El pasado 3 de febrero del 2011, el Chocó conmemoró el segundo aniversario del fatal accidente en la bien denominada "Trocha de la muerte", siniestro que dejó un considerable saldo trágico de ciudadanos chocoanos muertos y varios desaparecidos, todo debido a la desidia del Estado colombiano por no construir una vía digna que una a Antioquia y el Chocó. Esta vía es más una especulación cartográfica que una realidad vial, es una de las más grandes vergüenzas nacionales y debido a su pésimo estado ha sido causante de muchísimos accidentes con un saldo alto de pérdida de vidas humanas.
La fatal historia comenzó el 3 de febrero del 2009 en la ciudad de Medellín, desde donde partió el fatídico viaje de la empresa Rápido Ochoa, en el bus 3007, con un cupo de 32 pasajeros con destino a la ciudad de Quibdó, y a la altura de la vereda Santa Ana, jurisdicción del municipio chocoano de El Carmen de Atrato, debido al pésimo estado de la vía y al sobrecupo, según testimonio de los pasajeros sobrevivientes, el vehículo rodó al río Atrato por un abismo de 120 metros, lo que despertó para la fecha la solidaridad del pueblo colombiano y de los organismos de socorro.
El accidente despertó el rechazo de los habitantes del Chocó, quienes le reclamaron vehementemente al Gobierno Nacional, vía protesta ciudadana, la reparación de las vías Quibdó-Medellín, Santa Cecilia-Quibdó, Ánimas-Nuquí, lo que trajo consigo que el Gobierno Nacional, como resultado de una negociación con el comité del paro cívico, se comprometiera a abrir los procesos licitatorios de las vías Medellín-Quibdó; Pereira-Quibdó y Ánimas-Nuquí. Hasta la fecha, las obras contratadas están muy atrasadas y se presentan serios inconvenientes para la movilidad de sus transeúntes, lo que tiene seriamente preocupada a la comunidad chocoana. No es extraño que en cualquier momento se incube otra protesta ciudadana, debido a estos retrasos evidentes.
De igual manera, los parlamentarios chocoanos en el Congreso deberían exigirle al Gobierno Nacional que se haga realidad la ley 12 del 21 de septiembre de 1949, que habla del plan vial del Chocó, en la cual el Estado colombiano se comprometió con los ciudadanos del departamento, pero se nos incumplió, como siempre. Dicha ley contempla en sus acápites el financiamiento de algunas obras para el desarrollo vial del Chocó; entre otras, podemos mencionar: Quibdó-Bahía Solano, Acandí-Unguía, Sautatá-Riosucio, Negua-Bete, Utría-Juradó, Salaquí-Riosucio. Cada día que pasa, al pueblo chocoano se le agota más la paciencia por el trato discriminatorio del Estado colombiano con el departamento. "No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista", como dice el refrán popular.
Descarnadamente, hay que decirle al Gobierno Nacional: ¿cuántos muertos más hay que poner para que tome cartas en el asunto, exigiéndoles seriamente a los contratistas foráneos de dichas vías el cumplimiento en los trabajos? Se espera que las fuerzas vivas del Chocó, por intermedio de las veedurías ciudadanas, se conviertan en garantes del cumplimiento de estas obras, con el objeto de que sean una realidad y no se vayan a convertir en otra frustración para el desarrollo de este marginado departamento.
Por Alejo Restrepo Mosquera, columnista de El Tiempo
El pasado 3 de febrero del 2011, el Chocó conmemoró el segundo aniversario del fatal accidente en la bien denominada "Trocha de la muerte", siniestro que dejó un considerable saldo trágico de ciudadanos chocoanos muertos y varios desaparecidos, todo debido a la desidia del Estado colombiano por no construir una vía digna que una a Antioquia y el Chocó. Esta vía es más una especulación cartográfica que una realidad vial, es una de las más grandes vergüenzas nacionales y debido a su pésimo estado ha sido causante de muchísimos accidentes con un saldo alto de pérdida de vidas humanas.La fatal historia comenzó el 3 de febrero del 2009 en la ciudad de Medellín, desde donde partió el fatídico viaje de la empresa Rápido Ochoa, en el bus 3007, con un cupo de 32 pasajeros con destino a la ciudad de Quibdó, y a la altura de la vereda Santa Ana, jurisdicción del municipio chocoano de El Carmen de Atrato, debido al pésimo estado de la vía y al sobrecupo, según testimonio de los pasajeros sobrevivientes, el vehículo rodó al río Atrato por un abismo de 120 metros, lo que despertó para la fecha la solidaridad del pueblo colombiano y de los organismos de socorro.
El accidente despertó el rechazo de los habitantes del Chocó, quienes le reclamaron vehementemente al Gobierno Nacional, vía protesta ciudadana, la reparación de las vías Quibdó-Medellín, Santa Cecilia-Quibdó, Ánimas-Nuquí, lo que trajo consigo que el Gobierno Nacional, como resultado de una negociación con el comité del paro cívico, se comprometiera a abrir los procesos licitatorios de las vías Medellín-Quibdó; Pereira-Quibdó y Ánimas-Nuquí. Hasta la fecha, las obras contratadas están muy atrasadas y se presentan serios inconvenientes para la movilidad de sus transeúntes, lo que tiene seriamente preocupada a la comunidad chocoana. No es extraño que en cualquier momento se incube otra protesta ciudadana, debido a estos retrasos evidentes.
De igual manera, los parlamentarios chocoanos en el Congreso deberían exigirle al Gobierno Nacional que se haga realidad la ley 12 del 21 de septiembre de 1949, que habla del plan vial del Chocó, en la cual el Estado colombiano se comprometió con los ciudadanos del departamento, pero se nos incumplió, como siempre. Dicha ley contempla en sus acápites el financiamiento de algunas obras para el desarrollo vial del Chocó; entre otras, podemos mencionar: Quibdó-Bahía Solano, Acandí-Unguía, Sautatá-Riosucio, Negua-Bete, Utría-Juradó, Salaquí-Riosucio. Cada día que pasa, al pueblo chocoano se le agota más la paciencia por el trato discriminatorio del Estado colombiano con el departamento. "No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista", como dice el refrán popular.
Descarnadamente, hay que decirle al Gobierno Nacional: ¿cuántos muertos más hay que poner para que tome cartas en el asunto, exigiéndoles seriamente a los contratistas foráneos de dichas vías el cumplimiento en los trabajos? Se espera que las fuerzas vivas del Chocó, por intermedio de las veedurías ciudadanas, se conviertan en garantes del cumplimiento de estas obras, con el objeto de que sean una realidad y no se vayan a convertir en otra frustración para el desarrollo de este marginado departamento.
Por Alejo Restrepo Mosquera, columnista de El Tiempo



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