Llega encorbatado y mirando raro; luego, una sonrisa espontánea y un chiste inventado producen la carcajada de los comensales de su restaurante de comida del Pacífico en la calle 19 con cuarta.
"Damas y caballeros, sigan que aquí se puede repetir de todo, menos negra, ni negro. La comida se ve fea, pero sabe a rico, que es lo importante", dice palmoteando y con esa entonación propia de los habitantes de Condoto (Chocó, mientras describe la lista de delicias de su menú.
Luego, saca un minuto de su jornada, acomoda sus pantalones, se sienta y dice: "Aunque no lo crea, la estoy mirando con un solo ojo porque el otro es de vidrio", y, con una voz misteriosa, susurra: "Yo era detective del DAS, del curso 28 de 1969".
De la profesión, en la que trabajó 15 años, se ríe cuando lee noticias del escándalo de las chuzadas. "Eso se ha hecho siempre; ahora se vienen a hacer los de las gafas. Yo fui jefe de oficina en varias seccionales y eso era común en el área de Investigaciones, sólo que todo era necesario para la seguridad de algo o de alguien", dijo York.
Este negro de ambiente dice que se gozó su trabajo porque en su época miraban con respeto a los miembros de la entidad, incluso cuando estudió en la Universidad del Valle. "Hasta los del M-19 me llevaban por la buena. Es que yo tengo tantos amigos que no sé cuál es mi enemigo", contó.
Al mejor estilo del Súperagente 86, York trabajó como agente encubierto en una empresa de pilas. "Hacía de jefe de personal para saber por qué robaban tanto".
Con un curso de narcóticos que hizo con la DEA realizó trabajos en varias ciudades. "Huy en Medellín la situación era tan violenta que al periódico Sucesos, que era en blanco y negro, le salía sangre".
En este tipo de misiones duró hasta que un nuevo jefe lo sacó de la entidad cuando trabajaba en Valledupar como jefe de la Policía Judicial. Luego fue escolta por seis años y ahí terminó para siempre su trabajo en el área de la Inteligencia. La vida le cambió.
La cuadra del pescado
A la cuadra más conocida del centro de Bogotá por comercializar comida del Pacífico llegó York, a un local atestado de ratas "que le hacían muecas" y que terminó por eliminar para montar un restaurante regional.
Con sus recursos, que en ese entonces, eran de 20 mil pesos, compraba pescadilla para hacer el sancocho que lo haría famoso. Apenas vendía lo que había alcanzado a preparar, salía a fiar 10 mil más, mientras sus clientes lo esperaban.
Así, logró coronar la esquina que siempre soñó para montar 'El Rincón de York', el restaurante con el que sacó adelante a toda su familia y a siete pacíficos que llegaron a Bogotá en busca de oportunidades. "Es que si no hay negros no hay buen pescado. Tenemos el sabor y la alegría".
Todo su local está pintado de acrósticos que él escribe pues además es poeta, escritor y un compositor de canciones consumado.
Con la misma emoción con que atendió al maestro Escalona trata a todos sus clientes, les da la mano y hasta se sienta con ellos a preguntarles qué delicia del mar les provoca.
York tiene tres salones en su restaurante: Colombia, Chocó y Amor, en el que cuelga una hamaca que invita a descansar.
Sus historias y su calidez hicieron de York un personaje famoso en una cuadra que huele a Pacífico, que tiene aguacates y bananos en sus esquinas y varios restaurantes atendidos por negros de la misma región. A las 12, York pide permiso y se para a trabajar: un ensordecedor ruido se percibe en la calle. Comenzó la pesca de clientes.
Fuente: El Tiempo
"Damas y caballeros, sigan que aquí se puede repetir de todo, menos negra, ni negro. La comida se ve fea, pero sabe a rico, que es lo importante", dice palmoteando y con esa entonación propia de los habitantes de Condoto (Chocó), mientras describe la lista de delicias de su menú.
Luego, saca un minuto de su jornada, acomoda sus pantalones, se sienta y dice: "Aunque no lo crea, la estoy mirando con un solo ojo porque el otro es de vidrio", y, con una voz misteriosa, susurra: "Yo era detective del DAS, del curso 28 de 1969".
De la profesión, en la que trabajó 15 años, se ríe cuando lee noticias del escándalo de las chuzadas. "Eso se ha hecho siempre; ahora se vienen a hacer los de las gafas. Yo fui jefe de oficina en varias seccionales y eso era común en el área de Investigaciones, sólo que todo era necesario para la seguridad de algo o de alguien", dijo York.
Este negro de ambiente dice que se gozó su trabajo porque en su época miraban con respeto a los miembros de la entidad, incluso cuando estudió en la Universidad del Valle. "Hasta los del M-19 me llevaban por la buena. Es que yo tengo tantos amigos que no sé cuál es mi enemigo", contó.
Al mejor estilo del Súperagente 86, York trabajó como agente encubierto en una empresa de pilas. "Hacía de jefe de personal para saber por qué robaban tanto".
Con un curso de narcóticos que hizo con la DEA realizó trabajos en varias ciudades. "Huy en Medellín la situación era tan violenta que al periódico Sucesos, que era en blanco y negro, le salía sangre".
En este tipo de misiones duró hasta que un nuevo jefe lo sacó de la entidad cuando trabajaba en Valledupar como jefe de la Policía Judicial. Luego fue escolta por seis años y ahí terminó para siempre su trabajo en el área de la Inteligencia. La vida le cambió.
La cuadra del pescado
A la cuadra más conocida del centro de Bogotá por comercializar comida del Pacífico llegó York, a un local atestado de ratas "que le hacían muecas" y que terminó por eliminar para montar un restaurante regional.
Con sus recursos, que en ese entonces, eran de 20 mil pesos, compraba pescadilla para hacer el sancocho que lo haría famoso. Apenas vendía lo que había alcanzado a preparar, salía a fiar 10 mil más, mientras sus clientes lo esperaban.
Así, logró coronar la esquina que siempre soñó para montar 'El Rincón de York', el restaurante con el que sacó adelante a toda su familia y a siete pacíficos que llegaron a Bogotá en busca de oportunidades. "Es que si no hay negros no hay buen pescado. Tenemos el sabor y la alegría".
Todo su local está pintado de acrósticos que él escribe pues además es poeta, escritor y un compositor de canciones consumado.
Con la misma emoción con que atendió al maestro Escalona trata a todos sus clientes, les da la mano y hasta se sienta con ellos a preguntarles qué delicia del mar les provoca.
York tiene tres salones en su restaurante: Colombia, Chocó y Amor, en el que cuelga una hamaca que invita a descansar.
Sus historias y su calidez hicieron de York un personaje famoso en una cuadra que huele a Pacífico, que tiene aguacates y bananos en sus esquinas y varios restaurantes atendidos por negros de la misma región. A las 12, York pide permiso y se para a trabajar: un ensordecedor ruido se percibe en la calle. Comenzó la pesca de clientes.
Fuente: El Tiempo y City Tv



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