Agustina Lloreda, una mujer cuarentona nacida en el Chocó y criada en Puerto Berrío, de muchacha soportó el estigma de sus compañeros de escuela que la pintaban con carbones para ver si era más negra que ese mineral.
Después se resistía a oír los comentarios maledicentes de muchos de los habitantes de este poblado comercial a orillas del Magdalena, quienes repetían en cada esquina que los negros olían "maluco" y estaban condenados a ser unos "arrastrados".
Pero ella demostró lo contrario. Se metió en la cabeza desde hace 15 años que ser afrocolombiana, como se define, y su condición de mujer no la hacían menos frente a otros de piel clara con falsos aires de superioridad.
Con una terquedad contagiosa, en 1998 fue una de las gestoras de la Asociación de Comunidades Negras de Puerto Berrío (Asocone), que representa a cerca del 15 por ciento de los habitantes de esta cálida región que son de piel negra.
Por su cuenta, Agustina comenzó a capacitarse, a averiguar por la normatividad que amparaba los derechos de las minorías y a generar proyectos de desarrollo para mujeres.
Con su trabajo, sembraba la conciencia de que ser negro no es ningún pecado entre los cerca de cinco mil afrocolombianos que viven en el casco urbano de Puerto Berrío.
Ellos la llevaron a ser la primera concejala afro del municipio desde donde exigió y aseguró las partidas del presupuesto local para proyectos que rescataran la tradición negra en el cálido pueblo.
Volvieron bailes y ritmos pacíficos perdidos en el tiempo que se metieron en cuerpos de los jóvenes negros para participar en festivales.
Los porteños (como se llama a los de Puerto Berrío) probaron el 'enyucado' y otras recetas que mujeres negras venden hoy en las puertas de sus casas.
Desde el 2002 hay una sede donde los afrocolombianos se encuentran y reconocen, y es hogar de paso para negros que transitan por la región desde hace varios meses.
"También tuvimos un proyecto productivo donde trabajaron 50 afrocolombianos levantando gallinas y cultivando piña, caña y plátano en una tierra que la Alcaldía dio en comodato, pero después nos la quitaron", cuenta Agustina que no flaqueó y comenzó a trabajar por igual para las mujeres negras y mestizas más vulnerables del pueblo.
Nace un sueño
En el 2007, Asocone comenzó a trabajar en llave con la Asociación de Mujeres Porteñas (Asomupo) para tener un colectivo económico que diera sustento a muchas madres cabezas de familia.
La idea era apoyar a viudas por la violencia, abandonadas y sin amor; o que simplemente sobrevivían en condiciones miserables esperando a que sus maridos no fueran a beberse o jugarse el jornal.
Con apoyo de empresas presentes en la región como Isagén, Empresa Públicas de Medellín y Transmetano, y el respaldo de Alcaldía y Gobernación, hace tres años nació Sabor y Arte.
Esta marca recoge tres líneas productivas en confecciones, artesanías y gastronomía.
Jornadas extenuantes de capacitaciones en panadería, máquina plana o diseños en fique y guadua, abonaron el camino de la independencia económica de 42 mujeres, entre mestizas y afrocolombianas, mientras se instalaban en tres locales contiguos de lo que fuera la Oficina de Rentas en Puerto Berrío.
Allí cose una mejor vida Gladys Londoño, a sus 52 años, confeccionando uniformes para escuelas de la región y otros diseños, después de que su esposo la cambiara por otra y tuviera que arrastrar por años una carreta pesada como recicladora.
Por su parte, Aura Merino, ha recorrido distintas ferias en el país, entre las que se cuentan Expoartesanías en Bogotá, vendiendo con una sonrisa sus creaciones y las de sus compañeras y que ya suman más de 200 referencias con el sello diverso de Sabor y Arte.
También Beatriz Romaña, se siente feliz amasando galletas, haciendo tortas, trabajando para lo propio y siendo el orgullo de los cinco hijos que sostiene que por mucho tiempo la vieron lavando ropas ajenas para ganarse la vida.
De mano de todas ellas trabaja Agustina, quien durante la visita a los tres locales afina uno y otro detalle para el mercadeo que ayuda a hacer de los distintos productos.
Antes de partir, ella pasa por el mostrador, reparte una "pruebita" de su propia creación: una torta de borojó exquisita con que ganó un premio Antójate de Antioquia y de la cual se reserva la receta.
Lo que sí revela esta negra entusiasta es su mayor anhelo: "Tener nuestra marca propia de Sabor y Arte y llegar a grandes superficies y almacenes, pero no solo en Antioquia sino en toda Colombia".
Fuente: El Tiempo
Agustina Lloreda, una mujer cuarentona nacida en el Chocó y criada en Puerto Berrío, de muchacha soportó el estigma de sus compañeros de escuela que la pintaban con carbones para ver si era más negra que ese mineral.Después se resistía a oír los comentarios maledicentes de muchos de los habitantes de este poblado comercial a orillas del Magdalena, quienes repetían en cada esquina que los negros olían "maluco" y estaban condenados a ser unos "arrastrados".
Pero ella demostró lo contrario. Se metió en la cabeza desde hace 15 años que ser afrocolombiana, como se define, y su condición de mujer no la hacían menos frente a otros de piel clara con falsos aires de superioridad.
Con una terquedad contagiosa, en 1998 fue una de las gestoras de la Asociación de Comunidades Negras de Puerto Berrío (Asocone), que representa a cerca del 15 por ciento de los habitantes de esta cálida región que son de piel negra.
Por su cuenta, Agustina comenzó a capacitarse, a averiguar por la normatividad que amparaba los derechos de las minorías y a generar proyectos de desarrollo para mujeres.
Con su trabajo, sembraba la conciencia de que ser negro no es ningún pecado entre los cerca de cinco mil afrocolombianos que viven en el casco urbano de Puerto Berrío.
Ellos la llevaron a ser la primera concejala afro del municipio desde donde exigió y aseguró las partidas del presupuesto local para proyectos que rescataran la tradición negra en el cálido pueblo.
Volvieron bailes y ritmos pacíficos perdidos en el tiempo que se metieron en cuerpos de los jóvenes negros para participar en festivales.
Los porteños (como se llama a los de Puerto Berrío) probaron el 'enyucado' y otras recetas que mujeres negras venden hoy en las puertas de sus casas.
Desde el 2002 hay una sede donde los afrocolombianos se encuentran y reconocen, y es hogar de paso para negros que transitan por la región desde hace varios meses.
"También tuvimos un proyecto productivo donde trabajaron 50 afrocolombianos levantando gallinas y cultivando piña, caña y plátano en una tierra que la Alcaldía dio en comodato, pero después nos la quitaron", cuenta Agustina que no flaqueó y comenzó a trabajar por igual para las mujeres negras y mestizas más vulnerables del pueblo.
Nace un sueño
En el 2007, Asocone comenzó a trabajar en llave con la Asociación de Mujeres Porteñas (Asomupo) para tener un colectivo económico que diera sustento a muchas madres cabezas de familia.
La idea era apoyar a viudas por la violencia, abandonadas y sin amor; o que simplemente sobrevivían en condiciones miserables esperando a que sus maridos no fueran a beberse o jugarse el jornal.
Con apoyo de empresas presentes en la región como Isagén, Empresa Públicas de Medellín y Transmetano, y el respaldo de Alcaldía y Gobernación, hace tres años nació Sabor y Arte.
Esta marca recoge tres líneas productivas en confecciones, artesanías y gastronomía.
Jornadas extenuantes de capacitaciones en panadería, máquina plana o diseños en fique y guadua, abonaron el camino de la independencia económica de 42 mujeres, entre mestizas y afrocolombianas, mientras se instalaban en tres locales contiguos de lo que fuera la Oficina de Rentas en Puerto Berrío.
Allí cose una mejor vida Gladys Londoño, a sus 52 años, confeccionando uniformes para escuelas de la región y otros diseños, después de que su esposo la cambiara por otra y tuviera que arrastrar por años una carreta pesada como recicladora.
Por su parte, Aura Merino, ha recorrido distintas ferias en el país, entre las que se cuentan Expoartesanías en Bogotá, vendiendo con una sonrisa sus creaciones y las de sus compañeras y que ya suman más de 200 referencias con el sello diverso de Sabor y Arte.
También Beatriz Romaña, se siente feliz amasando galletas, haciendo tortas, trabajando para lo propio y siendo el orgullo de los cinco hijos que sostiene que por mucho tiempo la vieron lavando ropas ajenas para ganarse la vida.
De mano de todas ellas trabaja Agustina, quien durante la visita a los tres locales afina uno y otro detalle para el mercadeo que ayuda a hacer de los distintos productos.
Antes de partir, ella pasa por el mostrador, reparte una "pruebita" de su propia creación: una torta de borojó exquisita con que ganó un premio Antójate de Antioquia y de la cual se reserva la receta.
Lo que sí revela esta negra entusiasta es su mayor anhelo: "Tener nuestra marca propia de Sabor y Arte y llegar a grandes superficies y almacenes, pero no solo en Antioquia sino en toda Colombia".
Fuente: El Tiempo




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