El pasado 20 de septiembre de 2010 comenzaron las fiestas en honor al seráfico San Francisco de Asís, con el tradicional desfile de banderas por las céntricas calles de la ciudad de Quibdó, dichas fiestas de San Pacho, como cariñosamente le llamamos todos los chocoanos, es una larga tradición cultural de inmenso arraigo popular en el departamento del Chocó. Dichas festividades datan desde el año 1648, fecha en la cual el religioso y lego Fray Matías Abad, evangelizador de indígenas, construyó en lo que hoy se llama Quibdó un templo y lo consagró con un tedéum el 4 de octubre del mismo año, una procesión con 15 canoas por el majestuoso río Atrato, la cual culminó con fiestas, juegos, carreras y comidas típicas.
Sucesivamente, las diferentes comunidades religiosas evangelizadoras asentadas en el Chocó continuaron con esta gran devoción al seráfico de Asís, hasta que en el año de 1926, fecha en la cual nuestro santo patrono San Francisco de Asís, cumplió 700 años de su fallecimiento. El sacerdote español, el reverendo Nicolás Medrano Estarriaga (q. e. p. d), de muy grata recordación en el colectivo social del Chocó, fue quien revolucionó dichas fiestas, al crear la prestigiosa banda de músicos San Francisco de Asís, las banderas emblemáticas de los barrios del Quibdó, los disfraces, las vacas locas, los gozos, la procesión, etc.
La artífice de sacar estas fiestas de lo netamente religioso y acercarlas al corazón del pueblo fue la matrona chocoana doña Raimunda Cuesta, quien les agregó la elaboración de comidas típicas de la región, la quema de pólvora, verbenas barriales, juegos lúdicos, reparto de bebidas (aguardiente, guarapo, biche de caña), bailes típicos, etc.
Cabe hacer memoria que estas fiestas inicialmente solo se realizaban en tres barrios de la ciudad de Quibdo: La Yesquita, Yescagrande y Alameda Reyes. Luego llegaron otros barrios como: El Pandeyuca, el Silencio, Roma, César Conto. En 1953 se sumó el barrio Cristo Rey, y en la década de los años 60 ingresaron los barrios Margaritas, Esmeralda, Tomás Pérez y Kennedy.
Entre algunos de los antiguos organizadores de estos carnavales chocoanos recordamos en el barrio la Yesquita a Eladio Candia y Gertrudis Cuesta; en la Yescagrande, a Neftalí Cuesta, Susana Cuesta; en la Alameda Reyes, a Azarias Valencia; en el Pandeyuca, a Francisco Palacios, Basilisa Martínez y Mariquita Licona; en el Silencio a Adelaida Serna; en Roma, a Camila Porras; en César Conto a Ricarda, Uriberta y Antonio Mena. Hoy en día, en toda la ciudad existe la generación de relevo de sampacheros, que me haría interminable enunciarlos, los que han permitido que estas tradicionales fiestas perduren en tiempo y en el corazón de todos los chocoanos.
En la actualidad, la comunidad chocoana añora las programaciones que se hacían en otrora, entre algunas de estas actividades podemos subrayar: el palo de premio, las carrera de encostalados, el gallo enterrado, el marrano encebado, la bola caliente, la carrera de la cuchara y el huevo, el concurso de catadores de licores, las vacas locas, el reparto de guarapo, biche, vinete, chamberlain, anisado. Las verbenas eran con chirimía, conformada con la típica tambora, clarinete, redoblante, bombardino y platillos.
Nuestras fiestas han sufrido una real modernizaron en estos tiempos modernos consistentes en: elaboración de afiches alusivos a las mismas, videos, concurso de fotos, alboraditas, alborada general, misas oficiadas por sacerdotes franciscanos, verbenas con conjuntos musicales, paradas o desfile de comparsas con chirimías, espectáculos pirotécnicos, festivales gastronómicos, carreras atléticas, bando, balsadas en el río Atrato, bastón de mando franciscano, los bundes, vehículos adornados con parlantes para amplificar el sonido, conciertos con orquesta nacionales y extranjeras, etc.
La organización de estas fiestas ancestralmente ha estado a cargo de los presidentes de la Junta Central Franciscana, entre los cuales figuraron en el pasado: Alcibíades Garcés, Benigno García, Isacio Caicedo, Teresita Mosquera y, últimamente, a Vladimiro Garcés Machado, Gentil Ayala Vivas, Ramón Cuesta Valencia. Las fiestas, desde antaño, siempre han sido financiadas por el propio pueblo, a través de su aporte económico.
Con el nuevo estatus de Fundación Franciscana y por el hecho de haber sido estas, declaradas patrimonio cultural de la nación colombiana, mediante ley de la república, se requiere que estas festividades reciban un mayor impulso y sostén económico por parte del municipio, el departamento, la nación a través del Ministerio de Cultura, y de los que comercializan los licores propios y foráneos, se espera que estas fiestas sigan conservando su esencia tradicional y autenticidad que las ha caracterizado como una de las mejores que se escenifican en Colombia, las cuales últimamente se han convertido en vitrina turística del Chocó y Colombia, por ser visitada por turistas locales y extranjeros. Desde esta región de ensueño del Pacifico colombiano, esperamos a todos nuestros compatriotas para que nos visiten del 20 de septiembre al 4 de octubre de este año.
Por Alejandro Restrepo, para El Tiempo
El pasado 20 de septiembre de 2010 comenzaron las fiestas en honor al seráfico San Francisco de Asís, con el tradicional desfile de banderas por las céntricas calles de la ciudad de Quibdó, dichas fiestas de San Pacho, como cariñosamente le llamamos todos los chocoanos, es una larga tradición cultural de inmenso arraigo popular en el departamento del Chocó. Dichas festividades datan desde el año 1648, fecha en la cual el religioso y lego Fray Matías Abad, evangelizador de indígenas, construyó en lo que hoy se llama Quibdó un templo y lo consagró con un tedéum el 4 de octubre del mismo año, una procesión con 15 canoas por el majestuoso río Atrato, la cual culminó con fiestas, juegos, carreras y comidas típicas.Sucesivamente, las diferentes comunidades religiosas evangelizadoras asentadas en el Chocó continuaron con esta gran devoción al seráfico de Asís, hasta que en el año de 1926, fecha en la cual nuestro santo patrono San Francisco de Asís, cumplió 700 años de su fallecimiento. El sacerdote español, el reverendo Nicolás Medrano Estarriaga (q. e. p. d), de muy grata recordación en el colectivo social del Chocó, fue quien revolucionó dichas fiestas, al crear la prestigiosa banda de músicos San Francisco de Asís, las banderas emblemáticas de los barrios del Quibdó, los disfraces, las vacas locas, los gozos, la procesión, etc.
La artífice de sacar estas fiestas de lo netamente religioso y acercarlas al corazón del pueblo fue la matrona chocoana doña Raimunda Cuesta, quien les agregó la elaboración de comidas típicas de la región, la quema de pólvora, verbenas barriales, juegos lúdicos, reparto de bebidas (aguardiente, guarapo, biche de caña), bailes típicos, etc.
Cabe hacer memoria que estas fiestas inicialmente solo se realizaban en tres barrios de la ciudad de Quibdo: La Yesquita, Yescagrande y Alameda Reyes. Luego llegaron otros barrios como: El Pandeyuca, el Silencio, Roma, César Conto. En 1953 se sumó el barrio Cristo Rey, y en la década de los años 60 ingresaron los barrios Margaritas, Esmeralda, Tomás Pérez y Kennedy.
Entre algunos de los antiguos organizadores de estos carnavales chocoanos recordamos en el barrio la Yesquita a Eladio Candia y Gertrudis Cuesta; en la Yescagrande, a Neftalí Cuesta, Susana Cuesta; en la Alameda Reyes, a Azarias Valencia; en el Pandeyuca, a Francisco Palacios, Basilisa Martínez y Mariquita Licona; en el Silencio a Adelaida Serna; en Roma, a Camila Porras; en César Conto a Ricarda, Uriberta y Antonio Mena. Hoy en día, en toda la ciudad existe la generación de relevo de sampacheros, que me haría interminable enunciarlos, los que han permitido que estas tradicionales fiestas perduren en tiempo y en el corazón de todos los chocoanos.
En la actualidad, la comunidad chocoana añora las programaciones que se hacían en otrora, entre algunas de estas actividades podemos subrayar: el palo de premio, las carrera de encostalados, el gallo enterrado, el marrano encebado, la bola caliente, la carrera de la cuchara y el huevo, el concurso de catadores de licores, las vacas locas, el reparto de guarapo, biche, vinete, chamberlain, anisado. Las verbenas eran con chirimía, conformada con la típica tambora, clarinete, redoblante, bombardino y platillos.
Nuestras fiestas han sufrido una real modernizaron en estos tiempos modernos consistentes en: elaboración de afiches alusivos a las mismas, videos, concurso de fotos, alboraditas, alborada general, misas oficiadas por sacerdotes franciscanos, verbenas con conjuntos musicales, paradas o desfile de comparsas con chirimías, espectáculos pirotécnicos, festivales gastronómicos, carreras atléticas, bando, balsadas en el río Atrato, bastón de mando franciscano, los bundes, vehículos adornados con parlantes para amplificar el sonido, conciertos con orquesta nacionales y extranjeras, etc.
La organización de estas fiestas ancestralmente ha estado a cargo de los presidentes de la Junta Central Franciscana, entre los cuales figuraron en el pasado: Alcibíades Garcés, Benigno García, Isacio Caicedo, Teresita Mosquera y, últimamente, a Vladimiro Garcés Machado, Gentil Ayala Vivas, Ramón Cuesta Valencia. Las fiestas, desde antaño, siempre han sido financiadas por el propio pueblo, a través de su aporte económico.
Con el nuevo estatus de Fundación Franciscana y por el hecho de haber sido estas, declaradas patrimonio cultural de la nación colombiana, mediante ley de la república, se requiere que estas festividades reciban un mayor impulso y sostén económico por parte del municipio, el departamento, la nación a través del Ministerio de Cultura, y de los que comercializan los licores propios y foráneos, se espera que estas fiestas sigan conservando su esencia tradicional y autenticidad que las ha caracterizado como una de las mejores que se escenifican en Colombia, las cuales últimamente se han convertido en vitrina turística del Chocó y Colombia, por ser visitada por turistas locales y extranjeros. Desde esta región de ensueño del Pacifico colombiano, esperamos a todos nuestros compatriotas para que nos visiten del 20 de septiembre al 4 de octubre de este año.
Por Alejandro Restrepo, para El Tiempo



Comentarios