) que andan pendientes del revoloteo de los pájaros, desde el suave planeo de la rapaces y carroñeras, a los movimientos rápidos e imperceptibles, adornados con fabulosas poses, de los colibríes, o sorteando los pequeños cursos de agua y abrumado por la copiosa y diversa manifestación vegetal sin saber cómo denominar a cada planta.

Aún dentro de la quietud reinante, así se percibe en el semblante de los lugareños, el viajero foráneo está permanentemente distraído por un cúmulo de sensaciones que distraen su atención por todas partes.

Partiendo del núcleo costero de Termales, espalda al mar, y tras pagar 5.000 pesos, se llega en unos 6 minutos a una balsa de aguas sulfurosas que surgen del fondo, donde se puede tomar un baño termal y sentir el cosquilleo por el agua templada que fluye a la superficie mientras lame con suave fricción todo el cuerpo desde la planta de los pies. Alternativamente, se puede salir y volver a tomar el baño tras darse una zambullida en un río con pececillos, de aguas frescas y cristalinas, que pasa justo al lado de balsa, de la que, además, sale un chorro por el rebosadero con el que uno puede dejarse impactar en la espalda para masajearse mientras cala sus pies en las ribereñas aguas fluviales.

El paraje es de ensueño, está rodeado de vegetación entre la que pueden verse revolotear a las preciosas mariposas amazónicas, que son enormes, de color azul intenso tornasolado..., tuve que restregarme los ojos por lo fantástico y sobrecogedor que me pareció su avistamiento; de repente me sentí como levitando por un gozo extraño, quizás por la súbita relajación que sentí después del susto que me llevé al pensar que había sido invadido por visiones irreales o que sufría de algún repentino trastorno del sentido de la vista alterando mi percepción cromática...

Las ballenas las vi al día siguiente, desde la costa y también desde una lancha que siguió, a corta distancia, a dos grandes con un ballenato. Se vieron otras que salían a superficie a mayor distancia. En el próximo viaje a este lugar tengo pensado hacer inmersiones y espero poder aportar algo para el almuerzo, tal como tuve ocasión de hacer, cuando estuve en Dakar, sumergiéndome frente a la costa de Pointe des Almadies y de N'gor...

Aparte de La Joviseña, hay varios alojamientos. Durante mi regreso conocí en el aeropuertito de Nuquí a un médico de Villavicencio que había ido a practicar submarinismo con un grupo, cuyos integrantes se habían alojado en el "Hotel Turquí" que se encuentra junto a Arusí, un poco más al sur de Termales.

Camilo, el médico de Villavicencio, me dijo que el grupo tiene prevista su próxima salida a San Andrés, isla caribeña, de naturaleza volcánica con formaciones coralinas en sus costas, con cayos y arrecifes de coral con gran diversidad de vida marina. Allí deseo sumergirme... después de esto, espero disfrutar mis siestas con los mejores sueños.

Fuente: El Tiempo
 

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