El Departamento del Chocó es, extrañamente, una región atípica en el concierto colombiano. Solamente se lo incluye en el presupuesto nacional cuando hay protestas ciudadanas, que, la mayoría de las veces, nos han costado derramamientos de sangre. A raíz de la discriminación territorial y étnica que nos ha impuesto el Estado colombiano, en los últimos tiempos han querido unirnos a otros departamentos. Es importante, pues, que la comunidad chocoana se preocupe por el proyecto de ley de ordenamiento territorial presentado al Congreso por el Ministerio del Interior, proyecto regresivo que lesiona la autonomía regional y no respeta la diversidad colombiana.
Los ataques a la unidad territorial del Chocó comenzaron hace 56 años, cuando el presidente militar Gustavo Rojas Pinilla pretendió desmembrarlo. El periódico 'El Espectador', de Bogotá, envió a Quibdó a su cronista de cabecera Gabriel García Márquez, quien, en asocio del corresponsal de dicho diario en el Chocó, el fallecido líder local Primo Guerrero, reunió a los chocoanos para sacudirlos y sacarlos de su pasividad. Fue ahí cuando comenzaron las protestas ciudadanas, que duraron más de 15 días. Se instaló un megáfono en el atrio de la casa de los Hormaza, en el parque Centenario de Quibdó, desde donde se leían los marconigramas de apoyo a la protesta. Con arengas, actos musicales y tertulias en contra de la medida, la gente le demostró al país el apego a su territorio. La protesta fue dirigida, entre otros, por Primo Guerrero y Gabriel Meluk, que contaron con el apoyo de los chocoanos sobresalientes en Bogotá, Diego Luis Córdoba, Demetrio Valdez, Adán Arriaga Andrade, Fernando Martínez, Ramón Lozano Garcés, quienes insistieron ante el gobierno central para que desistiera de la funesta idea.
A los continuos atentados contra la territorialidad chocoana de los últimos gobiernos de turno, se ha unido el abandono estatal. Trece años después de las primeras protestas, en 1967, se incubó una nueva, denominada 'Agua y luz', por los malos servicios públicos que se le prestaban a la comunidad. El gobierno nacional, como única respuesta, lo que hizo fue enfrentar a los chocoanos inconformes con la fuerza pública, que dio muerte a varios de ellos.
Veinte años más tarde, en 1987, volvió el pueblo a manifestarse por la misma causa y porque no se iniciaba la construcción de la ciudadela universitaria, el puente de Yuto y la instalación de nuevas líneas telefónicas, entre otras reivindicaciones. Nuevamente se vio manchado de sangre el suelo chocoano con el asesinato del joven Hamlet Bechara. Pero esta vez se lograron algunas obras significativas para nuestro débil desarrollo.
En el año 2000 se realizó el paro cívico 'Por la Salvación y Dignidad del Chocó', a raíz del cual se recibieron múltiples promesas del gobierno, que solo ejecutó unas pocas obras. El 21 del octubre del 2004, otro paro reclamaba por los recursos de la vía al mar de Balboa. En otras protestas se ha exigido la construcción de la vía al Eje Cafetero y de la vía a Medellín. Hasta la fecha, dicha obras avanzan a paso de tortuga, debido a la falta de voluntad política del gobierno central para su conclusión.
Ante la amenaza que se cierne de nuevo contra la dignidad del Chocó con la nueva ley de ordenamiento territorial, se requiere que sus buenos hijos, a los que nos duele su situación, y como un derecho legítimo de los pueblos a preservar su unidad territorial, estén alerta para evitar que se nos anexe a otro departamento.
Desde hace varias décadas, nuestros vecinos vienen muy interesados en nosotros. No es extraño, por ello, que en un mapa denominado 'Gerencia Regional Antioquia' aparezca el Departamento del Chocó anexado a Antioquia. O que lo mismo pretendan el Eje Cafetero, por su salida al mar, y el Valle, por la defensa del puerto de Buenaventura. Por eso, hay que estar atentos a esta nueva ley para defender metro a metro nuestra territorialidad. ¿Hasta cuándo los chocoanos vamos a aguantar tanta ignominia del gobierno nacional?
Por Alejo Restrepo Mosquera, columnista de El Tiempo
El Departamento del Chocó es, extrañamente, una región atípica en el concierto colombiano. Solamente se lo incluye en el presupuesto nacional cuando hay protestas ciudadanas, que, la mayoría de las veces, nos han costado derramamientos de sangre. A raíz de la discriminación territorial y étnica que nos ha impuesto el Estado colombiano, en los últimos tiempos han querido unirnos a otros departamentos. Es importante, pues, que la comunidad chocoana se preocupe por el proyecto de ley de ordenamiento territorial presentado al Congreso por el Ministerio del Interior, proyecto regresivo que lesiona la autonomía regional y no respeta la diversidad colombiana.Los ataques a la unidad territorial del Chocó comenzaron hace 56 años, cuando el presidente militar Gustavo Rojas Pinilla pretendió desmembrarlo. El periódico 'El Espectador', de Bogotá, envió a Quibdó a su cronista de cabecera Gabriel García Márquez, quien, en asocio del corresponsal de dicho diario en el Chocó, el fallecido líder local Primo Guerrero, reunió a los chocoanos para sacudirlos y sacarlos de su pasividad. Fue ahí cuando comenzaron las protestas ciudadanas, que duraron más de 15 días. Se instaló un megáfono en el atrio de la casa de los Hormaza, en el parque Centenario de Quibdó, desde donde se leían los marconigramas de apoyo a la protesta. Con arengas, actos musicales y tertulias en contra de la medida, la gente le demostró al país el apego a su territorio. La protesta fue dirigida, entre otros, por Primo Guerrero y Gabriel Meluk, que contaron con el apoyo de los chocoanos sobresalientes en Bogotá, Diego Luis Córdoba, Demetrio Valdez, Adán Arriaga Andrade, Fernando Martínez, Ramón Lozano Garcés, quienes insistieron ante el gobierno central para que desistiera de la funesta idea.
A los continuos atentados contra la territorialidad chocoana de los últimos gobiernos de turno, se ha unido el abandono estatal. Trece años después de las primeras protestas, en 1967, se incubó una nueva, denominada 'Agua y luz', por los malos servicios públicos que se le prestaban a la comunidad. El gobierno nacional, como única respuesta, lo que hizo fue enfrentar a los chocoanos inconformes con la fuerza pública, que dio muerte a varios de ellos.
Veinte años más tarde, en 1987, volvió el pueblo a manifestarse por la misma causa y porque no se iniciaba la construcción de la ciudadela universitaria, el puente de Yuto y la instalación de nuevas líneas telefónicas, entre otras reivindicaciones. Nuevamente se vio manchado de sangre el suelo chocoano con el asesinato del joven Hamlet Bechara. Pero esta vez se lograron algunas obras significativas para nuestro débil desarrollo.
En el año 2000 se realizó el paro cívico 'Por la Salvación y Dignidad del Chocó', a raíz del cual se recibieron múltiples promesas del gobierno, que solo ejecutó unas pocas obras. El 21 del octubre del 2004, otro paro reclamaba por los recursos de la vía al mar de Balboa. En otras protestas se ha exigido la construcción de la vía al Eje Cafetero y de la vía a Medellín. Hasta la fecha, dicha obras avanzan a paso de tortuga, debido a la falta de voluntad política del gobierno central para su conclusión.
Ante la amenaza que se cierne de nuevo contra la dignidad del Chocó con la nueva ley de ordenamiento territorial, se requiere que sus buenos hijos, a los que nos duele su situación, y como un derecho legítimo de los pueblos a preservar su unidad territorial, estén alerta para evitar que se nos anexe a otro departamento.
Desde hace varias décadas, nuestros vecinos vienen muy interesados en nosotros. No es extraño, por ello, que en un mapa denominado 'Gerencia Regional Antioquia' aparezca el Departamento del Chocó anexado a Antioquia. O que lo mismo pretendan el Eje Cafetero, por su salida al mar, y el Valle, por la defensa del puerto de Buenaventura. Por eso, hay que estar atentos a esta nueva ley para defender metro a metro nuestra territorialidad. ¿Hasta cuándo los chocoanos vamos a aguantar tanta ignominia del gobierno nacional?
Por Alejo Restrepo Mosquera, columnista de El Tiempo



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