La propuesta de la creación de la república del Chocó, independizándose de Colombia, no es más que un embeleco populista de un grupo de líderes del movimiento “Cimarrón”, uno de los tantos reductos de la nueva burocracia étnica que se ha formado con el surgimiento de las muevas microempresas electorales afrocolombianas. De hecho, es una iniciativa que no está basada en una verdadera plataforma política sobre lo que debe ser la configuración de un Estado, sino en una utopía contestataria, excluyente y poco creíble.
Una idea con la cual sus mentores distraen la opinión pública, reencauchando una vieja estratagema política, sustentada más en la atávica victimización del chocoano que en la búsqueda de una salida realista y de fondo a los niveles de marginalidad de la región.
Sin embargo, lo que más llama la atención del desatino de sus impulsores es que no se han dado cuenta de que la crisis fiscal que agobia al Chocó es monstruosa y que amerita un análisis más juicioso para resolverla, en lugar de hacer propuestas folklóricas que no conducen a nada.
La situación fiscal del Chocó, es tan grave que requiere es de menos populismo y más pragmatismo para encontrar soluciones a la quiebra de sus entes territoriales y a su creciente debilidad institucional.
Por segundo año consecutivo ocupa la última posición en el escalafón del desempeño fiscal, una situación que obedece a los desequilibrios estructurales de sus finanzas y a la falta de voluntad política de sus dirigentes.
“Junto a Córdoba, tiene uno de los endeudamientos más insostenibles de los departamentos” y, además, ostenta “los índices más altos de obligaciones, proporcionalmente a sus ingresos, debido a que por cada $100 de ingresos deben más de $100”.
Frente a este panorama tan crítico, lo más preocupante es que, ni el gobierno seccional, ni a los líderes de este despropósito y, desde luego, menos los congresistas y los otros candidatos que aspiran a las corporaciones públicas se les escuchan propuestas serias para enfrentar la crisis. Por el contrario, la mayoría se encuentran enfrascados en discusiones de mecánica política sobre cómo conformar listas para las corporaciones públicas, en las que más importancia tiene el dinero para comprar conciencia que iniciativas para superar las dificultades financieras del departamento y los municipios.
No es culpando al centralismo y a los compatriotas de otros departamentos de los problemas de la región que se encontrarán las soluciones, ya es hora de que los chocoanos se sienten a debatir sobre el papel de sus autoridades y de la sociedad en general en la crisis y cómo salir de la misma. Tampoco es apelando meramente a salidas ilusas como la de crear “la república chocoana” como se alcanzan mejores niveles de desarrollo. Se necesita de más realismo y de mejores gobernantes que administren el patrimonio público con más responsabilidad para lograr el éxito.
Ahora los impulsores del despropósito creen que han descubierto el agua tibia. Sin embargo, no son los únicos que han propuesto tamaño embeleco, tanto a finales del siglo XIX como durante el siglo XX, muchos otros lanzaron la idea de la independencia del Chocó, inclusive la otra descabellada fantasía de la anexión a Panamá.
La diferencia es que los líderes de ahora están meando más fuera del barril que los anteriores, porque, si la actual clase dirigente no ha sido capaz de administrar bien un departamento, cuyas rentas provienen del gobierno central, menos capacidad tendrán para conducir a buen puerto un Estado.
Por obvias razones la iniciativa carece de un enfoque serio, debido a que los problema del atraso, la pobreza y los aprietos fiscales no son asuntos que comprometen únicamente al gobierno central, si no a los propios chocoanos, porque no han tomado conciencia de la importancia de administrar con eficiencia la cosa pública.
En consecuencia, el mayor esfuerzo para acabar con el atraso y salir del atolladero lo tienen que hacer los mismos chocoanos. Los promotores de la “república chocoana” no pueden seguir lanzando vaguedades para alienar incautos y esconder la incompetencia, sino asumir con más sensatez y responsabilidad la administración de su departamento si de verdad quieren salir del rezagamiento.
Por José E. Mosquera
La propuesta de la creación de la república del Chocó, independizándose de Colombia, no es más que un embeleco populista de un grupo de líderes del movimiento “Cimarrón”, uno de los tantos reductos de la nueva burocracia étnica que se ha formado con el surgimiento de las muevas microempresas electorales afrocolombianas. De hecho, es una iniciativa que no está basada en una verdadera plataforma política sobre lo que debe ser la configuración de un Estado, sino en una utopía contestataria, excluyente y poco creíble. Una idea con la cual sus mentores distraen la opinión pública, reencauchando una vieja estratagema política, sustentada más en la atávica victimización del chocoano que en la búsqueda de una salida realista y de fondo a los niveles de marginalidad de la región.
Sin embargo, lo que más llama la atención del desatino de sus impulsores es que no se han dado cuenta de que la crisis fiscal que agobia al Chocó es monstruosa y que amerita un análisis más juicioso para resolverla, en lugar de hacer propuestas folklóricas que no conducen a nada.
La situación fiscal del Chocó, es tan grave que requiere es de menos populismo y más pragmatismo para encontrar soluciones a la quiebra de sus entes territoriales y a su creciente debilidad institucional.
Por segundo año consecutivo ocupa la última posición en el escalafón del desempeño fiscal, una situación que obedece a los desequilibrios estructurales de sus finanzas y a la falta de voluntad política de sus dirigentes.
“Junto a Córdoba, tiene uno de los endeudamientos más insostenibles de los departamentos” y, además, ostenta “los índices más altos de obligaciones, proporcionalmente a sus ingresos, debido a que por cada $100 de ingresos deben más de $100”.
Frente a este panorama tan crítico, lo más preocupante es que, ni el gobierno seccional, ni a los líderes de este despropósito y, desde luego, menos los congresistas y los otros candidatos que aspiran a las corporaciones públicas se les escuchan propuestas serias para enfrentar la crisis. Por el contrario, la mayoría se encuentran enfrascados en discusiones de mecánica política sobre cómo conformar listas para las corporaciones públicas, en las que más importancia tiene el dinero para comprar conciencia que iniciativas para superar las dificultades financieras del departamento y los municipios.
No es culpando al centralismo y a los compatriotas de otros departamentos de los problemas de la región que se encontrarán las soluciones, ya es hora de que los chocoanos se sienten a debatir sobre el papel de sus autoridades y de la sociedad en general en la crisis y cómo salir de la misma. Tampoco es apelando meramente a salidas ilusas como la de crear “la república chocoana” como se alcanzan mejores niveles de desarrollo. Se necesita de más realismo y de mejores gobernantes que administren el patrimonio público con más responsabilidad para lograr el éxito.
Ahora los impulsores del despropósito creen que han descubierto el agua tibia. Sin embargo, no son los únicos que han propuesto tamaño embeleco, tanto a finales del siglo XIX como durante el siglo XX, muchos otros lanzaron la idea de la independencia del Chocó, inclusive la otra descabellada fantasía de la anexión a Panamá.
La diferencia es que los líderes de ahora están meando más fuera del barril que los anteriores, porque, si la actual clase dirigente no ha sido capaz de administrar bien un departamento, cuyas rentas provienen del gobierno central, menos capacidad tendrán para conducir a buen puerto un Estado.
Por obvias razones la iniciativa carece de un enfoque serio, debido a que los problema del atraso, la pobreza y los aprietos fiscales no son asuntos que comprometen únicamente al gobierno central, si no a los propios chocoanos, porque no han tomado conciencia de la importancia de administrar con eficiencia la cosa pública.
En consecuencia, el mayor esfuerzo para acabar con el atraso y salir del atolladero lo tienen que hacer los mismos chocoanos. Los promotores de la “república chocoana” no pueden seguir lanzando vaguedades para alienar incautos y esconder la incompetencia, sino asumir con más sensatez y responsabilidad la administración de su departamento si de verdad quieren salir del rezagamiento.
Por José E. Mosquera



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