Gordon Radley vivía con sus padres en Chicago cuando conoció la noticia de la muerte de su hermano mayor Larry, en un accidente aéreo ocurrido en Miacora, en el departamento del Chocó, en 1962.
Gordon tenía 15 años cuando sus padres le contaron que un DC-3 se había estrellado en la selva del Chocó, con 30 pasajeros abordo, y no había quedado ningún sobreviviente. Dos de ellos eran voluntarios del Cuerpo de Paz de los Estados Unidos, entre los que se encontraba Larry Radley, de 22 años, graduado de la University of Illinois.
Desde ese entonces el menor de los Randley, un ejecutivo de la industria cinematográfica, se propuso despedirse de su hermano, pero para ello, debía viajar a Colombia.
"Con el tiempo la gente me pregunta ¿Qué espero encontrar? Y siempre les digo: no tengo idea; solo sé que tengo que llegar allí".
Después de varios meses de gestión arribó al país, y en compañía del Ejército llegó al lugar del siniestro, donde pudo ver trozos de fuselaje dispersos.
Una despedida de 15 mnutos, una cruz oxidada, el adiós de Gordon y hasta las Farc, completan esta historia, narrada por Simon Romero para The New York Times de Nueva York. (Lea aquí la historia)
Gordon Radley vivía con sus padres en Chicago cuando conoció la noticia de la muerte de su hermano mayor Larry, en un accidente aéreo ocurrido en Miacora, en el departamento del Chocó, en 1962.Gordon tenía 15 años cuando sus padres le contaron que un DC-3 se había estrellado en la selva del Chocó, con 30 pasajeros abordo, y no había quedado ningún sobreviviente. Dos de ellos eran voluntarios del Cuerpo de Paz de los Estados Unidos, entre los que se encontraba Larry Radley, de 22 años, graduado de la University of Illinois.
Desde ese entonces el menor de los Randley, un ejecutivo de la industria cinematográfica, se propuso despedirse de su hermano, pero para ello, debía viajar a Colombia.
"Con el tiempo la gente me pregunta ¿Qué espero encontrar? Y siempre les digo: no tengo idea; solo sé que tengo que llegar allí".
Después de varios meses de gestión arribó al país, y en compañía del Ejército llegó al lugar del siniestro, donde pudo ver trozos de fuselaje dispersos.
Una despedida de 15 mnutos, una cruz oxidada, el adiós de Gordon y hasta las Farc, completan esta historia narrada por Simon Romero para The New York Times de Nueva York. (Lea aquí la historia).




Comentarios
La pregunta entonces es... para quien trabaja el ejercito?...sera para el pueblo colombiano o para los intereses internacionales ?