A Roberto Camacho le mataron la esperanza el mismo día en que uno de sus jugadores de fútbol llegó a su rancho de Playa de Oro (Chocó) con una advertencia: "Lo van quebrar; es mejor que se vaya".
Meses atrás, Roberto, un futbolista aficionado, había logrado juntar a varios negros, como él, para formar el onceno más respetado de toda la región: el Playa de Oro Fútbol Club.
Entrenaban a pie descalzo en una cancha del municipio y no necesitaban camisetas que los distinguieran porque todos habían nacido en la misma miseria.
En 1994, la gloria deportiva del equipo dio paso al infierno de la guerra. Grupos guerrilleros y paramiliatares llegaron hasta el pueblo en busca de los 'sapos' (auxiliadores de los dos bandos armados). Algunos de los mejores jugadores de Roberto fueron reclutados por la guerrilla. Los pusieron a escoger entre el fútbol y la superviviencia de sus familias.
El profesor Roberto quedó en la mitad del fuego cruzado. La guerrilla lo señaló de paramilitar y dio la orden de exterminarlo. Sus pupilos, ahora vestían el camuflado: colgaron la pantaloneta y las medias rojas hasta las rodillas.
Se resistían a creer que deberían matar al hombre que les había enseñado a parar el balón con el pecho y a hacer cambios de frente al estilo europeo. Al 'Profe' le avisaron. Le hicieron saber que era objetivo militar: que se tenía que ir con sus pelotas a otra parte.
"Empaqué maletas ese mismo día, atravesé el río y me fui para Pereira", recuerda Roberto con rabia y dolor.
Aún sueña, algunas noches, viendo al Playa de Oro Fútbol Club goleando al Bahía Solano, el eterno rival.
Ese mismo destino que lo separó del deporte y de sus muchachos en el Chocó, le dio en Bogotá una nueva oportunidad.
El fútbol, un vicio
Roberto llegó hace 16 años a La Isla, un sector habitado por 150 familias afrodescendientes. El barrio corona una montaña de Cazucá, en Soacha, frontera con Bogotá. Es territorio inhóspito y olvidado, pese a que desde sus miradores se ve la gran ciudad.
Un pitazo de Roberto basta para que más de 60 niños salgan de sus ranchos a entrenar. El hombre fundó, hace ocho años, una escuela de fútbol -en el barrio- que no les cobra a sus integrantes
Los miércoles, jueves y viernes, de 5 de la tarde a 7:30 de la noche, el equipo sale a practicar. Los jugadores suben y bajan una escalera con más de 300 peldaños, que bordea el cerro.
"El trabajo de fútbol lo hacemos aquí, en la propia calle. Ponemos unos conos y esos son los arcos", explica Roberto. En la calle 42 con carrera 31 D Sur se juegan hasta seis partidos simultáneos. Una nube de polvo lo cubre todo y sólo se ven los balones picar por el cielo. De esta improvisada cancha han salido futbolistas reconocidos. "Yo entrené aquí a Marcos Pérez. Ahora juega en el Real Zaragoza, de España", cuenta el 'Profe, con orgullo.
Roberto trabaja de celador en un centro comunitario. Buena parte de su sueldo lo invierte en los jugadores. El equipo, llamado Corintos, sólo utiliza guayos cuando hay partidos de campeonato. De resto, los zapatos negros del colegio y los tenis de tela marcan la parada. Los pocos uniformes que hay son lavados, después de cada enfrentamiento, por el mismo Roberto, quien los cuida como un tesoro. Jackson Murillo 'Niche', es de los alumnos más aventajados. Lleva 2 años en la escuela y le colabora al técnico en lo que puede. 'Niche' tiene madera de volante central y los fines de semana lo demuestra en el estadio Luis Carlos Galán, de Soacha.
Roberto aprendió a dirigir partidos en la televisión. Se encierra en su cuarto durante horas y toma apuntes que luego pone en practica en los partidos que Corintos disputa en torneos locales. "Admiro a Pacho Maturana: no se le olvide que nos llevó a un mundial", reflexiona el chocoano con un viejo balón Golty en las manos.
El 'profe' de fútbol
En las zonas de conflicto la figura del profesor de fútbol que le permite a la juventud aprovechar el tiempo libre es una realidad. Según la Fundación World Coach Colombia, que trabaja con entrenadores en la regiones más apartadas del país, la figura del 'Profe' les aporta valores de convivencia a los integrantes de los equipos. World Coach trabaja para formar a todas las personas que cumplen con esta función.
La iniciativa hace parte del programa de responsabilidad social de la Federación Colombiana de Fútbol. El BBVA, que trabaja en programas de educación, no descarta unirse al proyecto. Se espera que organizaciones como 'Save the Children', también se vinculen.
Fuente: El Tiempo
A Roberto Camacho le mataron la esperanza el mismo día en que uno de sus jugadores de fútbol llegó a su rancho de Playa de Oro (Chocó) con una advertencia: "Lo van quebrar; es mejor que se vaya".Meses atrás, Roberto, un futbolista aficionado, había logrado juntar a varios negros, como él, para formar el onceno más respetado de toda la región: el Playa de Oro Fútbol Club.
Entrenaban a pie descalzo en una cancha del municipio y no necesitaban camisetas que los distinguieran porque todos habían nacido en la misma miseria.
En 1994, la gloria deportiva del equipo dio paso al infierno de la guerra. Grupos guerrilleros y paramiliatares llegaron hasta el pueblo en busca de los 'sapos' (auxiliadores de los dos bandos armados). Algunos de los mejores jugadores de Roberto fueron reclutados por la guerrilla. Los pusieron a escoger entre el fútbol y la superviviencia de sus familias.
El profesor Roberto quedó en la mitad del fuego cruzado. La guerrilla lo señaló de paramilitar y dio la orden de exterminarlo. Sus pupilos, ahora vestían el camuflado: colgaron la pantaloneta y las medias rojas hasta las rodillas.
Se resistían a creer que deberían matar al hombre que les había enseñado a parar el balón con el pecho y a hacer cambios de frente al estilo europeo. Al 'Profe' le avisaron. Le hicieron saber que era objetivo militar: que se tenía que ir con sus pelotas a otra parte.
"Empaqué maletas ese mismo día, atravesé el río y me fui para Pereira", recuerda Roberto con rabia y dolor.
Aún sueña, algunas noches, viendo al Playa de Oro Fútbol Club goleando al Bahía Solano, el eterno rival.
Ese mismo destino que lo separó del deporte y de sus muchachos en el Chocó, le dio en Bogotá una nueva oportunidad.
El fútbol, un vicio
Roberto llegó hace 16 años a La Isla, un sector habitado por 150 familias afrodescendientes. El barrio corona una montaña de Cazucá, en Soacha, frontera con Bogotá. Es territorio inhóspito y olvidado, pese a que desde sus miradores se ve la gran ciudad.
Un pitazo de Roberto basta para que más de 60 niños salgan de sus ranchos a entrenar. El hombre fundó, hace ocho años, una escuela de fútbol -en el barrio- que no les cobra a sus integrantes
Los miércoles, jueves y viernes, de 5 de la tarde a 7:30 de la noche, el equipo sale a practicar. Los jugadores suben y bajan una escalera con más de 300 peldaños, que bordea el cerro.
"El trabajo de fútbol lo hacemos aquí, en la propia calle. Ponemos unos conos y esos son los arcos", explica Roberto. En la calle 42 con carrera 31 D Sur se juegan hasta seis partidos simultáneos. Una nube de polvo lo cubre todo y sólo se ven los balones picar por el cielo. De esta improvisada cancha han salido futbolistas reconocidos. "Yo entrené aquí a Marcos Pérez. Ahora juega en el Real Zaragoza, de España", cuenta el 'Profe, con orgullo.
Roberto trabaja de celador en un centro comunitario. Buena parte de su sueldo lo invierte en los jugadores. El equipo, llamado Corintos, sólo utiliza guayos cuando hay partidos de campeonato. De resto, los zapatos negros del colegio y los tenis de tela marcan la parada. Los pocos uniformes que hay son lavados, después de cada enfrentamiento, por el mismo Roberto, quien los cuida como un tesoro. Jackson Murillo 'Niche', es de los alumnos más aventajados. Lleva 2 años en la escuela y le colabora al técnico en lo que puede. 'Niche' tiene madera de volante central y los fines de semana lo demuestra en el estadio Luis Carlos Galán, de Soacha.
Roberto aprendió a dirigir partidos en la televisión. Se encierra en su cuarto durante horas y toma apuntes que luego pone en practica en los partidos que Corintos disputa en torneos locales. "Admiro a Pacho Maturana: no se le olvide que nos llevó a un mundial", reflexiona el chocoano con un viejo balón Golty en las manos.
El 'profe' de fútbol
En las zonas de conflicto la figura del profesor de fútbol que le permite a la juventud aprovechar el tiempo libre es una realidad. Según la Fundación World Coach Colombia, que trabaja con entrenadores en la regiones más apartadas del país, la figura del 'Profe' les aporta valores de convivencia a los integrantes de los equipos. World Coach trabaja para formar a todas las personas que cumplen con esta función.
La iniciativa hace parte del programa de responsabilidad social de la Federación Colombiana de Fútbol. El BBVA, que trabaja en programas de educación, no descarta unirse al proyecto. Se espera que organizaciones como 'Save the Children', también se vinculen.
Fuente: El Tiempo




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