Territorio Chocoano Noticias - Quibdó (Chocó)

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May 22nd
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Sacar el frío del cuerpo

George es biólogo. A pesar de su nombre extranjero, es ante todo y como otros muchos, orgulloso afro-descendiente chocoano. Su herencia genética y cultural se ha fundido en una convulsiva y aislada historia de siglos. Es un conocedor innato de su selva, y su oficio de entusiasta guía ecológico es, por así decirlo, casi instintivo.
Por ello afirma que chocó y pipilongo, lo mismo que la nuez cabez’enegro, entre otras muchas plantas,  ‘sacan el frío del cuerpo’. Una expresión exótica para un profesional de las ciencias, que traducida a términos técnicos equivaldría a ‘vasodilatador’. Las tres especies, pues, poseen los desconocidos principios naturales de un fármaco de múltiples usos y beneficios. Y son apenas tres de las miles sin reconocer aún, cuyos secretos reposan tanto en las mentes y culturas locales, como en la ecología, la bioquímica y la genética del Chocó.
Mientras George se dedica a su fascinante oficio, amenazado por masivos programas de ganadería, siembra de palma africana y la arrasadora minería ilegal, a 8.500 km de distancia se ha publicado un importante manifiesto a su favor. Y a favor del Chocó y del futuro de Colombia. El ‘Consejo Nuffield de Bioética’ en Londres, un prestigioso centro de orientación pública en materia de biodiversidad y biotecnología, ha dado a conocer un informe sobre asuntos éticos en el negocio de los biocombustibles. Reconociendo la extraordinaria relevancia de las bioenergías en épocas de calentamiento global y crisis nucleares, también reconoce que la demanda de los combustibles de origen vegetal por parte de la Unión Europea, ejerce una presión enorme sobre los países como el nuestro. Quienes, por una parte visualizan nuevas y muy atractivas fuentes de empleo e ingreso, pero por la otra incentivan complejos procesos de destrucción de biodiversidad, desplazamiento de poblaciones indígenas y pérdida de conocimientos valiosos y ancestrales.
En su informe, el Consejo delinea los requerimientos que, tarde o temprano, exigirán los países europeos, tradicionalmente líderes en estos asuntos, a los exportadores de biocombustibles. Exigencias que se aplican cada vez más a otros renglones económicos como café y chocolate, carne y flores, hierbas aromáticas y bananos: protección a la biodiversidad, reducida huella de carbón y agua,  amparo de poblaciones indígenas, equidad de género, entre otras. No cabe duda que la opinión pública europea apoyará estas propuestas y que las legislaciones las incorporarán pronto a sus articulados. A las decisiones de nuestro socio TLC Unión Europea le seguirán, inevitablemente, otro socio, los Estados Unidos.
¿Estamos preparados? ¿Tendremos tiempo de explorar respetuosamente los saberes de George y sus gentes antes de que desaparezcan? ¿Habrá oportunidad para cumplir con una obligación que nos impone la Justicia tanto como la historia a favor de regiones como el Chocó? ¿Se planteará el debate entre oro, ganado y palma, por una parte, con biodiversidad sostenible por la otra, como mutuamente excluyentes e intolerables?
Para responder tantos interrogantes tan fundamentales en un plazo breve, habrá que sacarnos, pues, ‘el frío del cuerpo’, esa interna constricción de nuestras venas y arterias del conocimiento. Habrá que buscar aliados internacionales e invertir generosa y sistemáticamente en investigación. Una ardua y urgente tarea que exige visión de largo plazo e indeclinable compromiso.  Un mensaje para Colciencias, entre otros.
Por Joachim Hahn, columnista de El Heraldo
joachimGeorge es biólogo. A pesar de su nombre extranjero, es ante todo y como otros muchos, orgulloso afro-descendiente chocoano. Su herencia genética y cultural se ha fundido en una convulsiva y aislada historia de siglos. Es un conocedor innato de su selva, y su oficio de entusiasta guía ecológico es, por así decirlo, casi instintivo.

Por ello afirma que chocó y pipilongo, lo mismo que la nuez cabez’enegro, entre otras muchas plantas,  ‘sacan el frío del cuerpo’. Una expresión exótica para un profesional de las ciencias, que traducida a términos técnicos equivaldría a ‘vasodilatador’. Las tres especies, pues, poseen los desconocidos principios naturales de un fármaco de múltiples usos y beneficios. Y son apenas tres de las miles sin reconocer aún, cuyos secretos reposan tanto en las mentes y culturas locales, como en la ecología, la bioquímica y la genética del Chocó.

Mientras George se dedica a su fascinante oficio, amenazado por masivos programas de ganadería, siembra de palma africana y la arrasadora minería ilegal, a 8.500 km de distancia se ha publicado un importante manifiesto a su favor. Y a favor del Chocó y del futuro de Colombia. El ‘Consejo Nuffield de Bioética’ en Londres, un prestigioso centro de orientación pública en materia de biodiversidad y biotecnología, ha dado a conocer un informe sobre asuntos éticos en el negocio de los biocombustibles. Reconociendo la extraordinaria relevancia de las bioenergías en épocas de calentamiento global y crisis nucleares, también reconoce que la demanda de los combustibles de origen vegetal por parte de la Unión Europea, ejerce una presión enorme sobre los países como el nuestro. Quienes, por una parte visualizan nuevas y muy atractivas fuentes de empleo e ingreso, pero por la otra incentivan complejos procesos de destrucción de biodiversidad, desplazamiento de poblaciones indígenas y pérdida de conocimientos valiosos y ancestrales.

En su informe, el Consejo delinea los requerimientos que, tarde o temprano, exigirán los países europeos, tradicionalmente líderes en estos asuntos, a los exportadores de biocombustibles. Exigencias que se aplican cada vez más a otros renglones económicos como café y chocolate, carne y flores, hierbas aromáticas y bananos: protección a la biodiversidad, reducida huella de carbón y agua,  amparo de poblaciones indígenas, equidad de género, entre otras. No cabe duda que la opinión pública europea apoyará estas propuestas y que las legislaciones las incorporarán pronto a sus articulados. A las decisiones de nuestro socio TLC Unión Europea le seguirán, inevitablemente, otro socio, los Estados Unidos.

¿Estamos preparados? ¿Tendremos tiempo de explorar respetuosamente los saberes de George y sus gentes antes de que desaparezcan? ¿Habrá oportunidad para cumplir con una obligación que nos impone la Justicia tanto como la historia a favor de regiones como el Chocó? ¿Se planteará el debate entre oro, ganado y palma, por una parte, con biodiversidad sostenible por la otra, como mutuamente excluyentes e intolerables?

Para responder tantos interrogantes tan fundamentales en un plazo breve, habrá que sacarnos, pues, ‘el frío del cuerpo’, esa interna constricción de nuestras venas y arterias del conocimiento. Habrá que buscar aliados internacionales e invertir generosa y sistemáticamente en investigación. Una ardua y urgente tarea que exige visión de largo plazo e indeclinable compromiso.  Un mensaje para Colciencias, entre otros.

Por Joachim Hahn, columnista de El Heraldo
 

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