Hoy, el alto índice de desempleo en nuestro departamento, especialmente en su cabecera Quibdó (donde por diversos factores la migración anda a pasos gigantes), nos convierte en escenario perfecto para la politiquería, que con el mal manejo de lo público ha acumulado no solo riquezas y manejo en la necesidad de los vulnerables, utilizando este estiércol del diablo como motivador temporal que les permite adoptar comportamientos, aparentemente obsequiosos, en tiempo electorales.
Y con este mecanismo dadivoso poner las cosas a su favor; especialmente algunos alcaldes de turno, con la intención de seguir con el poder en la sombra o dejar impune actos administrativos, que evidencian malos manejos de lo público, y así, se convierten en los verdaderos plutócratas.
Al parecer este modo de hacer política, sí se le puede llamar política, que eclipsa todo sano afán de progreso colectivo, y se recrea en viles apetitos de mando y de enriquecimiento, ha llegado con intenciones de longevidad, desplazando los inteligentes y alcanzables planes de gobierno y emotivos discursos que entraron a hacer parte de la historia, y no compaginan con esta época actual, poniendo en lo más alto del podio la mediocridad, ya que estos tipos de gobierno tienen como componentes de identidad, la incapacidad de planificar el desarrollo de los municipios que regentan.
La corrupción, circulo burocrático, autoritarismo, el uso privado del patrimonio público, etc., aumentan la asimetría en lo socio económico, haciendo de lo de todos usufructo de pocos, y penalizan a los ciudadanos que no hacen parte de su grupo político, privilegiando a los que son de su línea afectiva.
Este adonismo contemplativo que nos recrea en el abandono y en la incapacidad de indignarse y juzgar, no es sano para la vida social, y paradójicamente, la misma enfermedad tiene el antídoto: el voto. Ejerza ese derecho, coja lo que le den, y vote por quien usted crea que en su gobierno pude sembrar la semilla de la transformación social y positiva que su pueblo necesita.
Por Jhon Carlos Buendía



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