La última vez que Fanny vio a su padre fue el 10 de junio de 1996. Ese día los paramilitares la dejaron huérfana a los siete años, cuando asesinaron a su progenitor, de quien no quedaron fotos. Pero, sus recuerdos y la ciencia forense se unieron, 14 años después, para devolverle a su ser querido su rostro y su identidad.
La familia no logró encontrar el cadáver del campesino Iván Darío Mejía para sepultarlo, luego de que dos miembros de las autodefensas lo sacaran de una casa del corregimiento Santa María, del municipio chocoano de Unguía. Según las versiones, creyeron que iba a irse de guerrillero.
Tras esta y otras muertes, la gente de la zona se desplazó y el miedo impidió que alguien revelara dónde lo enterraron.
Fanny creció en medio de la pobreza que azota esa región chocoana. Su padre aportaba el sustento familiar con su trabajo como agricultor. "Él era humilde. Trabajaba como jornalero cortando maíz, plátano y arroz. Me crió mi abuelita en Acandí, allá nos fuimos después de que lo mataron".
Además de la miseria, la región fue azotada por la violencia desatada por el enfrentamiento entre las guerrillas y los paramilitares. Cientos de personas fueron asesinadas, desaparecidas o desplazadas de la zona, como Iván Darío. "Mi papá fue una de las primeras personas que mataron cuando empezó esa guerra en este pueblo".
En febrero de 2009, sin que ella lo supiera, un equipo de la Unidad de Exhumaciones de la Fiscalía llegó al corregimiento Gilgal en busca de fosas comunes de las Auc y la guerrilla.
Ese día el fiscal Gustavo Duque y su equipo de especialistas forenses desenterraron 18 víctimas. Duque recuerda que varios de los cadáveres "fueron encontrados desmembrados, fracturados o con señales de tiros de fusil o armas cortopunzantes... una barbarie".
Tras indagar, los investigadores recibieron información de las posibles víctimas asesinadas más de 10 años atrás. Una de las personas que los habitantes señalaron era Iván Darío Mejía. También dijeron que tenía una hija en otro caserío, a 30 minutos del sitio donde encontraron las fosas.
Desde los recuerdos
Cuando los investigadores de la Fiscalía encontraron a Fanny, y le pidieron una foto que ayudara a la identificación de su padre, se dieron cuenta de que, como ocurre pocas veces, no había imágenes.
Así fue como recurrieron al morfólogo forense Juan Carlos Hernández, quien decidió intentar algo poco común en su trabajo: reconstruir el rostro de la víctima guiado por los recuerdo de su hija. Como en esa época ella tenía apenas 7 años y ya habían pasado 14 de su muerte, la tarea no parecía fácil.
Con paciencia, se empezó a buscar en la memoria de Fanny las imágenes que parecían ya olvidadas. "Le pedí que recordara los mejores momentos que vivió, como un cumpleaños, la expresión de la mirada de su padre. Ella me dijo que le decían que tenía los mismos ojos de su papá. Le mostré fotos y ella me indicaba la nariz o la boca que le parecían similares y así empezamos la reconstrucción gráfica facial", explicó Hernández.
Al final del proceso, obtuvieron un retrato que Fanny enseñó a parientes y amigos. "Cuando lo mostré a la gente que conoció más que yo a mi padre lo reconocieron".
Las pruebas de ADN habían confirmado la identidad de los restos de Iván Darío.
El pasado 21 de mayo, en una entrega de restos óseos a familiares, ceremonia en la que los féretros se acompañan de la foto de la víctima, Fanny no recibió un ataúd anónimo lleno solo con huesos.
A falta de una fotografía, tuvo el consuelo de un retrato fiel de su padre, como era en vida y a quien empezaba a olvidar. "Es la única imagen que lo recuerda y que ahora tengo colgada en la pared de mi habitación... así era mi papá".
Ciencia forense con arte
Para el morfólogo Juan Carlos Hernández, su trabajo es devolverles el rostro y la dignidad a las víctimas de la violencia y a sus familias.
"No sería justo ni humano que parientes de una persona asesinada tengan que ver su cara desfigurada por disparos o mutilado, de modo que recurrimos a las reconstrucciones faciales para identificar restos óseos o cadáveres como los N.N.".
Este método, que según Hernández mezcla la ciencia forense con el arte, se basa en los rasgos morfológicos faciales determinados por factores como la raza, la edad, el sexo la contextura física y hasta señales en los restos que dejan algunos oficios o tipos de alimentación.
Mercedes Palacio, jefe de N.N. y Desaparecidos de la Fiscalía, sostiene que es uno de los métodos usados para agilizar la identificación de víctimas exhumadas en fosas, como parte del proceso de Justicia y Paz. "Se han encontrado más de 3.000 víctimas, pero hay casi 1.000 que no se sabe quiénes eran porque algunas no fueron reportadas como desaparecidas. Solo en nuestro laboratorio en Medellín tenemos 280 restos así".
Muchos esfuerzos para identificar unos 1.700 restos óseos de víctimas del conflicto, en espera por salir de los laboratorios con un rostro y aliviar el dolor de miles de familias golpeadas por la desaparición forzada.
Fuente: El Colombiano
La última vez que Fanny vio a su padre fue el 10 de junio de 1996. Ese día los paramilitares la dejaron huérfana a los siete años, cuando asesinaron a su progenitor, de quien no quedaron fotos. Pero, sus recuerdos y la ciencia forense se unieron, 14 años después, para devolverle a su ser querido su rostro y su identidad.La familia no logró encontrar el cadáver del campesino Iván Darío Mejía para sepultarlo, luego de que dos miembros de las autodefensas lo sacaran de una casa del corregimiento Santa María, del municipio chocoano de Unguía. Según las versiones, creyeron que iba a irse de guerrillero.
Tras esta y otras muertes, la gente de la zona se desplazó y el miedo impidió que alguien revelara dónde lo enterraron.
Fanny creció en medio de la pobreza que azota esa región chocoana. Su padre aportaba el sustento familiar con su trabajo como agricultor. "Él era humilde. Trabajaba como jornalero cortando maíz, plátano y arroz. Me crió mi abuelita en Acandí, allá nos fuimos después de que lo mataron".
Además de la miseria, la región fue azotada por la violencia desatada por el enfrentamiento entre las guerrillas y los paramilitares. Cientos de personas fueron asesinadas, desaparecidas o desplazadas de la zona, como Iván Darío. "Mi papá fue una de las primeras personas que mataron cuando empezó esa guerra en este pueblo".
En febrero de 2009, sin que ella lo supiera, un equipo de la Unidad de Exhumaciones de la Fiscalía llegó al corregimiento Gilgal en busca de fosas comunes de las Auc y la guerrilla.
Ese día el fiscal Gustavo Duque y su equipo de especialistas forenses desenterraron 18 víctimas. Duque recuerda que varios de los cadáveres "fueron encontrados desmembrados, fracturados o con señales de tiros de fusil o armas cortopunzantes... una barbarie".
Tras indagar, los investigadores recibieron información de las posibles víctimas asesinadas más de 10 años atrás. Una de las personas que los habitantes señalaron era Iván Darío Mejía. También dijeron que tenía una hija en otro caserío, a 30 minutos del sitio donde encontraron las fosas.
Desde los recuerdos
Cuando los investigadores de la Fiscalía encontraron a Fanny, y le pidieron una foto que ayudara a la identificación de su padre, se dieron cuenta de que, como ocurre pocas veces, no había imágenes.
Así fue como recurrieron al morfólogo forense Juan Carlos Hernández, quien decidió intentar algo poco común en su trabajo: reconstruir el rostro de la víctima guiado por los recuerdo de su hija. Como en esa época ella tenía apenas 7 años y ya habían pasado 14 de su muerte, la tarea no parecía fácil.
Con paciencia, se empezó a buscar en la memoria de Fanny las imágenes que parecían ya olvidadas. "Le pedí que recordara los mejores momentos que vivió, como un cumpleaños, la expresión de la mirada de su padre. Ella me dijo que le decían que tenía los mismos ojos de su papá. Le mostré fotos y ella me indicaba la nariz o la boca que le parecían similares y así empezamos la reconstrucción gráfica facial", explicó Hernández.
Al final del proceso, obtuvieron un retrato que Fanny enseñó a parientes y amigos. "Cuando lo mostré a la gente que conoció más que yo a mi padre lo reconocieron".
Las pruebas de ADN habían confirmado la identidad de los restos de Iván Darío.
El pasado 21 de mayo, en una entrega de restos óseos a familiares, ceremonia en la que los féretros se acompañan de la foto de la víctima, Fanny no recibió un ataúd anónimo lleno solo con huesos.
A falta de una fotografía, tuvo el consuelo de un retrato fiel de su padre, como era en vida y a quien empezaba a olvidar. "Es la única imagen que lo recuerda y que ahora tengo colgada en la pared de mi habitación... así era mi papá".
Ciencia forense con arte
Para el morfólogo Juan Carlos Hernández, su trabajo es devolverles el rostro y la dignidad a las víctimas de la violencia y a sus familias.
"No sería justo ni humano que parientes de una persona asesinada tengan que ver su cara desfigurada por disparos o mutilado, de modo que recurrimos a las reconstrucciones faciales para identificar restos óseos o cadáveres como los N.N.".
Este método, que según Hernández mezcla la ciencia forense con el arte, se basa en los rasgos morfológicos faciales determinados por factores como la raza, la edad, el sexo la contextura física y hasta señales en los restos que dejan algunos oficios o tipos de alimentación.
Mercedes Palacio, jefe de N.N. y Desaparecidos de la Fiscalía, sostiene que es uno de los métodos usados para agilizar la identificación de víctimas exhumadas en fosas, como parte del proceso de Justicia y Paz. "Se han encontrado más de 3.000 víctimas, pero hay casi 1.000 que no se sabe quiénes eran porque algunas no fueron reportadas como desaparecidas. Solo en nuestro laboratorio en Medellín tenemos 280 restos así".
Muchos esfuerzos para identificar unos 1.700 restos óseos de víctimas del conflicto, en espera por salir de los laboratorios con un rostro y aliviar el dolor de miles de familias golpeadas por la desaparición forzada.
Fuente: El Colombiano




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