El 2 de mayo de 2011 se conmemoran nueve años de la matanza anunciada de Bojayá y con ella nuevas reflexiones sobre la memoria y los derechos de las víctimas.
La que es considerada como la peor masacre en la historia de Colombia, dejó en evidencia la violación de todas las normas del Derecho Internacional Huanitario. Según el informe que presentó la Comisión de Reparación y Reconciliación, sobre la masacre de Bojayá, el ataque a civiles por parte de grupos armados provocó la muerte de 79 personas (más de la mitad eran menores de edad).
La injusticia y la impunidad aún rondan entre quienes sobrevivieron a la matanza, y resignados decidieron quedarse en la Nueva Bellavista donde aún no han podido reconciliarse con su territorio ni han sanado, junto a sus fantasmas, las heridas en el alma que les dejó el fuego cruzado entre guerrilleros y paramilitares.
"Los muertos no descansan en paz estando en fosas comunes" dicen sus familiares, quienes experimentan una extraña condena interior, por haber sobrevivido de manera milagrosa ala explosión en la iglesia de Bojayá, en 2002. Prodigio que consideran inmerecido. Esa culpa se hace aún más punzante cuando ven que sus muertos no tienen una tumba para descansar ni ellos una bóveda donde recordarlos.
Aunque la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos señaló en su momento a las Farc, a las Autodefensas, e incluso al Estado como responsables de la masacre, solo los primeros han sido incriminados.
"Nada será igual como en el viejo Bellavista".
El 2 de mayo de 2011 se conmemoran nueve años de la matanza anunciada de Bojayá y con ella nuevas reflexiones sobre la memoria y los derechos de las víctimas.La que es considerada como la peor masacre en la historia de Colombia, dejó en evidencia la violación de todas las normas del Derecho Internacional Huanitario. Según el informe que presentó la Comisión de Reparación y Reconciliación, sobre la masacre de Bojayá, el ataque a civiles por parte de grupos armados provocó la muerte de 79 personas (más de la mitad eran menores de edad).
La injusticia y la impunidad aún rondan entre quienes sobrevivieron a la matanza, y resignados decidieron quedarse en la Nueva Bellavista donde aún no han podido reconciliarse con su territorio ni han sanado, junto a sus fantasmas, las heridas en el alma que les dejó el fuego cruzado entre guerrilleros y paramilitares.
"Los muertos no descansan en paz estando en fosas comunes" dicen sus familiares, quienes experimentan una extraña condena interior, por haber sobrevivido de manera milagrosa a la explosión en la iglesia de Bojayá, en 2002. Prodigio que consideran inmerecido. Esa culpa se hace aún más punzante cuando ven que sus muertos no tienen una tumba para descansar ni ellos una bóveda donde recordarlos.
Aunque la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos señaló en su momento a las Farc, a las Autodefensas, e incluso al Estado como responsables de la masacre, solo los primeros han sido incriminados.
"Nada será igual como en el viejo Bellavista".




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