El recuerdo está fresco. Un día del año pasado en la cafetería alguien se le metió en la fila. Ante su reclamo, la respuesta fue hiriente:
-¿Y qué si lo hago, negro? ¿Me vas a robar o qué?
Tuvieron que contenerlo. El vaso de la tolerancia se le había llenado.
El tema ya lo conocía. Cuando de niño fue a vivir con su familia a La Dorada comprendió por primera vez que las personas se dividían por su color. Era el negro del salón.
Ahora, en la Universidad de Antioquia, este joven chocoano vivía en carne propia una de las barreras en la educación superior.
Por acción u omisión estatal o por parte de alguno de los actores del sistema, la discriminación está presente en las aulas o hace que muchos no puedan pisarlas.
De cada 100 jóvenes afrodescendientes que terminan secundaria en el país, dos acceden a estudios superiores, según la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación, que este año en su sexta Asamblea pone los ojos en el tema.
El encuentro La educación es un derecho: por la No discriminación en América Latina y el Caribe , iniciará mañana en Sao Paulo, Brasil con la presencia del relator especial de las Naciones Unidas para el Derecho a la Educación, Vernor Muñoz.
No sólo los afrocolombianos son víctimas de múltiples formas de discriminación escolar. El nivel superior es igual de limitado para los indígenas. De los 30.000 en las cinco comunidades presentes en Antioquia hay 82 en diferentes instituciones de educación superior, reveló William Carupia, presidente de la Organización Indígena.
Otros 106 se preparan en la Licenciatura en Pedagogía de la madre tierra, para algún día volver y ser maestros en sus comunidades.
De los 10.275 niños en edad escolar en el departamento, 4.558 (45%) estaban matriculados en 2009 y cinco por ciento debe estudiar con similares campesinos, con un currículo que no reconoce y termina por anular sus costumbres y creencias.
Y de casi medio centenar de instituciones universitarias sólo dos públicas y una privada ofrecen atención especial a la población indígena.
El informe 2010 Educación para Todos de la Unesco revela que una niña indígena colombiana alcanza menos de 4 años de escolaridad, frente a 8 del promedio nacional.
La discriminación no es solo étnica. El género, el lugar de procedencia o el estrato social también pesan a la hora de segregar al otro.
Tampoco suele ser siempre entre pares. Alfredo Ghiso, investigador del grupo Laboratorio Universitario de estudios sociales de la Universidad Luis Amigó, aseguró que los adultos toleran o ejercen asimismo discriminación sobre los estudiantes.
En Encuentros inevitables entre niños incluidos y excluidos, el grupo investigó en 2005 la situación de niños desplazados en las escuelas públicas de la ciudad y halló cómo "había una tendencia a etiquetarlos o invisibilizarlos, más que a integrarlos".
Chucha , cuenta, fue el apodo que una docente le puso a un estudiante por su presentación personal.
Para los discapacitados la situación no es mejor. El 35 por ciento de los niños desescolarizados en el mundo tienen algún tipo de discapacidad, dijo la Unesco, y de los que ingresan al sistema solo dos por ciento concluye sus estudios, siendo más compleja la situación en el caso de las mujeres.
Algunos de los jóvenes con discapacidad atendidos en la Corporación El Progreso en Marinilla, estuvieron en el colegio antes de pasar a los programas que ofrece.
"Con la inclusión hay mucha dificultad porque los educadores no están preparados", asegura Beatriz Hurtado, coordinadora académica.
"La formación de docentes se hace sobre la homogeneidad. Se le forma para que trate a todos por igual y una discapacidad altera su rutina, lo lleva a replantear su quehacer y pensar, lo problematiza", comentó Ghiso.
De 30 niños en edad escolar en El Progreso, 10 asisten al aula regular.
Fuente: El Colombiano
El recuerdo está fresco. Un día del año pasado en la cafetería alguien se le metió en la fila. Ante su reclamo, la respuesta fue hiriente:-¿Y qué si lo hago, negro? ¿Me vas a robar o qué?
Tuvieron que contenerlo. El vaso de la tolerancia se le había llenado.
El tema ya lo conocía. Cuando de niño fue a vivir con su familia a La Dorada comprendió por primera vez que las personas se dividían por su color. Era el negro del salón.
Ahora, en la Universidad de Antioquia, este joven chocoano vivía en carne propia una de las barreras en la educación superior.
Por acción u omisión estatal o por parte de alguno de los actores del sistema, la discriminación está presente en las aulas o hace que muchos no puedan pisarlas.
De cada 100 jóvenes afrodescendientes que terminan secundaria en el país, dos acceden a estudios superiores, según la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación, que este año en su sexta Asamblea pone los ojos en el tema.
El encuentro La educación es un derecho: por la No discriminación en América Latina y el Caribe , iniciará mañana en Sao Paulo, Brasil con la presencia del relator especial de las Naciones Unidas para el Derecho a la Educación, Vernor Muñoz.
No sólo los afrocolombianos son víctimas de múltiples formas de discriminación escolar. El nivel superior es igual de limitado para los indígenas. De los 30.000 en las cinco comunidades presentes en Antioquia hay 82 en diferentes instituciones de educación superior, reveló William Carupia, presidente de la Organización Indígena.
Otros 106 se preparan en la Licenciatura en Pedagogía de la madre tierra, para algún día volver y ser maestros en sus comunidades.
De los 10.275 niños en edad escolar en el departamento, 4.558 (45%) estaban matriculados en 2009 y cinco por ciento debe estudiar con similares campesinos, con un currículo que no reconoce y termina por anular sus costumbres y creencias.
Y de casi medio centenar de instituciones universitarias sólo dos públicas y una privada ofrecen atención especial a la población indígena.
El informe 2010 Educación para Todos de la Unesco revela que una niña indígena colombiana alcanza menos de 4 años de escolaridad, frente a 8 del promedio nacional.
La discriminación no es solo étnica. El género, el lugar de procedencia o el estrato social también pesan a la hora de segregar al otro.
Tampoco suele ser siempre entre pares. Alfredo Ghiso, investigador del grupo Laboratorio Universitario de estudios sociales de la Universidad Luis Amigó, aseguró que los adultos toleran o ejercen asimismo discriminación sobre los estudiantes.
En Encuentros inevitables entre niños incluidos y excluidos, el grupo investigó en 2005 la situación de niños desplazados en las escuelas públicas de la ciudad y halló cómo "había una tendencia a etiquetarlos o invisibilizarlos, más que a integrarlos".
Chucha , cuenta, fue el apodo que una docente le puso a un estudiante por su presentación personal.
Para los discapacitados la situación no es mejor. El 35 por ciento de los niños desescolarizados en el mundo tienen algún tipo de discapacidad, dijo la Unesco, y de los que ingresan al sistema solo dos por ciento concluye sus estudios, siendo más compleja la situación en el caso de las mujeres.
Algunos de los jóvenes con discapacidad atendidos en la Corporación El Progreso en Marinilla, estuvieron en el colegio antes de pasar a los programas que ofrece.
"Con la inclusión hay mucha dificultad porque los educadores no están preparados", asegura Beatriz Hurtado, coordinadora académica.
"La formación de docentes se hace sobre la homogeneidad. Se le forma para que trate a todos por igual y una discapacidad altera su rutina, lo lleva a replantear su quehacer y pensar, lo problematiza", comentó Ghiso.
De 30 niños en edad escolar en El Progreso, 10 asisten al aula regular.
Fuente: El Colombiano




Las opiniones expresadas aquí por los usuarios son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de Territorio Chocoano Noticias. Los comentarios ofensivos, racistas y discriminatorios que inciten a la violencia o que infrinjan leyes colombianas serán eliminados.