Territorio Chocoano Noticias - Quibdó (Chocó)

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May 22nd
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El hermoso Chocó

Nadie podía entender por qué cuando la mitad del país estaba completamente inundado, nosotros pretendíamos pasar vacaciones en el Chocó, el lugar más lluvioso de Colombia. Ocurre que hacía meses habíamos comprado pasajes a Bahía Solano, mucho antes de que se manifestara el endiablado invierno que vivíamos. Igualmente ya estaban reservadas las cabañas del ecolodge El Almejal, localizado en una de las más hermosas e impolutas playas del Pacífico colombiano.
Resolvimos preguntar a personas de El Valle, población aledaña a El Almejal, por el estado del tiempo, estas nos aseguraron que allí estaba lloviendo, "ni más, ni menos" de lo que llovía siempre. La aerolínea también nos garantizó, que del Aeropuerto José Celestino Mutis, más conocido como "Sal si puedes", los aviones estaban saliendo y entrando regularmente. Así que, sin pensarlo más, nos embarcamos en nuestra aventura.
De Bogotá salimos con 3 horas de retraso por mal tiempo. Luego perdimos otras 3 horas en Medellín esperando que el aeropuerto de Bahía Solano se despejara. Cuando finalmente nos aprestábamos a aterrizar en nuestro destino, observamos desde el avión una selva realmente anegada y ríos saturados al máximo, tiñendo de barro el mar en sus desembocaduras. Algo preocupados tomamos la destartalada "chiva" en la que debíamos recorrer los 17 km hasta la Playa El Almejal. En 5 años, desde mi última visita, solo habían pavimentado dos km nuevos. Ahora, "maravilla de las maravillas", había 7 km pavimentados. El agua de los charcos en el camino llegaba hasta panza de la chiva.
Al cabo de una ardua hora de camino llegamos; la belleza del lugar volvió a sorprenderme como la primera vez. La extensión y la anchura de la playa plateada, la exuberancia de la selva que la enmarca, las rocas que la acunan y los ríos que allí desembocan, hacen del lugar un paraíso. Había llovido, como siempre en el Chocó, pero todos nos aseguraban que se esperaban días de sol.
Y así fue, durante 4 dorados días nos aventuramos a recorrer el litoral cercano a El Almejal. Hacia el norte, a 15 minutos en lancha, exploramos las quebradas de la playa del Tigre. Allí el agua dulce de las quebradas se despeña de la cordillera cayendo directamente sobre la playa. Un poco más al norte, en el río Chadó, se puede uno echar a flotar hasta llegar al mar. Hacia el sur se encuentra el Parque Natural de Utría, con un importante arrecife para caretear. Una tarde, hicimos una larga caminata por entre la selva con César, naturalista y dueño del ecolodge , quien nos enseñó maravillas, como árboles que "caminan" y algunos descendientes de la era predinosaurios. En canoa navegamos el río Chandor bordeado de manglares y plenos de fauna.
Todos los días observamos, águilas pescadoras, martín pescadores de diferentes tamaños y colores, formaciones de docenas de pelícanos, loros y pericos, además de mieleros, carpinteros, azulejos, petirrojos y colibríes diminutos que comían y volaban cerca a nuestras cabañas. Igualmente nos deleitaron múltiples mariposas, en especial las morbo, de grandes alas azules. Nuestros mejores momentos fueron las tardes cuando, en medio de arreboles calidoscopios, soltábamos tortuguitas "golfitas", nacidas en el tortuguero de El Almejal. En los 15 años de este proyecto, miles de tortuguitas han nacido y llegado al mar gracias a la protección y cuidado que allí encuentran.
Chocó es un paraíso no descubierto, hay que ir ahora cuando su virginidad aún nos pertenece.
Por María Clara Ospina H, columnista de El Colombiano
María Clara OspinaNadie podía entender por qué cuando la mitad del país estaba completamente inundado, nosotros pretendíamos pasar vacaciones en el Chocó, el lugar más lluvioso de Colombia. Ocurre que hacía meses habíamos comprado pasajes a Bahía Solano, mucho antes de que se manifestara el endiablado invierno que vivíamos. Igualmente ya estaban reservadas las cabañas del ecolodge El Almejal, localizado en una de las más hermosas e impolutas playas del Pacífico colombiano.

Resolvimos preguntar a personas de El Valle, población aledaña a El Almejal, por el estado del tiempo, estas nos aseguraron que allí estaba lloviendo, "ni más, ni menos" de lo que llovía siempre. La aerolínea también nos garantizó, que del Aeropuerto José Celestino Mutis, más conocido como "Sal si puedes", los aviones estaban saliendo y entrando regularmente. Así que, sin pensarlo más, nos embarcamos en nuestra aventura.

De Bogotá salimos con 3 horas de retraso por mal tiempo. Luego perdimos otras 3 horas en Medellín esperando que el aeropuerto de Bahía Solano se despejara. Cuando finalmente nos aprestábamos a aterrizar en nuestro destino, observamos desde el avión una selva realmente anegada y ríos saturados al máximo, tiñendo de barro el mar en sus desembocaduras. Algo preocupados tomamos la destartalada "chiva" en la que debíamos recorrer los 17 km hasta la Playa El Almejal. En 5 años, desde mi última visita, solo habían pavimentado dos km nuevos. Ahora, "maravilla de las maravillas", había 7 km pavimentados. El agua de los charcos en el camino llegaba hasta panza de la chiva.

Al cabo de una ardua hora de camino llegamos; la belleza del lugar volvió a sorprenderme como la primera vez. La extensión y la anchura de la playa plateada, la exuberancia de la selva que la enmarca, las rocas que la acunan y los ríos que allí desembocan, hacen del lugar un paraíso. Había llovido, como siempre en el Chocó, pero todos nos aseguraban que se esperaban días de sol.

Y así fue, durante 4 dorados días nos aventuramos a recorrer el litoral cercano a El Almejal. Hacia el norte, a 15 minutos en lancha, exploramos las quebradas de la playa del Tigre. Allí el agua dulce de las quebradas se despeña de la cordillera cayendo directamente sobre la playa. Un poco más al norte, en el río Chadó, se puede uno echar a flotar hasta llegar al mar. Hacia el sur se encuentra el Parque Natural de Utría, con un importante arrecife para caretear. Una tarde, hicimos una larga caminata por entre la selva con César, naturalista y dueño del ecolodge , quien nos enseñó maravillas, como árboles que "caminan" y algunos descendientes de la era predinosaurios. En canoa navegamos el río Chandor bordeado de manglares y plenos de fauna.

Todos los días observamos, águilas pescadoras, martín pescadores de diferentes tamaños y colores, formaciones de docenas de pelícanos, loros y pericos, además de mieleros, carpinteros, azulejos, petirrojos y colibríes diminutos que comían y volaban cerca a nuestras cabañas. Igualmente nos deleitaron múltiples mariposas, en especial las morbo, de grandes alas azules. Nuestros mejores momentos fueron las tardes cuando, en medio de arreboles calidoscopios, soltábamos tortuguitas "golfitas", nacidas en el tortuguero de El Almejal. En los 15 años de este proyecto, miles de tortuguitas han nacido y llegado al mar gracias a la protección y cuidado que allí encuentran.

Chocó es un paraíso no descubierto, hay que ir ahora cuando su virginidad aún nos pertenece.

Por María Clara Ospina H, columnista de El Colombiano

 

Comentarios 

 
0 #2 Lesly 13-01-2011 09:49
Hay Chocó, que pasara cuando ya no nos pertenescas?? cuando estes a meerced de los paisas o extranjeros??? porque ese dia llegara si los chocoanos no despertamos. despierta choco.
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0 #1 luis alber 13-01-2011 09:36
la verdad que soy chocoano y conosco todo lo maria clara es verdad, el choco es un paraiso que poco gente conoce por lo tanto debemos de insentivar para que los colombianos viajemos hacia eso lugares tan hermoso y tan naturales
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