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May 22nd
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Senadores, patrimonio y rentas

No sé si al presidente del Senado lo anime la buena fe o la ingenuidad. Entre una y otra podría estar una treta demagógica: buscar simpatías por una medida que los colombianos aplaudirán y a la que no se opondrá ningún senador de la República.
El animoso senador Benedetti ha pedido que los honorables publiquen su patrimonio y que lo hagan rápido. Que lo hagan ahora y a la salida, es decir, dentro de cuatro años. Si no lo hacen, utilizará "la información que está en la Secretaría General" y la publicará, una amenaza que no asusta a nadie porque si un honorable tenía algo que ocultar lo hizo antes de recibir la credencial.
Los colombianos sabemos lo que gana mensualmente un congresista: más de 21 millones de pesos. No conocemos su patrimonio, si lo tiene. Sabemos que hay congresistas ricos o familiares de gente muy rica: ganaderos, latifundistas, industriales, hombres de negocios y hasta parientes de contratistas del Estado.
Sin embargo, la gente se pregunta por qué siendo directa o indirectamente tan ricos deciden dedicarse a la política y ganar apenas 37 o 40 veces un salario mínimo. Y aunque la respuesta puede ser fingida, como el patrimonio que se declara en Secretaría o en la Dian, sabemos que los ricos o los familiares de los ricos se dedican a la política porque esta garantiza la prosperidad de los negocios. Ningún rico hace política para arruinarse.
Lo que sigue siendo un misterio para la elemental aritmética de la gente es que un congresista invierta dos mil o más millones de pesos para hacerse elegir cuando sus salarios de cuatro años no pasarán de 1.200 millones. Sin ánimo de hacer demagogia y en mi aritmética defectuosa, esta suma no la ganaría en toda su vida laboral activa un colombiano con salario mínimo.
Sin embargo, lo exigido por el presidente del Senado no responde a las preguntas de la gente. Nada más fácil que ocultar lo que se tiene cuando no se ha ganado decentemente. Nada más difícil de conocer que la verdad cuando las técnicas para esconder el patrimonio personal hacen parte de la lógica de los negocios, incluidos los de la política.
El senador Benedetti parte de una suposición candorosamente optimista: que en cuatro años de ejercicio, un congresista que incremente ilícitamente su patrimonio va a caer en la estupidez de declararlo. O dicho de otra manera: que los negocios que haga para mejorar el sueldito van a ser reportados a la Dian, y que quien le pague por los favores secretamente recibidos va a reportar la retención en la fuente.
Benedetti debería utilizar su precioso tiempo en propuestas menos chistosas. Por ejemplo, en la presentación de proyectos de ley que endurezcan las sanciones a quienes incurran en testaferrato. Mentaría la soga en la casa del ahorcado. Promover leyes que perfeccionen la policía fiscal que castigue a los evasores de impuestos, incluidos los congresistas con patrimonios ocultos.
¿Por qué no mostrar el grado de inhabilidad existente entre un congresista que hace leyes y su pariente que hace grandes negocios? ¿Entre un congresista que engaña a sus electores, pero tiene las manos puestas en la nómina de algún organismo de control? ¿Por qué no cerrarle la puerta con tranca al congresista que sirve de puente a los contratistas de obras del Estado?
De eso se trata, honorable senador, de ser serio y drástico en un oficio que le pagamos con generosidad escandalosa. Los chistes flojos no se compadecen con las primas de vivienda, salud y localización que en el momento de aprobarse representaron un incremento del 275 por ciento del salario de los congresistas.
Por Óscar Collazos, columnista de El Tiempo
Óscar CollazosNo sé si al presidente del Senado lo anime la buena fe o la ingenuidad. Entre una y otra podría estar una treta demagógica: buscar simpatías por una medida que los colombianos aplaudirán y a la que no se opondrá ningún senador de la República.

El animoso senador Benedetti ha pedido que los honorables publiquen su patrimonio y que lo hagan rápido. Que lo hagan ahora y a la salida, es decir, dentro de cuatro años. Si no lo hacen, utilizará "la información que está en la Secretaría General" y la publicará, una amenaza que no asusta a nadie porque si un honorable tenía algo que ocultar lo hizo antes de recibir la credencial.

Los colombianos sabemos lo que gana mensualmente un congresista: más de 21 millones de pesos. No conocemos su patrimonio, si lo tiene. Sabemos que hay congresistas ricos o familiares de gente muy rica: ganaderos, latifundistas, industriales, hombres de negocios y hasta parientes de contratistas del Estado.

Sin embargo, la gente se pregunta por qué siendo directa o indirectamente tan ricos deciden dedicarse a la política y ganar apenas 37 o 40 veces un salario mínimo. Y aunque la respuesta puede ser fingida, como el patrimonio que se declara en Secretaría o en la Dian, sabemos que los ricos o los familiares de los ricos se dedican a la política porque esta garantiza la prosperidad de los negocios. Ningún rico hace política para arruinarse.

Lo que sigue siendo un misterio para la elemental aritmética de la gente es que un congresista invierta dos mil o más millones de pesos para hacerse elegir cuando sus salarios de cuatro años no pasarán de 1.200 millones. Sin ánimo de hacer demagogia y en mi aritmética defectuosa, esta suma no la ganaría en toda su vida laboral activa un colombiano con salario mínimo.

Sin embargo, lo exigido por el presidente del Senado no responde a las preguntas de la gente. Nada más fácil que ocultar lo que se tiene cuando no se ha ganado decentemente. Nada más difícil de conocer que la verdad cuando las técnicas para esconder el patrimonio personal hacen parte de la lógica de los negocios, incluidos los de la política.

El senador Benedetti parte de una suposición candorosamente optimista: que en cuatro años de ejercicio, un congresista que incremente ilícitamente su patrimonio va a caer en la estupidez de declararlo. O dicho de otra manera: que los negocios que haga para mejorar el sueldito van a ser reportados a la Dian, y que quien le pague por los favores secretamente recibidos va a reportar la retención en la fuente.

Benedetti debería utilizar su precioso tiempo en propuestas menos chistosas. Por ejemplo, en la presentación de proyectos de ley que endurezcan las sanciones a quienes incurran en testaferrato. Mentaría la soga en la casa del ahorcado. Promover leyes que perfeccionen la policía fiscal que castigue a los evasores de impuestos, incluidos los congresistas con patrimonios ocultos.

¿Por qué no mostrar el grado de inhabilidad existente entre un congresista que hace leyes y su pariente que hace grandes negocios? ¿Entre un congresista que engaña a sus electores, pero tiene las manos puestas en la nómina de algún organismo de control? ¿Por qué no cerrarle la puerta con tranca al congresista que sirve de puente a los contratistas de obras del Estado?

De eso se trata, honorable senador, de ser serio y drástico en un oficio que le pagamos con generosidad escandalosa. Los chistes flojos no se compadecen con las primas de vivienda, salud y localización que en el momento de aprobarse representaron un incremento del 275 por ciento del salario de los congresistas.

Por Óscar Collazos, columnista de El Tiempo
 

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