Es vergonzoso que la capital colombiana tenga que invertir tiempo y dinero para crear conciencia en la gente de que discriminar está mal. Es vergonzoso porque este asunto de admitir y entender que los colombianos no somos una "raza" excepcional sino que, por fortuna, somos una mezcla de muchas culturas, que convivimos a diario con diferentes tipos de personas, debería ser claro desde antes de gatear.
Desde la semana pasada, y dadas las alarmantes cifras de discriminación que viven indígenas, afrocolombianos, raperos, roqueros, lesbianas, bisexuales y transgeneristas, la Alcaldía Mayor empezó a ubicar pequeñas vallas en toda la ciudad con la frase: "Estoy en tu sangre, no discrimines".
Cómo es posible que según datos de la Dirección de Diversidad Sexual de la Secretaría de Planeación, recolectados durante 2010, el 19.8% de las 1.213 personas encuestadas, señalaran que lesbianas, gais, bisexuales y transgeneristas son un riesgo para la comunidad cuando, según la misma encuesta, el 46.26% de los encuestados no ha hablado alguna vez con estas personas. Aquí se evidencia parte del problema. "Cuando uno habla con el otro corre el riesgo de entenderlo", decía mi padre, esa es la virtud de la comunicación. Si yo no conozco al otro, que es distinto a mí y piensa de otra manera, jamás podré saber más de él y seguiré siendo un pobre diablo perdido en mis elucubraciones, seguiré creyendo los rumores, lo que se dice del otro y me convenceré a mí mismo de que yo soy más importante que un indígena o un negro cuando en realidad todos somos seres humanos.
Hace muchos años un profesor amigo mío que trabajó mucho tiempo con comunidades indígenas me contó que en cierta ocasión un blanco explorador le preguntó a un huitoto a qué raza pertenecía él. Y el huitoto, con esa sabiduría que la selva le ha concedido, respondió: "Yo pertenezco a la raza humano, no sé usted".
Me duele este tipo de campañas porque siento que desde las guerras de independencia hasta ahora no hemos avanzado mucho, seguimos comportándonos con la misma vulgaridad que criticamos tanto de los colonos. No hemos podido consolidar un país que respeta su diversidad. Mientras eso no ocurra seguiremos añorando la "tranquila" vida del francés, la "lujosa" vida del inglés, la "holgada" vida del norteamericano. Los lugares comunes de siempre que no aportan mucho a la identidad.
El estudio también dice que el 11.91% de las personas entrevistadas no asiste a establecimientos educativos debido a su orientación sexual o identidad de género; y del 30% de personas que expresan haber sido agredidas física y psicológicamente en el sistema educativo, 66.37% considera que es debido a su orientación sexual o de género.
Tal vez por eso es que valoro enormemente esfuerzos que hacen universidades libre pensadoras como el Externado en Bogotá, por ejemplo, la cual cada semestre beca un grupo considerable de miembros de comunidades indígenas como guambianos, wayuu, koguis, huitotos, entre otros, para que estudien y hagan parte de una comunidad académica. Es maravilloso verlos con sus trajes típicos en clase, pero es mucho más admirable verlos trabajar con negros, mestizos y extranjeros que, por lo que he podido ver, también tienen cabeza, hombros, rodillas y pies, al igual que los raperos, roqueros, lesbianas, bisexuales y transgeneristas.
Por Diego Aristizábal, columnista de El Colombiano
Es vergonzoso que la capital colombiana tenga que invertir tiempo y dinero para crear conciencia en la gente de que discriminar está mal. Es vergonzoso porque este asunto de admitir y entender que los colombianos no somos una "raza" excepcional sino que, por fortuna, somos una mezcla de muchas culturas, que convivimos a diario con diferentes tipos de personas, debería ser claro desde antes de gatear.Desde la semana pasada, y dadas las alarmantes cifras de discriminación que viven indígenas, afrocolombianos, raperos, roqueros, lesbianas, bisexuales y transgeneristas, la Alcaldía Mayor empezó a ubicar pequeñas vallas en toda la ciudad con la frase: "Estoy en tu sangre, no discrimines".
Cómo es posible que según datos de la Dirección de Diversidad Sexual de la Secretaría de Planeación, recolectados durante 2010, el 19.8% de las 1.213 personas encuestadas, señalaran que lesbianas, gais, bisexuales y transgeneristas son un riesgo para la comunidad cuando, según la misma encuesta, el 46.26% de los encuestados no ha hablado alguna vez con estas personas. Aquí se evidencia parte del problema. "Cuando uno habla con el otro corre el riesgo de entenderlo", decía mi padre, esa es la virtud de la comunicación. Si yo no conozco al otro, que es distinto a mí y piensa de otra manera, jamás podré saber más de él y seguiré siendo un pobre diablo perdido en mis elucubraciones, seguiré creyendo los rumores, lo que se dice del otro y me convenceré a mí mismo de que yo soy más importante que un indígena o un negro cuando en realidad todos somos seres humanos.
Hace muchos años un profesor amigo mío que trabajó mucho tiempo con comunidades indígenas me contó que en cierta ocasión un blanco explorador le preguntó a un huitoto a qué raza pertenecía él. Y el huitoto, con esa sabiduría que la selva le ha concedido, respondió: "Yo pertenezco a la raza humano, no sé usted".
Me duele este tipo de campañas porque siento que desde las guerras de independencia hasta ahora no hemos avanzado mucho, seguimos comportándonos con la misma vulgaridad que criticamos tanto de los colonos. No hemos podido consolidar un país que respeta su diversidad. Mientras eso no ocurra seguiremos añorando la "tranquila" vida del francés, la "lujosa" vida del inglés, la "holgada" vida del norteamericano. Los lugares comunes de siempre que no aportan mucho a la identidad.
El estudio también dice que el 11.91% de las personas entrevistadas no asiste a establecimientos educativos debido a su orientación sexual o identidad de género; y del 30% de personas que expresan haber sido agredidas física y psicológicamente en el sistema educativo, 66.37% considera que es debido a su orientación sexual o de género.
Tal vez por eso es que valoro enormemente esfuerzos que hacen universidades libre pensadoras como el Externado en Bogotá, por ejemplo, la cual cada semestre beca un grupo considerable de miembros de comunidades indígenas como guambianos, wayuu, koguis, huitotos, entre otros, para que estudien y hagan parte de una comunidad académica. Es maravilloso verlos con sus trajes típicos en clase, pero es mucho más admirable verlos trabajar con negros, mestizos y extranjeros que, por lo que he podido ver, también tienen cabeza, hombros, rodillas y pies, al igual que los raperos, roqueros, lesbianas, bisexuales y transgeneristas.
Por Diego Aristizábal, columnista de El Colombiano



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