La pequeña salta en casa como una liebre. En su cama se para en la cabeza y ante el asombro de las compañeras supera obstáculos y baja de un piso a otro con una facilidad que aterra.
Las encargadas del hogar donde vive temen por un accidente, pues desde que Edelmira vio por televisión las competencias de los Juegos Suramericanos, el bicho de la gimnasia la picó.
Tiene cinco años de edad, habla poco y su cuerpo frágil parece un resorte cuando hace piruetas, aunque los profesores que la observan destacan su fuerza en las piernas.
Cuando la trajeron al hogar Madre Carmelina Gambardella, en Robledo, tenía seis meses de nacida. Venía de la comunidad indígena Embera Dóbida, de El Brazo, corregimiento de Bahía Solano, Chocó. El médico Alejandro Vargas, benefactor de la institución, confiesa que pocos creían que sobreviviría.
Era tan pequeña y frágil que la hermana Josefina Grisi, religiosa de origen italiano, que hace 39 años llegó a Colombia para servirles a los más necesitados, consideró que el nombre de Edelmira sonaba demasiado grande para su figura y decidió llamarla María.
Su problema congénito de paladar hendido y labio leporino impedía que se alimentara bien, pero con los tratamientos, además del cariño de las personas que velan por ella y por 35 niñas más entre los 4 y 16 años, su calidad de vida mejoró. Hoy, a pesar de sus necesidades, le sobran energías para correr, estudiar y poner a volar sus sueños como una campeona de gimnasia.
Encuentro con el ídolo
La mañana del jueves en Medellín estaba fría y gris, con lluvia. Edelmira, como de costumbre, salió temprano a estudiar en la institución educativa Jorge Robledo, ubicada al frente del Hogar.
Pero a las nueve la mañana mandaron por ella para llevarla al Coliseo de Gimnasia de la unidad deportiva Atanasio Girardot. Con cara de asombro entró a la casa, un sitio grande, limpio y rodeado de jardín, en el que pasa la mayor parte del tiempo. Y sin que nadie se lo pidiera, empezó a mostrar sus habilidades.
Tenía puesto el uniforme verde y blanco del colegio, y con la ayuda de la hermana Josefina, se cambió de ropa. Le pusieron traje verde y chanclas azules, y salió con sus compañeritas Alexandra y Jessica (gemelas), Sara, Ana María, Diana Mardeluz y Stefanía para el que se convirtió en un paseo matinal.
Sus ojos negros brillaban y su cabello lacio, en forma de choza, se movía acompasado en medio de su emoción cuando entró corriendo al coliseo donde, a esa hora, algunos deportistas de las selecciones de Antioquia entrenaban. Las recibieron el ex gimnasta Leonardo González y el administrador del escenario, Mario Alonso Ardila.
Pero la gran sorpresa fue el momento en que el múltiple campeón nacional, suramericano y panamericano Jorge Hugo Giraldo, se acercó y, llevado por la ternura de las visitantes, se apropió de ellas.
No le importó retrasar casi una hora sus entrenamientos de cara a los Nacionales y la Copa del Mundo de Portugal, y se convirtió en su entrenador. Las organizó en fila y, tomados de las manos, las pasó por varios aparatos en los que Edelmira dio muestra de su talento natural.
Brincaron, probaron flexibilidad y equilibrio, y desfogaron toda su energía en ese sitio solo reservado para los campeones.
Abrazada al médico Alejandro y muy cerca de Lina Marcela Zapata, una abogada, pedagoga y profesional en familia, que también encontró en el Hogar Madre Carmelina Gambardella un refugio para su vida cuando tenía tres años, Edelmira y sus amigas regresaron a casa.
Todos se fueron con la ilusión de encontrar manos amigas que les den a estas niñas y a otras más que se quedaron el Hogar, la posibilidad de probar su talento en gimnasia y otros deportes en los semilleros de las ligas y el Inder. Y por qué no, en que algún día una de ellas, como Edelmira, regrese con la medalla de oro al sitio que hoy las acoge y a su comunidad Embera en las selvas del Chocó.
Fuente: El Colombiano
La pequeña salta en casa como una liebre. En su cama se para en la cabeza y ante el asombro de las compañeras supera obstáculos y baja de un piso a otro con una facilidad que aterra.Las encargadas del hogar donde vive temen por un accidente, pues desde que Edelmira vio por televisión las competencias de los Juegos Suramericanos, el bicho de la gimnasia la picó.
Tiene cinco años de edad, habla poco y su cuerpo frágil parece un resorte cuando hace piruetas, aunque los profesores que la observan destacan su fuerza en las piernas.
Cuando la trajeron al hogar Madre Carmelina Gambardella, en Robledo, tenía seis meses de nacida. Venía de la comunidad indígena Embera Dóbida, de El Brazo, corregimiento de Bahía Solano, Chocó. El médico Alejandro Vargas, benefactor de la institución, confiesa que pocos creían que sobreviviría.
Era tan pequeña y frágil que la hermana Josefina Grisi, religiosa de origen italiano, que hace 39 años llegó a Colombia para servirles a los más necesitados, consideró que el nombre de Edelmira sonaba demasiado grande para su figura y decidió llamarla María.
Su problema congénito de paladar hendido y labio leporino impedía que se alimentara bien, pero con los tratamientos, además del cariño de las personas que velan por ella y por 35 niñas más entre los 4 y 16 años, su calidad de vida mejoró. Hoy, a pesar de sus necesidades, le sobran energías para correr, estudiar y poner a volar sus sueños como una campeona de gimnasia.
Encuentro con el ídolo
La mañana del jueves en Medellín estaba fría y gris, con lluvia. Edelmira, como de costumbre, salió temprano a estudiar en la institución educativa Jorge Robledo, ubicada al frente del Hogar.
Pero a las nueve la mañana mandaron por ella para llevarla al Coliseo de Gimnasia de la unidad deportiva Atanasio Girardot. Con cara de asombro entró a la casa, un sitio grande, limpio y rodeado de jardín, en el que pasa la mayor parte del tiempo. Y sin que nadie se lo pidiera, empezó a mostrar sus habilidades.
Tenía puesto el uniforme verde y blanco del colegio, y con la ayuda de la hermana Josefina, se cambió de ropa. Le pusieron traje verde y chanclas azules, y salió con sus compañeritas Alexandra y Jessica (gemelas), Sara, Ana María, Diana Mardeluz y Stefanía para el que se convirtió en un paseo matinal.
Sus ojos negros brillaban y su cabello lacio, en forma de choza, se movía acompasado en medio de su emoción cuando entró corriendo al coliseo donde, a esa hora, algunos deportistas de las selecciones de Antioquia entrenaban. Las recibieron el ex gimnasta Leonardo González y el administrador del escenario, Mario Alonso Ardila.
Pero la gran sorpresa fue el momento en que el múltiple campeón nacional, suramericano y panamericano Jorge Hugo Giraldo, se acercó y, llevado por la ternura de las visitantes, se apropió de ellas.
No le importó retrasar casi una hora sus entrenamientos de cara a los Nacionales y la Copa del Mundo de Portugal, y se convirtió en su entrenador. Las organizó en fila y, tomados de las manos, las pasó por varios aparatos en los que Edelmira dio muestra de su talento natural.
Brincaron, probaron flexibilidad y equilibrio, y desfogaron toda su energía en ese sitio solo reservado para los campeones.
Abrazada al médico Alejandro y muy cerca de Lina Marcela Zapata, una abogada, pedagoga y profesional en familia, que también encontró en el Hogar Madre Carmelina Gambardella un refugio para su vida cuando tenía tres años, Edelmira y sus amigas regresaron a casa.
Todos se fueron con la ilusión de encontrar manos amigas que les den a estas niñas y a otras más que se quedaron el Hogar, la posibilidad de probar su talento en gimnasia y otros deportes en los semilleros de las ligas y el Inder. Y por qué no, en que algún día una de ellas, como Edelmira, regrese con la medalla de oro al sitio que hoy las acoge y a su comunidad Embera en las selvas del Chocó.
Fuente: El Colombiano




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ATT : RUTH MILEIDY SERNA MOSQUERA Y EDITH TATIANA MOSQUERA VALENCIA CHAOOOOOOOOOOOO OOOO