Estela Lozano estaba cansada de buscar oro en riachuelos de Istmina. No porque no lo encontrara; a veces aparecía, pero era más lo que ese metal rubio se escondía de ella.
Lo único constante era su lucha: las madrugadas, las caminadas largas para llegar al afluente y el castigo de partirse la espalda por horas cada día en el mazamorreo, hasta que el dolor se instalaba y volvía parte de sí como los omóplatos o la misma columna vertebral. Por eso se vino a Medellín hace 19 años.
En esta ciudad ha parido tres de sus cinco hijos. También gastó suelas de zapatos y dilapidó sus escasas reservas económicas en papeles y fotografías, tratando de hallar trabajo. Oyó a decenas de seleccionadores de personal decirle, tras recibir su solicitud, "si alguna cosa, la llamamos", pero nada.
"No sé si era por negra o porque no tengo sino primaria, pero me descartaban".
Dice Vicente Brayan Rivas, gerente de Negritudes del Departamento: "Colombia no ha madurado en reconocer que es un país pluriétnico y multicultural. A muchos empresarios se les dificulta contratar a las personas por su color de piel".
Estela tuvo trabajos cortos en cafeterías hasta hace seis años, cuando se quedó sin trabajo por más de ocho meses. Tiempo en el cual volvió a escuchar esas voces implacables. Hasta que llegó a Crepes & Waffles. "En esta empresa no se fijaron en mi color ni en mis escasos estudios y se dieron cuenta de que yo podía ser útil para muchos oficios".
Es una cadena de restaurantes en la cual tienen la política de incluir personas que no serían contratadas fácilmente en otras empresas, según explica Angélica Roldán, de Recursos Humanos: "no se desdeña la gente por su raza, credo, sexo, sitio de residencia o porque no cumpla con estándares de belleza que impone la sociedad".
De acuerdo con el Gerente de Negritudes, una persona como Estela tiene tres factores por los cuales la podrían discriminar a la hora de buscar trabajo: es mujer, negra y vive en un barrio pobre.
Y esta idea la respaldan Liliana Escobar, asesora Económica de la Secretaría de las Mujeres de Medellín y Lorena Álvarez, investigadora de la Escuela Nacional Sindical, ENS. La primera dice que cuando las mujeres -también los hombres, pero no tanto- van a buscar trabajo, dependen en gran medida de su apariencia física.
"Si es gorda o fea, a pesar de que la fealdad es un concepto subjetivo, no tiene prioridad". Lorena, por su parte, agrega que a las mujeres les exigen más títulos, más capacitación que a los hombres para un mismo cargo. "De hecho, como a las mujeres nos es más difícil entrar al mercado laboral, tenemos, en promedio, dos años más de capacitación que los hombres".
Una investigación que adelanta ENS indica que si bien el Estado, mediante sus normas, insta a los empresarios públicos y privados a que no discriminen al generar empleo, en la práctica sí lo hacen. En nuestro medio discriminan a las personas por raza, sexo, tendencia sexual, estrato socioeconómico de su residencia, edad (a jóvenes por falta de experiencia, si los contratan, les pagan menos por considerarlos aprendices; a mayores de 45 por considerarlos viejos).
Sin embargo, en el Viceministerio de Trabajo no hay cifras sobre esto. Dicen que es más bien subjetivo e incomprobable que a uno lo estén discriminando. Cuando hay quejas, las del sector oficial las trasladan a Procuraduría y las del privado a la justicia ordinaria.
Pero "sí es comprobable -asegura el gerente de Negritudes-. Por ejemplo, para un cargo hay cinco vacantes. Para llenarlas exigen cierta formación y experiencia. Llegan 50 hojas de vida: 10 de negros y 40 de mestizos. A pesar de que los negros tengan mejores currículos, nos los dejan por fuera. Si el Viceministerio hiciera seguimiento, encontraría que los vetaron por el color de su piel".
Por eso, Estela está contenta en su trabajo. Pesa el queso y lo empaca de a kilo, sin que para este cargo le afecte no haber pasado de primaria y siente que, en cambio, le valoran su capacidad culinaria que aprendió en su casa, allá en Istmina, hace ya mucho tiempo.
Fuente: El Colombiano
Estela Lozano estaba cansada de buscar oro en riachuelos de Istmina. No porque no lo encontrara; a veces aparecía, pero era más lo que ese metal rubio se escondía de ella.Lo único constante era su lucha: las madrugadas, las caminadas largas para llegar al afluente y el castigo de partirse la espalda por horas cada día en el mazamorreo, hasta que el dolor se instalaba y volvía parte de sí como los omóplatos o la misma columna vertebral. Por eso se vino a Medellín hace 19 años.
En esta ciudad ha parido tres de sus cinco hijos. También gastó suelas de zapatos y dilapidó sus escasas reservas económicas en papeles y fotografías, tratando de hallar trabajo. Oyó a decenas de seleccionadores de personal decirle, tras recibir su solicitud, "si alguna cosa, la llamamos", pero nada.
"No sé si era por negra o porque no tengo sino primaria, pero me descartaban".
Dice Vicente Brayan Rivas, gerente de Negritudes del Departamento: "Colombia no ha madurado en reconocer que es un país pluriétnico y multicultural. A muchos empresarios se les dificulta contratar a las personas por su color de piel".
Estela tuvo trabajos cortos en cafeterías hasta hace seis años, cuando se quedó sin trabajo por más de ocho meses. Tiempo en el cual volvió a escuchar esas voces implacables. Hasta que llegó a Crepes & Waffles. "En esta empresa no se fijaron en mi color ni en mis escasos estudios y se dieron cuenta de que yo podía ser útil para muchos oficios".
Es una cadena de restaurantes en la cual tienen la política de incluir personas que no serían contratadas fácilmente en otras empresas, según explica Angélica Roldán, de Recursos Humanos: "no se desdeña la gente por su raza, credo, sexo, sitio de residencia o porque no cumpla con estándares de belleza que impone la sociedad".
De acuerdo con el Gerente de Negritudes, una persona como Estela tiene tres factores por los cuales la podrían discriminar a la hora de buscar trabajo: es mujer, negra y vive en un barrio pobre.
Y esta idea la respaldan Liliana Escobar, asesora Económica de la Secretaría de las Mujeres de Medellín y Lorena Álvarez, investigadora de la Escuela Nacional Sindical, ENS. La primera dice que cuando las mujeres -también los hombres, pero no tanto- van a buscar trabajo, dependen en gran medida de su apariencia física.
"Si es gorda o fea, a pesar de que la fealdad es un concepto subjetivo, no tiene prioridad". Lorena, por su parte, agrega que a las mujeres les exigen más títulos, más capacitación que a los hombres para un mismo cargo. "De hecho, como a las mujeres nos es más difícil entrar al mercado laboral, tenemos, en promedio, dos años más de capacitación que los hombres".
Una investigación que adelanta ENS indica que si bien el Estado, mediante sus normas, insta a los empresarios públicos y privados a que no discriminen al generar empleo, en la práctica sí lo hacen. En nuestro medio discriminan a las personas por raza, sexo, tendencia sexual, estrato socioeconómico de su residencia, edad (a jóvenes por falta de experiencia, si los contratan, les pagan menos por considerarlos aprendices; a mayores de 45 por considerarlos viejos).
Sin embargo, en el Viceministerio de Trabajo no hay cifras sobre esto. Dicen que es más bien subjetivo e incomprobable que a uno lo estén discriminando. Cuando hay quejas, las del sector oficial las trasladan a Procuraduría y las del privado a la justicia ordinaria.
Pero "sí es comprobable -asegura el gerente de Negritudes-. Por ejemplo, para un cargo hay cinco vacantes. Para llenarlas exigen cierta formación y experiencia. Llegan 50 hojas de vida: 10 de negros y 40 de mestizos. A pesar de que los negros tengan mejores currículos, nos los dejan por fuera. Si el Viceministerio hiciera seguimiento, encontraría que los vetaron por el color de su piel".
Por eso, Estela está contenta en su trabajo. Pesa el queso y lo empaca de a kilo, sin que para este cargo le afecte no haber pasado de primaria y siente que, en cambio, le valoran su capacidad culinaria que aprendió en su casa, allá en Istmina, hace ya mucho tiempo.
Fuente: El Colombiano




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