Antes de ir empujando una carreta con unos 200 libros por las calles de Cartagena, incluso sin la algarabía particular de los que venden tomates, aguacates o fresas en este vehículo de tracción humana, Martín era vendedor de agua en el Parque de Bolívar de la Ciudad Amurallada.
Vendió agua durante muchos años, pero siempre tuvo ganas de hacerse analista de la NBA, porque le encanta el baloncesto, tanto como leer. Tal vez no llegue a la NBA, pero sí que llegó a la lectura.
Martín Roberto Murillo Gómez estudió hasta quinto de primaria. No fue más. Y pensar, después de los 40 años, en volver a la escuela, no era algo que le sonara mucho. "Era un proceso muy largo empezar a esta edad".
Al principio, la lectura le interesó por lo del baloncesto, pero después, lo atrapó para siempre. Los libros son su mejor manera de aprender, pero no para dejarlos para él solo.
De esas cosas que, diría el dicho Dios los hace y ellos se juntan. Un día en el que Jaime Abello Banfi, el director de la Fundación Nuevo Periodismo, le compraba una botella de agua, empezaron a hablar de lectura.
Después se volvieron a encontrar, le prestó algunos libros, le regaló otros cuantos y Martín, a leer y a aprender y a encantarse más. Se paseó por la fundación en algunas conferencias y hasta un día participó en el Hay Festival. Todo le ha servido para su proyecto, el de la Carreta Literaria.
De acercarse a la lectura, un día se le ocurrió que "quería ser más útil a la sociedad" y que había que compartir y promover la lectura.
Y del ejemplo de una carreta que había en el parque y que vendía libros, él quiso hacer una que recorriera los lugares. Una incluso que fuera más bonita. Ahí tomó forma su idea.
"Yo era vendedor ambulante, así que también era hacerle un homenaje a ello", cuenta este hombre delgado, negro, de barba blanca y una gorrita tejida que le caracteriza.
¡Leamos!
Martín tiene claro su oficio: P/L/7/24/365. Lo dice rápido. "Soy prestador de libros, 7 días a la semana, 24 horas al día, 365 días al año".
Con su carreta recorre las calles de la ciudad, sobre todo las del Parque de Bolívar, donde los fines de semana estaciona las cuatro ruedas con libros y deja que la gente se siente a leer.
"Yo presto y no me tienes que firmar ningún documento. Puede tomar un libro cualquier lector del mundo que tenga ganas de leer".
Porque para este chocoano, que por esas cosas de ir de un lugar a otro, se quedó en Cartagena, prestar libros es una necesidad. Lo que recibe es valioso: que los demás aprendan. "Cada que leemos un libro tendremos más conocimientos, así la lectura se haga por placer".
La carreta empezó con la colección personal de Martín. Unos 150 títulos que consiguió guardando algo de lo que le quedaba de vender agua y de los libros que le regalaban.
Ahora, después de que el 22 de mayo de 2007 empezara a rodar con la carreta, tiene unos 2.500 que guarda en su pieza del Hotel La Muralla, porque en la de tres ruedas solo le caben unos 200, que "voy rotando casi a mi gusto personal". Tal vez es por lo del puesto: "Yo soy el gerente y mensajero de la empresa".
A él los autores que más le gustan son los del boom y, sobre todo, Gabriel García Márquez, del que tiene autografiado El amor en los tiempos del cólera , que sorprendió al Nobel por ser una primera edición y que a Martín le queda como una de las mil y una anécdotas. También le encanta Saramago y tiene muchos libros firmados por escritores que ha conocido.
Ahora bien, no solo presta libros. Es un promotor de lectura que se pasea por los colegios (incluso sobrepasando las fronteras de Cartagena), por las cárceles, por lugares donde haya alguien para demostrarle que "la lectura te quiere como una mamá".
Fuente: El Colombiano
Antes de ir empujando una carreta con unos 200 libros por las calles de Cartagena, incluso sin la algarabía particular de los que venden tomates, aguacates o fresas en este vehículo de tracción humana, Martín era vendedor de agua en el Parque de Bolívar de la Ciudad Amurallada.Vendió agua durante muchos años, pero siempre tuvo ganas de hacerse analista de la NBA, porque le encanta el baloncesto, tanto como leer. Tal vez no llegue a la NBA, pero sí que llegó a la lectura.
Martín Roberto Murillo Gómez estudió hasta quinto de primaria. No fue más. Y pensar, después de los 40 años, en volver a la escuela, no era algo que le sonara mucho. "Era un proceso muy largo empezar a esta edad".
Al principio, la lectura le interesó por lo del baloncesto, pero después, lo atrapó para siempre. Los libros son su mejor manera de aprender, pero no para dejarlos para él solo.
De esas cosas que, diría el dicho Dios los hace y ellos se juntan. Un día en el que Jaime Abello Banfi, el director de la Fundación Nuevo Periodismo, le compraba una botella de agua, empezaron a hablar de lectura.
Después se volvieron a encontrar, le prestó algunos libros, le regaló otros cuantos y Martín, a leer y a aprender y a encantarse más. Se paseó por la fundación en algunas conferencias y hasta un día participó en el Hay Festival. Todo le ha servido para su proyecto, el de la Carreta Literaria.
De acercarse a la lectura, un día se le ocurrió que "quería ser más útil a la sociedad" y que había que compartir y promover la lectura.
Y del ejemplo de una carreta que había en el parque y que vendía libros, él quiso hacer una que recorriera los lugares. Una incluso que fuera más bonita. Ahí tomó forma su idea.
"Yo era vendedor ambulante, así que también era hacerle un homenaje a ello", cuenta este hombre delgado, negro, de barba blanca y una gorrita tejida que le caracteriza.
¡Leamos!
Martín tiene claro su oficio: P/L/7/24/365. Lo dice rápido. "Soy prestador de libros, 7 días a la semana, 24 horas al día, 365 días al año".
Con su carreta recorre las calles de la ciudad, sobre todo las del Parque de Bolívar, donde los fines de semana estaciona las cuatro ruedas con libros y deja que la gente se siente a leer.
"Yo presto y no me tienes que firmar ningún documento. Puede tomar un libro cualquier lector del mundo que tenga ganas de leer".
Porque para este chocoano, que por esas cosas de ir de un lugar a otro, se quedó en Cartagena, prestar libros es una necesidad. Lo que recibe es valioso: que los demás aprendan. "Cada que leemos un libro tendremos más conocimientos, así la lectura se haga por placer".
La carreta empezó con la colección personal de Martín. Unos 150 títulos que consiguió guardando algo de lo que le quedaba de vender agua y de los libros que le regalaban.
Ahora, después de que el 22 de mayo de 2007 empezara a rodar con la carreta, tiene unos 2.500 que guarda en su pieza del Hotel La Muralla, porque en la de tres ruedas solo le caben unos 200, que "voy rotando casi a mi gusto personal". Tal vez es por lo del puesto: "Yo soy el gerente y mensajero de la empresa".
A él los autores que más le gustan son los del boom y, sobre todo, Gabriel García Márquez, del que tiene autografiado El amor en los tiempos del cólera , que sorprendió al Nobel por ser una primera edición y que a Martín le queda como una de las mil y una anécdotas. También le encanta Saramago y tiene muchos libros firmados por escritores que ha conocido.
Ahora bien, no solo presta libros. Es un promotor de lectura que se pasea por los colegios (incluso sobrepasando las fronteras de Cartagena), por las cárceles, por lugares donde haya alguien para demostrarle que "la lectura te quiere como una mamá".
Fuente: El Colombiano




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