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'La Cultura' Del Vallenato

He visto al menos 10 veces el video en el que un cantante vallenato le cede el micrófono a un niño de 14 años. Para este, su actuación significa unos pocos segundos de gloria al lado de quien tal vez sea uno de sus ídolos. Por su hazaña "artística", el niño recibe su aguinaldo doble: un billete tras otro, sacado de un fajo que el cantante guarda en el bolsillo.
La generosidad del cantante es grande, tan grande como el aguinaldo entregado como recompensa a esta verraquera, no sé si inesperada, no sé si programada, pero, en todo caso, una hazaña en la que un niño emula a su ídolo. ¡Aplausos! Viene luego un efusivo beso en la frente del menor que está a punto de descender de la tarima. Y, por último, la manzana de la discordia: el cantante le toca el paquetico de la entrepierna al niño.
Hace 15 días, el cantante se debate entre la inocencia y la culpa. En su defensa -y le creo- dice que el polémico gesto no iba cargado de malicia, que debe ser entendido dentro de la lógica de las costumbres, que es la lógica de la cultura. Lo apoyan en su defensa prestigiosos intelectuales de la Costa Caribe. Otro sector, más susceptible, que quizá entienda más de leyes que de cultura y costumbres, pretende llevar al artista a los estrados judiciales.
Me quedo con la defensa condicionada del cantante: uno no es culpable de las costumbres que hereda, sino de los actos que elige de manera responsable. Pero aprovecho la oportunidad para decir algo que lleva mucho tiempo atragantado en mi garganta: la cultura que sirve a la "poética" de la música vallenata, a sus letras de amores legendarios y súplicas de perdón lacrimosas, a la idealización de la mujer como "reina" y del hombre como paje, no es otra que la cultura machista que encontró terreno abonado en las mayorías colombianas.
El cantante no les puso malicia a sus gestos más reveladores: entregar plata a un menor, de manera ostentosa, ante un público que aplaudiría su generosidad navideña, y despedirlo con un gesto que resume la verraquera del niño, localizada, según el cantante y su cultura, en el pirulí que dormía debajo de los yines. Hizo lo que le dictan su cultura machista y el género musical que, a punta de idealizaciones inverosímiles, le ha servido a la empresa de dominación de las mujeres por los hombres.
Me inquieta la respuesta a una pregunta: ¿la cultura que ignora la ley exime de culpa? Hablo de una "culpa" rodeada seguramente de atenuantes: no había morbosidad ni premeditación pedofílica en el gesto del cantante. También a él, cuando niño, le tocaban el pirulí. Lo que hay en ese gesto es un automatismo de conducta: la mejor recompensa se paga con plata y el poder masculino se localiza en ese adminículo.
La cultura mafiosa se ha servido de los mismos símbolos: la exhibición prepotente del dinero es complemento de la exaltación pública de los genitales masculinos. Se trata de dos exabruptos morales anclados en una cultura. Pero la grosera recompensa en billetes "contantes y sonantes" repugna más que el manoseo en el lugar que, según dicen, es el símbolo de la "verraquera" de un niño.
No sé si esa exhibición tenga implicaciones judiciales. No lo creo: tampoco las tuvieron la propaganda gubernamental y el dinero entregado entre el 2002 y el 2010 a los ciudadanos recompensados por su "patriotismo", ni la exaltación presidencial del "varón" como símbolo de valentía, ni las airadas amenazas telefónicas al "marica" que hablaba al otro lado de la línea. Por el mismo automatismo de conducta y lenguaje, "varón" y "marica" acaban siendo exaltación o afrenta en el marco de la misma cultura.
Por Óscar Collazos, columnista de El Tiempo
Oscar Collazos
He visto al menos 10 veces el video en el que un cantante vallenato le cede el micrófono a un niño de 14 años. Para este, su actuación significa unos pocos segundos de gloria al lado de quien tal vez sea uno de sus ídolos. Por su hazaña "artística", el niño recibe su aguinaldo doble: un billete tras otro, sacado de un fajo que el cantante guarda en el bolsillo.

La generosidad del cantante es grande, tan grande como el aguinaldo entregado como recompensa a esta verraquera, no sé si inesperada, no sé si programada, pero, en todo caso, una hazaña en la que un niño emula a su ídolo. ¡Aplausos! Viene luego un efusivo beso en la frente del menor que está a punto de descender de la tarima. Y, por último, la manzana de la discordia: el cantante le toca el paquetico de la entrepierna al niño.

Hace 15 días, el cantante se debate entre la inocencia y la culpa. En su defensa -y le creo- dice que el polémico gesto no iba cargado de malicia, que debe ser entendido dentro de la lógica de las costumbres, que es la lógica de la cultura. Lo apoyan en su defensa prestigiosos intelectuales de la Costa Caribe. Otro sector, más susceptible, que quizá entienda más de leyes que de cultura y costumbres, pretende llevar al artista a los estrados judiciales.

Me quedo con la defensa condicionada del cantante: uno no es culpable de las costumbres que hereda, sino de los actos que elige de manera responsable. Pero aprovecho la oportunidad para decir algo que lleva mucho tiempo atragantado en mi garganta: la cultura que sirve a la "poética" de la música vallenata, a sus letras de amores legendarios y súplicas de perdón lacrimosas, a la idealización de la mujer como "reina" y del hombre como paje, no es otra que la cultura machista que encontró terreno abonado en las mayorías colombianas.

El cantante no les puso malicia a sus gestos más reveladores: entregar plata a un menor, de manera ostentosa, ante un público que aplaudiría su generosidad navideña, y despedirlo con un gesto que resume la verraquera del niño, localizada, según el cantante y su cultura, en el pirulí que dormía debajo de los yines. Hizo lo que le dictan su cultura machista y el género musical que, a punta de idealizaciones inverosímiles, le ha servido a la empresa de dominación de las mujeres por los hombres.

Me inquieta la respuesta a una pregunta: ¿la cultura que ignora la ley exime de culpa? Hablo de una "culpa" rodeada seguramente de atenuantes: no había morbosidad ni premeditación pedofílica en el gesto del cantante. También a él, cuando niño, le tocaban el pirulí. Lo que hay en ese gesto es un automatismo de conducta: la mejor recompensa se paga con plata y el poder masculino se localiza en ese adminículo.

La cultura mafiosa se ha servido de los mismos símbolos: la exhibición prepotente del dinero es complemento de la exaltación pública de los genitales masculinos. Se trata de dos exabruptos morales anclados en una cultura. Pero la grosera recompensa en billetes "contantes y sonantes" repugna más que el manoseo en el lugar que, según dicen, es el símbolo de la "verraquera" de un niño.

No sé si esa exhibición tenga implicaciones judiciales. No lo creo: tampoco las tuvieron la propaganda gubernamental y el dinero entregado entre el 2002 y el 2010 a los ciudadanos recompensados por su "patriotismo", ni la exaltación presidencial del "varón" como símbolo de valentía, ni las airadas amenazas telefónicas al "marica" que hablaba al otro lado de la línea. Por el mismo automatismo de conducta y lenguaje, "varón" y "marica" acaban siendo exaltación o afrenta en el marco de la misma cultura.

Por Óscar Collazos, columnista de El Tiempo
 

Comentarios 

 
0 #2 jaimequint 22-01-2011 23:29
Que pensaría el señor Collazos si en lugar del niño fuese una niña, también el señor Dangón le estaría reconciendo la verraquera y las "gúevas que tiene?
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0 #1 jaimequint 22-01-2011 23:28
Hace pocos dias condenaron a un "cachaco" a diez años de carcel por tocar a una niña menor de 14 años años, es también acaso eso "cultura"?. Los costeños de la región caribe quieren camuflar y justificar su vulgaridad, ordinariez, chabacanería y hasta delitos con el manido cuento de la cultura; "es que en la costa somos así", "acá se acostumbra eso";
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