Levid está acongojado. Mientras mira una y otra vez sus manos no deja de pensar en lo que está pasando en su pueblo. Aquel barrio pobre, el Benjamín Hidalgo, que dejó en diciembre con nostalgia, en su última visita, ya nunca volverá a ser el mismo.
Igual pasará con su pueblo Riosucio, un municipio chocoano apostado a un costado del río Atrato, que terminó en cenizas por un incendio el sábado pasado.
Levid está triste. Desde Envigado se siente impotente ante el futuro de su pueblo, ese pedazo de tierra que sólo aparece en el mapa cuando las tragedias caen sobre él.
Hace dos años fue una inundación que dejó cientos de damnificados. Esta vez el fuego consumió los hogares de los paisanos del arquero del Envigado F.C.
A 15 horas de tortuoso viaje por carretera y vía fluvial, se encuentra Levid Martínez, un joven de 20 años que, mientras está sentado recordando su infancia en lo que fuera su barrio, pide ayuda, no sólo para su familia, sino para toda su gente.
"A la distancia soy un doliente de mi Riosucio. Allá están mi madre y otros familiares y amigos que lo perdieron todo", comenta el jugador del equipo naranja.
Por momentos y a pesar de la distancia, sintió que su vida se le iba.
Por un lapso de tiempo que se le hizo eterno, dos horas y media, tuvo a su mamá, Espedita Caicedo, muerta. Quizá el desespero por perderlo todo hicieron que una prima le comunicara a Levid la trágica noticia.
Gracias a Dios fue una falsa alarma. Pero la agonía persistía: aquel barrio donde jugó sus primeros picaítos de fútbol había sucumbido ante las llamas.
"Ahora yo pido ayuda para todo mi pueblo. Ojalá las autoridades y el gobierno nacional ayuden a esa gente que busca sobrevivir a diario en un lugar donde las fuentes de trabajo son escasas", insiste Levid en los comentarios.
Clama solidaridad
El chocoano, que se distingue por su alegría dentro y fuera del terreno de juego, no puede disimular su tristeza. Desde el sábado en la noche la preocupación por sus familiares y amigos es extrema.
Con sus "panas" ha hablado mucho. Ellos le han contado la difícil situación que se vive en este apartado municipio, en el que se vive de la pesca y otro poco de la madera.
Levid es el menor de seis hermanos. Hace cuatro años se vino a jugar en el Envigado. De los 30 grados que aguantaba allá, en su terruño, vino a parar en suelo paisa, en el que se abre paso dentro del fútbol profesional.
Él, desde la distancia, sabe que la vida debe continuar. Aboga y espera que el Estado ayude a su pueblo, mientras él, también hijo de Riosucio, se batirá esta tarde en el gramado del Polideportivo Sur, en el que tiene una cita con el fútbol.
Mientras juega y lucha por consagrarse en el fútbol, espera que el Benjamín Hidalgo, como el Ave Fénix, surja entre las cenizas y recupere la alegría que siempre tuvo, esa misma que vive en el corazón del doliente Levid.
Fuente: El Colombiano
Levid está acongojado. Mientras mira una y otra vez sus manos no deja de pensar en lo que está pasando en su pueblo. Aquel barrio pobre, el Benjamín Hidalgo, que dejó en diciembre con nostalgia, en su última visita, ya nunca volverá a ser el mismo.Igual pasará con su pueblo Riosucio, un municipio chocoano apostado a un costado del río Atrato, que terminó en cenizas por un incendio el sábado pasado.
Levid está triste. Desde Envigado se siente impotente ante el futuro de su pueblo, ese pedazo de tierra que sólo aparece en el mapa cuando las tragedias caen sobre él.
Hace dos años fue una inundación que dejó cientos de damnificados. Esta vez el fuego consumió los hogares de los paisanos del arquero del Envigado F.C.
A 15 horas de tortuoso viaje por carretera y vía fluvial, se encuentra Levid Martínez, un joven de 20 años que, mientras está sentado recordando su infancia en lo que fuera su barrio, pide ayuda, no sólo para su familia, sino para toda su gente.
"A la distancia soy un doliente de mi Riosucio. Allá están mi madre y otros familiares y amigos que lo perdieron todo", comenta el jugador del equipo naranja.
Por momentos y a pesar de la distancia, sintió que su vida se le iba.
Por un lapso de tiempo que se le hizo eterno, dos horas y media, tuvo a su mamá, Espedita Caicedo, muerta. Quizá el desespero por perderlo todo hicieron que una prima le comunicara a Levid la trágica noticia.
Gracias a Dios fue una falsa alarma. Pero la agonía persistía: aquel barrio donde jugó sus primeros picaítos de fútbol había sucumbido ante las llamas.
"Ahora yo pido ayuda para todo mi pueblo. Ojalá las autoridades y el gobierno nacional ayuden a esa gente que busca sobrevivir a diario en un lugar donde las fuentes de trabajo son escasas", insiste Levid en los comentarios.
Clama solidaridad
El chocoano, que se distingue por su alegría dentro y fuera del terreno de juego, no puede disimular su tristeza. Desde el sábado en la noche la preocupación por sus familiares y amigos es extrema.
Con sus "panas" ha hablado mucho. Ellos le han contado la difícil situación que se vive en este apartado municipio, en el que se vive de la pesca y otro poco de la madera.
Levid es el menor de seis hermanos. Hace cuatro años se vino a jugar en el Envigado. De los 30 grados que aguantaba allá, en su terruño, vino a parar en suelo paisa, en el que se abre paso dentro del fútbol profesional.
Él, desde la distancia, sabe que la vida debe continuar. Aboga y espera que el Estado ayude a su pueblo, mientras él, también hijo de Riosucio, se batirá esta tarde en el gramado del Polideportivo Sur, en el que tiene una cita con el fútbol.
Mientras juega y lucha por consagrarse en el fútbol, espera que el Benjamín Hidalgo, como el Ave Fénix, surja entre las cenizas y recupere la alegría que siempre tuvo, esa misma que vive en el corazón del doliente Levid.
Fuente: El Colombiano



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