Estudiando los fenómenos del atraso y la pobreza en Haití, y desde luego, los efectos que han tenido en su desarrollo las disputas por el poder entre las elites negra y mulata he encontrado analogías con lo que pasa en regiones como el Chocó. Por supuesto que respetando determinadas particularidades históricas, políticas, religiosas, sociales y culturales de los dos pueblos.
A veces las comparaciones generan señalamientos infundados. Pero en otras revelan coincidencias que ameritan ser examinadas sobre lo que he llamado la “haitianización” del Chocó. Haití y el Chocó, a pesar que fueron colonizados por potencias europeas diferentes, tienen en común varias cosas. Por un lado, la mayoría de sus habitantes son descendientes de esclavos. Por el otro, han tenido una historia trágica de hambre, pobreza y exclusión. Igual que un extraordinario gusto por la música, ancestrales creencias en hechicerías y un arraigado odio racial entre negros y mulatos, entre otras similitudes.
Tanto en Haití como en el Chocó, siglos después del fin del régimen colonial y de la esclavitud, la mayoría de sus pobladores siguen viviendo como esclavos de la desdicha. Las estadísticas sobre sus históricas desventuras son evidentes: Haití, es el país más pobre de América, en cambio, el Chocó es el departamento más pobre de Colombia, en ambos casos más de las dos terceras partes de sus pobladores viven con menos de dos dólares diarios.
Mientras Haití es el país con la renta Per cápita es la más baja del continente, el Chocó, el departamento con la tasa de renta más baja de Colombia. En consecuencia, son dos territorios con una pobreza endémica por altos índices de desempleo, analfabetismo y desnutrición, grandes deficiencia en atención en salud y en cobertura en servicios básicos e infraestructura, amén de otro cúmulo de penalidades que afectan la calidad de vida de haitianos y chocoanos.
Ahora, más allá de las causas externas del atraso y la pobreza de haitianos y chocoanos, también han sido evidentes las causas internas que han incidido en los paupérrimos niveles de desarrollo de ambos pueblos, las cuales resumimos entre otros motivos a las nefastas segregación raciales, a la ineficiencia y la corrupción en la administración pública y, por ende, a las peculiares maneras de asumir el manejo de los asuntos públicos.
En el caso de Haití las rivalidades raciales entre las elites negra y mulata han tenido consecuencias desastrosas sobre la economía y el desarrollo. Desde su independencia el poder ha estado al vaivén de las disputas de estas elites, en el siglo XIX durante más de 60 años hubo un dominio de la elite mulata y desde finales del siglo XIX hasta 1915 una férrea hegemonía de la elite negra.
Pero a partir de la invasión norteamericana en 1915, retornaron al poder los mulatos hasta 1946. Su poder naufragó cuando el dictador Elie Lescot profirió medidas draconianas en contra de los negros que generaron protestas que precipitaron su derrocamiento. Cuartelazo que permitió el ascenso al poder Dumarsais Estimé, dictador de la elite negra, que corrió la misma suerte que su antecesor por su política segregacionista. Idéntico destino corrió el sátrapa Paúl Magloire, quién fue depuesto por las inconformidades de la elite negra y tras su derrocamiento asumió el poder la hegemonía de los tiranos de los Duvalier (padre e hijo) de 1957 a 1986.
Pese a que la caída de “Baby Doc”, obligó a promulgar una nueva Constitución que reglamento los partidos políticos, continúan sutilmente los disputas políticas basada en el color de la piel, en donde, tanto la elite negra como la mulata utilizan diversas banderas demagógicas para controlar el poder. A pesar que Jean Bertrand Aristide, fue el primer mandatario elegido democráticamente en la historia del país, en 1991, meses después fue derrocado.
Por esos enfrentamientos étnicos sólo seis presidentes han concluidos sus mandatos, dos en el siglo XIX, tres en el siglo XX y uno en este milenio, el actual mandatario René Préval. Por las limitaciones del espacio en mi próximo comentario me referiré a las disputas por el poder entre las elites negra y mulata en el Chocó, la endogamia y la discriminación racial entre los mismos negros chocoanos y su impacto en el desarrollo de la región.
Por José E. Mosquera
Estudiando los fenómenos del atraso y la pobreza en Haití, y desde luego, los efectos que han tenido en su desarrollo las disputas por el poder entre las elites negra y mulata he encontrado analogías con lo que pasa en regiones como el Chocó. Por supuesto que respetando determinadas particularidades históricas, políticas, religiosas, sociales y culturales de los dos pueblos.A veces las comparaciones generan señalamientos infundados. Pero en otras revelan coincidencias que ameritan ser examinadas sobre lo que he llamado la “haitianización” del Chocó. Haití y el Chocó, a pesar que fueron colonizados por potencias europeas diferentes, tienen en común varias cosas. Por un lado, la mayoría de sus habitantes son descendientes de esclavos. Por el otro, han tenido una historia trágica de hambre, pobreza y exclusión. Igual que un extraordinario gusto por la música, ancestrales creencias en hechicerías y un arraigado odio racial entre negros y mulatos, entre otras similitudes.
Tanto en Haití como en el Chocó, siglos después del fin del régimen colonial y de la esclavitud, la mayoría de sus pobladores siguen viviendo como esclavos de la desdicha. Las estadísticas sobre sus históricas desventuras son evidentes: Haití, es el país más pobre de América, en cambio, el Chocó es el departamento más pobre de Colombia, en ambos casos más de las dos terceras partes de sus pobladores viven con menos de dos dólares diarios.
Mientras Haití es el país con la renta Per cápita es la más baja del continente, el Chocó, el departamento con la tasa de renta más baja de Colombia. En consecuencia, son dos territorios con una pobreza endémica por altos índices de desempleo, analfabetismo y desnutrición, grandes deficiencia en atención en salud y en cobertura en servicios básicos e infraestructura, amén de otro cúmulo de penalidades que afectan la calidad de vida de haitianos y chocoanos.
Ahora, más allá de las causas externas del atraso y la pobreza de haitianos y chocoanos, también han sido evidentes las causas internas que han incidido en los paupérrimos niveles de desarrollo de ambos pueblos, las cuales resumimos entre otros motivos a las nefastas segregación raciales, a la ineficiencia y la corrupción en la administración pública y, por ende, a las peculiares maneras de asumir el manejo de los asuntos públicos.
En el caso de Haití las rivalidades raciales entre las elites negra y mulata han tenido consecuencias desastrosas sobre la economía y el desarrollo. Desde su independencia el poder ha estado al vaivén de las disputas de estas elites, en el siglo XIX durante más de 60 años hubo un dominio de la elite mulata y desde finales del siglo XIX hasta 1915 una férrea hegemonía de la elite negra.
Pero a partir de la invasión norteamericana en 1915, retornaron al poder los mulatos hasta 1946. Su poder naufragó cuando el dictador Elie Lescot profirió medidas draconianas en contra de los negros que generaron protestas que precipitaron su derrocamiento. Cuartelazo que permitió el ascenso al poder Dumarsais Estimé, dictador de la elite negra, que corrió la misma suerte que su antecesor por su política segregacionista. Idéntico destino corrió el sátrapa Paúl Magloire, quién fue depuesto por las inconformidades de la elite negra y tras su derrocamiento asumió el poder la hegemonía de los tiranos de los Duvalier (padre e hijo) de 1957 a 1986.
Pese a que la caída de “Baby Doc”, obligó a promulgar una nueva Constitución que reglamento los partidos políticos, continúan sutilmente los disputas políticas basada en el color de la piel, en donde, tanto la elite negra como la mulata utilizan diversas banderas demagógicas para controlar el poder. A pesar que Jean Bertrand Aristide, fue el primer mandatario elegido democráticamente en la historia del país, en 1991, meses después fue derrocado.
Por esos enfrentamientos étnicos sólo seis presidentes han concluidos sus mandatos, dos en el siglo XIX, tres en el siglo XX y uno en este milenio, el actual mandatario René Préval. Por las limitaciones del espacio en mi próximo comentario me referiré a las disputas por el poder entre las elites negra y mulata en el Chocó, la endogamia y la discriminación racial entre los mismos negros chocoanos y su impacto en el desarrollo de la región.
Por José E. Mosquera



Comentarios
No considerarnos minorías como nos hacen creer en los "papeles" y en los medios de comunicación, por que los negros ya no somos un pueblo de esclavos ubicados en palenque (del kimbundu: kilombo), entonces fuimos minorías. Hoy somos ciudadanos colombianos con igualdad de derechos, con ideas