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May 21st
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“El Mundial terminará de unir a Sudáfrica”: Róbinson Rentería

Fueron demasiadas horas de vuelo y un cambio horario que le costó varios días para asimilarlo, pero a la que nunca pudo adaptarse fue a una cultura tan distinta a la occidental y el límite de la desesperación lo llevó a regresar antes de tiempo, así en el Beijing Guoan le prometieran el cielo y la tierra juntos para que permaneciera en China.
No hubo poder humano de hacer cambiar de parecer a Luis Róbinson Rentería que un año después de debutar profesionalmente en Atlético Nacional, volvía a su país, a estar con los suyos y aunque el deseo era vestirse de verde nuevamente, el Pasto le permitía al menos seguir activo.
Del sur, el delantero nacido en Quibdó se instalaría otra vez en Medellín y ante la prolongada suplencia, la oferta del Caracas lo llevó a desempolvar el pasaporte, sin siquiera imaginarse que en el vecino país lo valorarían más que en el propio.
Tres títulos con el Caracas lo convirtieron en referente de la liga patriota y una vez se consagró goleador con Trujillanos, apareció un ofrecimiento tan exótico como el lugar mismo de donde provenía: el Mamelodi Sundowns, el equipo más popular de Sudáfrica, le ponía contrato y tiquetes para Johannesburgo sobre la mesa.
Pero el mayor de la saga Rentería —dos hermanos más son futbolistas y también atacantes: Wason en el Braga de Portugal y Carlos en Equidad—, ni se inmutó con la oferta porque “al principio creí que era broma, ya que no entendía que me vinieran a buscar desde tan lejos y eso aumentó mis dudas, por lo que la gente comentaba de África, entonces como tenía mercado en Venezuela, preferí quedarme para ir a un equipo más grande de ahí”.
Promediaba el 2007 y Estudiantes de Mérida se fijó en su olfato, patentado con el segundo botín dorado. Y apenas seis meses después de haberle dicho no a la opción sudafricana, apareció la segunda y del mismo destino, a la cual no se pudo resistir, al sentirse “ya mentalmente preparado, el empresario me hizo un seguimiento y la propuesta del Platinum Stars colmó mis expectativas, al punto que llevo dos años y medio y estoy feliz de estar allá porque es un país maravilloso”.
De todas formas se encontró con más de una barrera, y no propiamente de jugadores, ya que “por ser extranjero, el idioma te cuesta mucho y te limita”, pero por fortuna “en el cuerpo técnico me ayudaron mucho y siempre le estaré agradecido al ‘profe’ Miguel Gamondi (N. de R.: argentino que había sido asistente de Ángel Cappa en el Sundowns), quien hizo todo lo posible para que no me fuera a aburrir”.
Además, tuvo que acomodarse a un fútbol “que por su influencia inglesa, basa su juego en la potencia y el biotipo de los jugadores, así que es rápido y de buena técnica. Por eso el énfasis en los entrenamientos es físico y resulta muy distinto al nuestro donde hay más toque y pausa”.
El único futbolista colombiano en el país que acogerá la próxima Copa del Mundo, estaba dispuesto a aprender, pero se sentía “impotente porque quería hablar con mis compañeros dentro y fuera de la cancha y no podía, entonces compré un diccionario y cada día sacaba palabritas claves; me esforcé para llegar a donde quería llegar”.
El Mundial, un buen pretexto
Después ya hablaría en la cancha y así calló a más de uno, ya que acepta que “los jugadores son difíciles, no te arropan por ser de otro país, uno que otro me saludaba, pero la mayoría piensa que uno se les quiere llevar la plata, pero una vez me vieron jugar y compartí con ellos, se dieron cuenta de la persona y el jugador que era”.
Esas distancias son las que espera que desaparezcan de una vez por todas en un territorio donde el racismo siempre ha estado presente y ahora que “recibe un Mundial, que no se le da a cualquier nación, por todo lo que ha vivido Sudáfrica, la mentalidad de la gente ha cambiado, antes había demasiadas diferencias entre unos y otros que dejaron secuelas, pero estoy seguro de que el Mundial terminará de unir a un país muy rico en todo aspecto”.
Róbinson cree igualmente que “se ha superado mucho esa barrera, pero todavía falta y el que lo vivió y padeció, no olvida tan fácil, pero la Copa del Mundo ha cambiado el resentimiento por la convivencia en un pueblo apasionado por el fútbol, ya que los estadios se llenan cada fin de semana y no sólo con los equipos grandes, los chicos también convocan masivamente”.
Rechaza, como el sudafricano de corazón que dice ser, tanto cuestionamiento hacia el país sede y advierte que “en todos los lugares del mundo hay inseguridad y Sudáfrica no es la excepción, pero por toda la gente que va a estar, reforzarán los operativos para proteger a los turistas y las selecciones, pero las principales ciudades que he conocido, son tranquilas y tienen como Bogotá, sus zonas exclusivas y otras no tanto”.
Además reconoce que es un país “lleno de atracciones turísticas, pero una que nadie se puede perder es Sun City, un resort a hora y media de Johannesburgo que tiene cuatro hoteles de lujo, con campos de golf, una playa artificial, safaris en 4X4 y hasta excursiones en elefante”.
Allí, como en otros lugares, se podrá degustar de la gastronomía sudafricana que según Róbinson “es variada y tiene una muy buena sazón que la hace parecida incluso a la colombiana. La comida es algo fundamental en cualquier lugar y allá se ve de todo y bien rico”.
Junto a su esposa disfruta por estos días de sus vacaciones en San Andrés, pero regresará a comienzos de junio al continente negro para iniciar la pretemporada con el Mamelodi que esta vez recibió un sí de su parte y en Sudáfrica “espera ser un embajador de Colombia, como lo es Édgar Perea, porque para mí es un orgullo representar a mi país y ser anfitrión de esta Copa del Mundo, una responsabilidad inmensa y espero hacerlo con mucho honor”.
Él también hace la cuenta regresiva para que el planeta ponga sus ojos en una nación que años atrás generó atención, pero por propiciar tanta diferencia, aunque esa fue la que marcó Róbinson  y no en vano va para su tercera temporada.
Fuente: El Espectador
Róbinson RenteríaFueron demasiadas horas de vuelo y un cambio horario que le costó varios días para asimilarlo, pero a la que nunca pudo adaptarse fue a una cultura tan distinta a la occidental y el límite de la desesperación lo llevó a regresar antes de tiempo, así en el Beijing Guoan le prometieran el cielo y la tierra juntos para que permaneciera en China.

No hubo poder humano de hacer cambiar de parecer a Luis Róbinson Rentería que un año después de debutar profesionalmente en Atlético Nacional, volvía a su país, a estar con los suyos y aunque el deseo era vestirse de verde nuevamente, el Pasto le permitía al menos seguir activo.

Del sur, el delantero nacido en Quibdó se instalaría otra vez en Medellín y ante la prolongada suplencia, la oferta del Caracas lo llevó a desempolvar el pasaporte, sin siquiera imaginarse que en el vecino país lo valorarían más que en el propio.

Tres títulos con el Caracas lo convirtieron en referente de la liga patriota y una vez se consagró goleador con Trujillanos, apareció un ofrecimiento tan exótico como el lugar mismo de donde provenía: el Mamelodi Sundowns, el equipo más popular de Sudáfrica, le ponía contrato y tiquetes para Johannesburgo sobre la mesa.

Pero el mayor de la saga Rentería —dos hermanos más son futbolistas y también atacantes: Wason en el Braga de Portugal y Carlos en Equidad—, ni se inmutó con la oferta porque “al principio creí que era broma, ya que no entendía que me vinieran a buscar desde tan lejos y eso aumentó mis dudas, por lo que la gente comentaba de África, entonces como tenía mercado en Venezuela, preferí quedarme para ir a un equipo más grande de ahí”.

Promediaba el 2007 y Estudiantes de Mérida se fijó en su olfato, patentado con el segundo botín dorado. Y apenas seis meses después de haberle dicho no a la opción sudafricana, apareció la segunda y del mismo destino, a la cual no se pudo resistir, al sentirse “ya mentalmente preparado, el empresario me hizo un seguimiento y la propuesta del Platinum Stars colmó mis expectativas, al punto que llevo dos años y medio y estoy feliz de estar allá porque es un país maravilloso”.

De todas formas se encontró con más de una barrera, y no propiamente de jugadores, ya que “por ser extranjero, el idioma te cuesta mucho y te limita”, pero por fortuna “en el cuerpo técnico me ayudaron mucho y siempre le estaré agradecido al ‘profe’ Miguel Gamondi (N. de R.: argentino que había sido asistente de Ángel Cappa en el Sundowns), quien hizo todo lo posible para que no me fuera a aburrir”.

Además, tuvo que acomodarse a un fútbol “que por su influencia inglesa, basa su juego en la potencia y el biotipo de los jugadores, así que es rápido y de buena técnica. Por eso el énfasis en los entrenamientos es físico y resulta muy distinto al nuestro donde hay más toque y pausa”.

El único futbolista colombiano en el país que acogerá la próxima Copa del Mundo, estaba dispuesto a aprender, pero se sentía “impotente porque quería hablar con mis compañeros dentro y fuera de la cancha y no podía, entonces compré un diccionario y cada día sacaba palabritas claves; me esforcé para llegar a donde quería llegar”.

El Mundial, un buen pretexto
Después ya hablaría en la cancha y así calló a más de uno, ya que acepta que “los jugadores son difíciles, no te arropan por ser de otro país, uno que otro me saludaba, pero la mayoría piensa que uno se les quiere llevar la plata, pero una vez me vieron jugar y compartí con ellos, se dieron cuenta de la persona y el jugador que era”.

Esas distancias son las que espera que desaparezcan de una vez por todas en un territorio donde el racismo siempre ha estado presente y ahora que “recibe un Mundial, que no se le da a cualquier nación, por todo lo que ha vivido Sudáfrica, la mentalidad de la gente ha cambiado, antes había demasiadas diferencias entre unos y otros que dejaron secuelas, pero estoy seguro de que el Mundial terminará de unir a un país muy rico en todo aspecto”.

Róbinson cree igualmente que “se ha superado mucho esa barrera, pero todavía falta y el que lo vivió y padeció, no olvida tan fácil, pero la Copa del Mundo ha cambiado el resentimiento por la convivencia en un pueblo apasionado por el fútbol, ya que los estadios se llenan cada fin de semana y no sólo con los equipos grandes, los chicos también convocan masivamente”.

Rechaza, como el sudafricano de corazón que dice ser, tanto cuestionamiento hacia el país sede y advierte que “en todos los lugares del mundo hay inseguridad y Sudáfrica no es la excepción, pero por toda la gente que va a estar, reforzarán los operativos para proteger a los turistas y las selecciones, pero las principales ciudades que he conocido, son tranquilas y tienen como Bogotá, sus zonas exclusivas y otras no tanto”.

Además reconoce que es un país “lleno de atracciones turísticas, pero una que nadie se puede perder es Sun City, un resort a hora y media de Johannesburgo que tiene cuatro hoteles de lujo, con campos de golf, una playa artificial, safaris en 4X4 y hasta excursiones en elefante”.

Allí, como en otros lugares, se podrá degustar de la gastronomía sudafricana que según Róbinson “es variada y tiene una muy buena sazón que la hace parecida incluso a la colombiana. La comida es algo fundamental en cualquier lugar y allá se ve de todo y bien rico”.

Junto a su esposa disfruta por estos días de sus vacaciones en San Andrés, pero regresará a comienzos de junio al continente negro para iniciar la pretemporada con el Mamelodi que esta vez recibió un sí de su parte y en Sudáfrica “espera ser un embajador de Colombia, como lo es Édgar Perea, porque para mí es un orgullo representar a mi país y ser anfitrión de esta Copa del Mundo, una responsabilidad inmensa y espero hacerlo con mucho honor”.

Él también hace la cuenta regresiva para que el planeta ponga sus ojos en una nación que años atrás generó atención, pero por propiciar tanta diferencia, aunque esa fue la que marcó Róbinson  y no en vano va para su tercera temporada.

Fuente: El Espectador
 

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