En noviembre de 1727 ocurre en América una de las tantas insurrecciones de los pueblos esclavizados. Barûle, un negro traído de Jamaica, formado inicialmente por ingleses protestantes y vendido a españoles que explotaban minas de oro en lo que hoy conocemos como Tadó, en el Chocó, se erige en rey. Su sueño y el de sus seguidores dura escasos tres meses, cuando los españoles lo derrotan y lo fusilan.
La historia de Barûle es precaria y si algo se conoce se debe a la tradición oral y a algunos documentos que reposan en el Archivo Histórico del Cauca. Se dice que provenía de una familia de gobernantes de la costa occidental de África, reconocida por la rebeldía y que fue reclutado y llevado a Jamaica donde aprendió el inglés y principios religiosos cristiano protestantes, que después le sirvieron para ejercer liderazgo sobre sus congéneres. Muy joven es vendido y llevado a la hacienda Mungarrá (Tadó), con otro grupo de esclavos a los que denominaban los jamaicanos, por el lugar de su procedencia. Los tratos degradantes, la vida miserable que llevaban, las continuas violaciones a sus mujeres, el hambre y el trabajo humillante a que eran sometidos los llevaron a organizarse inicialmente en un cabildo y luego a la rebelión contra los opresores. La insurrección chocoana la lideró Barûle con los hermanos Antonio y Mateo Mina, cuando asesinaron al esclavista y a catorce españoles propietarios de las minas y de las tierras donde laboraban. Barûle es proclamado soberano y rey del Palenque de Tadó (antes se le conocía como el Estado Libre de Tadó). Hicieron parte de sus ejércitos, si así los podemos llamar, cerca de 120 cimarrones a los que posteriormente se les unieron unos 2.000 esclavizados originarios de la región de los ríos Nóvita y San Juan. Los negros cimarrones conformaron un gobierno de tipo autoritario con una organización militar precariamente dotada, pero bien organizada y jerarquizada y sustentado en principios de libertad y dignidad.
El teniente gobernador del Chocó, Julián de Trespalacios y Mier es el encargado de la recuperación de Tadó, lo que efectivamente sucede el 18 de febrero de 1728, cuando derrotan fácilmente una de las tantas rebeliones de negros esclavos que se dieron con alguna frecuencia en América por esos años. Barûle y los hermanos Mina son fusilados un día después cuando son señalados y delatados por sus compañeros, algunos de ellos torturados, como los líderes del movimiento libertario. Trespalacios y Mier también señala a Bernabé Mina, José Nongo y Nicolás Nanga como responsables de los sucesos de Tadó y justifica el levantamiento no como producto de la inconformidad de un pueblo sometido y humillado, sino como personas que estaban al servicio de los ingleses para menoscabar la autoridad española sobre estas tierras. También adjudicó el teniente Trespalacios la lucha de Barûle a las enseñanzas recibidas por los esclavos en las guerras cimarronas de Jamaica. El gobierno de S. M. Barûle fue efímero, pero una gran lección para los posteriores movimientos independentistas de América.
La historia ha sido cicatera con este inconforme y soñador que lo entregó todo, hasta la vida, por su gente y por su tierra. Inexplicablemente sus enseñanzas y su heroismo se van perdiendo en el tiempo. Hoy muy pocos recuerdan su gesta libertaria.
Por Ramón Elejalde Arbeláez, columnista de El Mundo
En noviembre de 1727 ocurre en América una de las tantas insurrecciones de los pueblos esclavizados. Barûle, un negro traído de Jamaica, formado inicialmente por ingleses protestantes y vendido a españoles que explotaban minas de oro en lo que hoy conocemos como Tadó, en el Chocó, se erige en rey. Su sueño y el de sus seguidores dura escasos tres meses, cuando los españoles lo derrotan y lo fusilan.La historia de Barûle es precaria y si algo se conoce se debe a la tradición oral y a algunos documentos que reposan en el Archivo Histórico del Cauca. Se dice que provenía de una familia de gobernantes de la costa occidental de África, reconocida por la rebeldía y que fue reclutado y llevado a Jamaica donde aprendió el inglés y principios religiosos cristiano protestantes, que después le sirvieron para ejercer liderazgo sobre sus congéneres.
Muy joven es vendido y llevado a la hacienda Mungarrá (Tadó), con otro grupo de esclavos a los que denominaban los jamaicanos, por el lugar de su procedencia. Los tratos degradantes, la vida miserable que llevaban, las continuas violaciones a sus mujeres, el hambre y el trabajo humillante a que eran sometidos los llevaron a organizarse inicialmente en un cabildo y luego a la rebelión contra los opresores. La insurrección chocoana la lideró Barûle con los hermanos Antonio y Mateo Mina, cuando asesinaron al esclavista y a catorce españoles propietarios de las minas y de las tierras donde laboraban. Barûle es proclamado soberano y rey del Palenque de Tadó (antes se le conocía como el Estado Libre de Tadó). Hicieron parte de sus ejércitos, si así los podemos llamar, cerca de 120 cimarrones a los que posteriormente se les unieron unos 2.000 esclavizados originarios de la región de los ríos Nóvita y San Juan. Los negros cimarrones conformaron un gobierno de tipo autoritario con una organización militar precariamente dotada, pero bien organizada y jerarquizada y sustentado en principios de libertad y dignidad.
El teniente gobernador del Chocó, Julián de Trespalacios y Mier es el encargado de la recuperación de Tadó, lo que efectivamente sucede el 18 de febrero de 1728, cuando derrotan fácilmente una de las tantas rebeliones de negros esclavos que se dieron con alguna frecuencia en América por esos años. Barûle y los hermanos Mina son fusilados un día después cuando son señalados y delatados por sus compañeros, algunos de ellos torturados, como los líderes del movimiento libertario. Trespalacios y Mier también señala a Bernabé Mina, José Nongo y Nicolás Nanga como responsables de los sucesos de Tadó y justifica el levantamiento no como producto de la inconformidad de un pueblo sometido y humillado, sino como personas que estaban al servicio de los ingleses para menoscabar la autoridad española sobre estas tierras. También adjudicó el teniente Trespalacios la lucha de Barûle a las enseñanzas recibidas por los esclavos en las guerras cimarronas de Jamaica. El gobierno de S. M. Barûle fue efímero, pero una gran lección para los posteriores movimientos independentistas de América.
La historia ha sido cicatera con este inconforme y soñador que lo entregó todo, hasta la vida, por su gente y por su tierra. Inexplicablemente sus enseñanzas y su heroismo se van perdiendo en el tiempo. Hoy muy pocos recuerdan su gesta libertaria.
Por Ramón Elejalde Arbeláez, columnista de El Mundo



Comentarios
difundir este tipo de informacion pero el pie de la foto que aparece referenciada es necesaria para no generar confusión a incautos.
En el municipio de Tadó hay un monunento en su honor para que la historia no sea olvidada, al igual que la de la Negra Agutina.
saludos