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May 22nd
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Lecciones de negros destacados

El 2011 será el año internacional de los Afrodescendientes declarado por Naciones Unidas. Así que al menos tres enseñanzas del reconocimiento “12 afrocolombianos de 2010”, de El Espectador y Fundación Color de Colombia, pueden ser útiles para matizar el discurso que se avecina: muestre también el progreso, no vuelva “inferiores” a quienes busca ayudar y confíe en los valores del segmento del “sí, podemos”.
El reconocimiento tuvo el cuidado de subrayar que “mostrar la cara de progreso de la población negra no implica negar la pobreza y la discriminación, pero sí dar una imagen más completa de su realidad”. En la discusión del tema en Colombia, sin embargo, mostrar la pobreza y la discriminación, ha implicado negar el progreso de los colombianos negros, y, por ende, desalentarlo. Como la existencia de una clase media negra no cuadra con la caracterización extremista que se quiere hacer de nuestra sociedad, se soslaya, se menosprecia, cuando justamente esa clase media negra es la que puede impulsar a los demás. Por ejemplo, ¿qué sería de los afroamericanos sin la “América negra próspera”?
La visión miserabilista de la población negra concuerda con su rival, el racismo, en reforzar el estereotipo social del negro como pobre, subalterno, fuerte física pero no mentalmente, en suma, inferior, por ser negro. A lo que se suma el proyecto de volverlo diferente culturalmente, de una forma asociada a la “raza”, pero no de una cultura elaborada equiparable a la occidental, sino de una parecida a la indígena, folclórica, premoderna. Así, terminan por inferiorizar al negro en el plano simbólico y cultural, como si sus preferencias y talentos estuvieran prefijados y no pudiera interpretar lo más complejo de nuestra civilización (sí, nuestra). Como dijo el editorial de este periódico, “cuando hay quienes no sólo se muestran como iguales, sino como mejores (en 12 campos), queda claro, para todos aquellos que insisten en aferrarse a sus prejuicios, que por más que intenten hacerlos realidad, éstos son cuando mucho ficción”.
A algunos les preocupa que a medida que los negros pasan del campo a la ciudad y de la pobreza al bienestar relativo se alejan de sus “prácticas étnicas”. Otros evitan preguntarles a quienes se han destacado, cómo lo lograron, porque saben que enfatizarán el esfuerzo, la motivación, la disciplina, y no la discriminación. Básicamente, se trata de una desconfianza o animadversión hacia los valores de los que representan el “sí, podemos”, valores muy parecidos a los de la clase media colombiana. Pueden estar tranquilos: cuando la mayoría de los negros esté en la clase media, y no será un fenómeno aislado del progreso social general, cultivará más libre y creativamente su identidad “negra”, entre muchas, por puro regocijo privado de “lo logramos”, por homenaje a los sufridos antepasados, y porque siempre, en el siglo XXI, será un placer y un honor contribuir a hacer de Colombia un país diverso.
Por Daniel Mera Villamizar, columnista de El Espectador
Daniel MeraEl 2011 será el año internacional de los Afrodescendientes declarado por Naciones Unidas. Así que al menos tres enseñanzas del reconocimiento “12 afrocolombianos de 2010”, de El Espectador y Fundación Color de Colombia, pueden ser útiles para matizar el discurso que se avecina: muestre también el progreso, no vuelva “inferiores” a quienes busca ayudar y confíe en los valores del segmento del “sí, podemos”.

El reconocimiento tuvo el cuidado de subrayar que “mostrar la cara de progreso de la población negra no implica negar la pobreza y la discriminación, pero sí dar una imagen más completa de su realidad”. En la discusión del tema en Colombia, sin embargo, mostrar la pobreza y la discriminación, ha implicado negar el progreso de los colombianos negros, y, por ende, desalentarlo. Como la existencia de una clase media negra no cuadra con la caracterización extremista que se quiere hacer de nuestra sociedad, se soslaya, se menosprecia, cuando justamente esa clase media negra es la que puede impulsar a los demás. Por ejemplo, ¿qué sería de los afroamericanos sin la “América negra próspera”?

La visión miserabilista de la población negra concuerda con su rival, el racismo, en reforzar el estereotipo social del negro como pobre, subalterno, fuerte física pero no mentalmente, en suma, inferior, por ser negro. A lo que se suma el proyecto de volverlo diferente culturalmente, de una forma asociada a la “raza”, pero no de una cultura elaborada equiparable a la occidental, sino de una parecida a la indígena, folclórica, premoderna. Así, terminan por inferiorizar al negro en el plano simbólico y cultural, como si sus preferencias y talentos estuvieran prefijados y no pudiera interpretar lo más complejo de nuestra civilización (sí, nuestra). Como dijo el editorial de este periódico, “cuando hay quienes no sólo se muestran como iguales, sino como mejores (en 12 campos), queda claro, para todos aquellos que insisten en aferrarse a sus prejuicios, que por más que intenten hacerlos realidad, éstos son cuando mucho ficción”.

A algunos les preocupa que a medida que los negros pasan del campo a la ciudad y de la pobreza al bienestar relativo se alejan de sus “prácticas étnicas”. Otros evitan preguntarles a quienes se han destacado, cómo lo lograron, porque saben que enfatizarán el esfuerzo, la motivación, la disciplina, y no la discriminación. Básicamente, se trata de una desconfianza o animadversión hacia los valores de los que representan el “sí, podemos”, valores muy parecidos a los de la clase media colombiana. Pueden estar tranquilos: cuando la mayoría de los negros esté en la clase media, y no será un fenómeno aislado del progreso social general, cultivará más libre y creativamente su identidad “negra”, entre muchas, por puro regocijo privado de “lo logramos”, por homenaje a los sufridos antepasados, y porque siempre, en el siglo XXI, será un placer y un honor contribuir a hacer de Colombia un país diverso.

Por Daniel Mera Villamizar, columnista de El Espectador

 

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