Cuando apenas era un niño, Adolfo Caro ya tenía claro que quería ser artista plástico. Este hombre, que pasa su vida entre las labores del hogar, los vinilos, los niños y los lápices con los que escribe su día a día, vive en Betania, en la Comuna 13 y sueña con cambiar la historia de su barrio.
Por la falta de recursos de su familia, este artista salió desde muy joven de su casa y se obligó a cultivar y a ‘explotar’ su talento para el dibujo y la pintura. Hoy, ese talento lo usa para enseñarle a los niños que hay otro camino diferente a la violencia, para salir adelante.
Hace 10 años, Adolfo dejó su casa en el barrio El Socorro para trasladarse al barrio Betania. Hoy asegura que vive feliz pues “el barrio es muy seguro y muy tranquilo, a pesar de la ‘bomba de tiempo’, que tienen los sectores aledaños”.
Desde hace tres años “El profe”, como le dicen en su barrio, tiene un taller al que asisten 40 niños, para aprender diferentes formas de hacer arte. La idea surgió en una época donde la violencia aumentó en la Comuna y “quedamos secuestrados en nuestro barrio, pues no podíamos ni siquiera salir. Los niños no tenían cómo divertirse y por eso creé el taller”, dijo.
El proceso no ha sido fácil para este maestro de la vida, pues la falta de recursos ha sido un obstáculo constante que ‘con las uñas’ ha ido superando. “En un supermercado del barrio nos regalan los lápices, los papás de los niños nos regalan a veces un vinilo y las hojas las tengo que reutilizar y hasta recortar los pedacitos que quedan en blanco”, asegura Adolfo, mientras enseña las pocas hojas de su taller llenas de trazos de los pequeños.
“El profe” se reúne todos los sábados y domingos, desde las 10 de la mañana hasta las 12 del medio día, en la sede de Acción Comunal. Sin tablero y con no más de 8 sillas, el artista comienza su obra con niños desde los 3 hasta los 14 años. Plastilina, manejo del lápiz, composición, técnica y teoría del color, son algunos de los conceptos que Adolfo transmite a sus pupilos.
Sin embargo, la enseñanza más importante es su experiencia de vida, pues aunque nunca fue a la universidad, le ha demostrado a sus alumnos y a su comunidad que el arte es una herramienta que puede transformar a la gente. “En barrios como este, los niños se contaminan muy fácil con la droga, la rumba y con las acciones violentas, por eso trato de aportar lo que sé, para que ellos sean diferentes. Antes que ser un artista, quiero ser un gran maestro para los niños”.
Adolfo vive el día a día haciendo de papá y de mamá para sus tres hijos: Samael de 5 años, Josué de 11 años y Valtieri, la hermana mayor, de 16 años. Los oficios del hogar, el acompañamiento a los niños para hacer tareas y los cuadros que pinta actualmente, le ocupan las 24 horas del día.
“El profe” es reconocido en la ciudad, por su afición a los temas de las negritudes y de la biodiversidad de la región pacífica del país. Su pasión nació en la década de los 80, cuando en un momento crítico de su vida, decidió viajar al Chocó “a hacer una búsqueda espiritual. Haber vivido 5 años en Bahía Solano y 3 meses en Quibdó fue un toque mágico, porque vine enamorado de esa cultura”. Desde entonces, Adolfo se ha dedicado a pintar las controvertidas cenas negras. Su plan es pintar una secuencia de 13 cuadros, ahora está terminando la número 8, que es una cena ecológica en el pacífico, mientras investiga sobre los grandes líderes negros de la historia universal para comenzar una nueva obra.
Este soñador, que desde los 14 años salió de su casa para sobrevivir del arte, espera seguir siendo un maestro de vida para los niños, no sólo del barrio Betania sino de toda la ciudad, porque “aunque no tengo a quién venderle mis cuadros si tengo a quien enseñarle que el arte puede cambiar vidas”.
Fuente: El Mundo
Cuando apenas era un niño, Adolfo Caro ya tenía claro que quería ser artista plástico. Este hombre, que pasa su vida entre las labores del hogar, los vinilos, los niños y los lápices con los que escribe su día a día, vive en Betania, en la Comuna 13 y sueña con cambiar la historia de su barrio.Por la falta de recursos de su familia, este artista salió desde muy joven de su casa y se obligó a cultivar y a ‘explotar’ su talento para el dibujo y la pintura. Hoy, ese talento lo usa para enseñarle a los niños que hay otro camino diferente a la violencia, para salir adelante.
Hace 10 años, Adolfo dejó su casa en el barrio El Socorro para trasladarse al barrio Betania. Hoy asegura que vive feliz pues “el barrio es muy seguro y muy tranquilo, a pesar de la ‘bomba de tiempo’, que tienen los sectores aledaños”.
Desde hace tres años “El profe”, como le dicen en su barrio, tiene un taller al que asisten 40 niños, para aprender diferentes formas de hacer arte. La idea surgió en una época donde la violencia aumentó en la Comuna y “quedamos secuestrados en nuestro barrio, pues no podíamos ni siquiera salir. Los niños no tenían cómo divertirse y por eso creé el taller”, dijo.
El proceso no ha sido fácil para este maestro de la vida, pues la falta de recursos ha sido un obstáculo constante que ‘con las uñas’ ha ido superando. “En un supermercado del barrio nos regalan los lápices, los papás de los niños nos regalan a veces un vinilo y las hojas las tengo que reutilizar y hasta recortar los pedacitos que quedan en blanco”, asegura Adolfo, mientras enseña las pocas hojas de su taller llenas de trazos de los pequeños.
“El profe” se reúne todos los sábados y domingos, desde las 10 de la mañana hasta las 12 del medio día, en la sede de Acción Comunal. Sin tablero y con no más de 8 sillas, el artista comienza su obra con niños desde los 3 hasta los 14 años. Plastilina, manejo del lápiz, composición, técnica y teoría del color, son algunos de los conceptos que Adolfo transmite a sus pupilos.
Sin embargo, la enseñanza más importante es su experiencia de vida, pues aunque nunca fue a la universidad, le ha demostrado a sus alumnos y a su comunidad que el arte es una herramienta que puede transformar a la gente. “En barrios como este, los niños se contaminan muy fácil con la droga, la rumba y con las acciones violentas, por eso trato de aportar lo que sé, para que ellos sean diferentes. Antes que ser un artista, quiero ser un gran maestro para los niños”.
Adolfo vive el día a día haciendo de papá y de mamá para sus tres hijos: Samael de 5 años, Josué de 11 años y Valtieri, la hermana mayor, de 16 años. Los oficios del hogar, el acompañamiento a los niños para hacer tareas y los cuadros que pinta actualmente, le ocupan las 24 horas del día.
“El profe” es reconocido en la ciudad, por su afición a los temas de las negritudes y de la biodiversidad de la región pacífica del país. Su pasión nació en la década de los 80, cuando en un momento crítico de su vida, decidió viajar al Chocó “a hacer una búsqueda espiritual. Haber vivido 5 años en Bahía Solano y 3 meses en Quibdó fue un toque mágico, porque vine enamorado de esa cultura”. Desde entonces, Adolfo se ha dedicado a pintar las controvertidas cenas negras. Su plan es pintar una secuencia de 13 cuadros, ahora está terminando la número 8, que es una cena ecológica en el pacífico, mientras investiga sobre los grandes líderes negros de la historia universal para comenzar una nueva obra.
Este soñador, que desde los 14 años salió de su casa para sobrevivir del arte, espera seguir siendo un maestro de vida para los niños, no sólo del barrio Betania sino de toda la ciudad, porque “aunque no tengo a quién venderle mis cuadros si tengo a quien enseñarle que el arte puede cambiar vidas”.
Fuente: El Mundo




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