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May 22nd
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Gobernadores y alcaldes promisorios

Arrancaron los nuevos alcaldes y gobernadores en un escenario nuevo en términos de recursos presupuestales por cuenta de la recién aprobada Ley de Regalías y la capacidad de movilización y presión ciudadana.
La desafortunada experiencia de Bogotá mostró el poder de la gente cuando asume un rol activo de vigilancia, con denuncias que pueden convertirse en detonantes judiciales contra gobernantes incompetentes o corruptos, como se fue el caso de Samuel Moreno y  otros  que terminaron detenidos.
Queda claro que es en el escenario local donde se definen las transformaciones concretas que afectan la vida de las comunidades. Las elecciones de octubre dejaron una buena camada de gobernadores y alcaldes en las capitales de departamento que podrían ser fuerzas transformadoras en las regiones.
Aquí van mis apuestas para quienes podrían resultar buenos gobernantes en el período que comienza. Para empezar, son varias las dupletas promisorias. Aníbal Gaviria, alcalde de Medellín, y Sergio Fajardo, gobernador de Antioquia. Harold Guerrero, alcalde de Pasto, y Raúl Delgado, gobernador de Nariño. Elsa Noguera, alcaldesa de Barranquilla, y José Antonio Segrebe, gobernador del Atlántico. Zulia Mena, alcaldesa de Quibdó, y Luis Gilberto Murillo, gobernador del Chocó, tienen la oportunidad de enterrar la corrupción y la incompetencia que han devastado las arcas municipales y departamentales. Un par de líderes conocedores de su región con años de trabajo comunitario, conectados con las organizaciones de afros en el mundo y que pueden darle un aire nunca visto en la región.
Pero además de estas dupletas, otros gobernantes locales pueden generar dinámicas transformadores respecto de las realidades que reciben: Gustavo Petro, como alcalde de Bogotá, llega a tomar las riendas de una ciudad desencantada y sumida en la desconfianza hacia los gobernantes.
Rodrigo Guerrero podría devolverle a Cali la credibilidad perdida hacia la gestión pública y servir de puente entre los distintos sectores que llevan años repelándose.
Si Carlos Caicedo, el nuevo alcalde de Santa Marta, elegido en contravía de la clase política tradicional, logra los resultados obtenidos en sus diez años de exitosa rectoría en la Universidad del Magdalena, habrá conseguido despertar a una ciudad con buen presupuesto pero aletargada por la politiquería .
Temístocles Ortega llega a la Gobernación del Cauca con un importante apoyo indígena y una adhesión tardía de grupos liberales y conservadores que le permitirá bajar las tensiones entre los distintos grupos sociales enfrentados durante décadas. No en vano centró su discurso de posesión en un Cauca escenario de convivencia pacífica.
Al gobernador del Meta, Alan Jara, lo transformaron los ocho  años de secuestro. Era un político tradicional que ahora habla en un lenguaje nuevo y de unos temas que le eran ajenos. Tendrá para probar la verdad de este cambio en el manejo de una región que debe asumir los desafíos que le impone la riqueza de su subsuelo y que hasta ahora le ha dejado más problemas que beneficios.
Faltaría el inventario de los pequeños municipios donde debe haber más de un líder con compromiso y capacidad de ejecución. La suerte está echada. Y sólo el tiempo lo dirá.
Por María Elvira Bonilla, columnista de El Espectador
maria bonillaArrancaron los nuevos alcaldes y gobernadores en un escenario nuevo en términos de recursos presupuestales por cuenta de la recién aprobada Ley de Regalías y la capacidad de movilización y presión ciudadana.

La desafortunada experiencia de Bogotá mostró el poder de la gente cuando asume un rol activo de vigilancia, con denuncias que pueden convertirse en detonantes judiciales contra gobernantes incompetentes o corruptos, como se fue el caso de Samuel Moreno y  otros  que terminaron detenidos.

Queda claro que es en el escenario local donde se definen las transformaciones concretas que afectan la vida de las comunidades. Las elecciones de octubre dejaron una buena camada de gobernadores y alcaldes en las capitales de departamento que podrían ser fuerzas transformadoras en las regiones.

Aquí van mis apuestas para quienes podrían resultar buenos gobernantes en el período que comienza. Para empezar, son varias las dupletas promisorias. Aníbal Gaviria, alcalde de Medellín, y Sergio Fajardo, gobernador de Antioquia. Harold Guerrero, alcalde de Pasto, y Raúl Delgado, gobernador de Nariño. Elsa Noguera, alcaldesa de Barranquilla, y José Antonio Segrebe, gobernador del Atlántico. Zulia Mena, alcaldesa de Quibdó, y Luis Gilberto Murillo, gobernador del Chocó, tienen la oportunidad de enterrar la corrupción y la incompetencia que han devastado las arcas municipales y departamentales. Un par de líderes conocedores de su región con años de trabajo comunitario, conectados con las organizaciones de afros en el mundo y que pueden darle un aire nunca visto en la región.

Pero además de estas dupletas, otros gobernantes locales pueden generar dinámicas transformadores respecto de las realidades que reciben: Gustavo Petro, como alcalde de Bogotá, llega a tomar las riendas de una ciudad desencantada y sumida en la desconfianza hacia los gobernantes.

Rodrigo Guerrero podría devolverle a Cali la credibilidad perdida hacia la gestión pública y servir de puente entre los distintos sectores que llevan años repelándose.

Si Carlos Caicedo, el nuevo alcalde de Santa Marta, elegido en contravía de la clase política tradicional, logra los resultados obtenidos en sus diez años de exitosa rectoría en la Universidad del Magdalena, habrá conseguido despertar a una ciudad con buen presupuesto pero aletargada por la politiquería .

Temístocles Ortega llega a la Gobernación del Cauca con un importante apoyo indígena y una adhesión tardía de grupos liberales y conservadores que le permitirá bajar las tensiones entre los distintos grupos sociales enfrentados durante décadas. No en vano centró su discurso de posesión en un Cauca escenario de convivencia pacífica.

Al gobernador del Meta, Alan Jara, lo transformaron los ocho  años de secuestro. Era un político tradicional que ahora habla en un lenguaje nuevo y de unos temas que le eran ajenos. Tendrá para probar la verdad de este cambio en el manejo de una región que debe asumir los desafíos que le impone la riqueza de su subsuelo y que hasta ahora le ha dejado más problemas que beneficios.

Faltaría el inventario de los pequeños municipios donde debe haber más de un líder con compromiso y capacidad de ejecución. La suerte está echada. Y sólo el tiempo lo dirá.

Por María Elvira Bonilla, columnista de El Espectador

 

Comentarios 

 
0 #1 EL IROSEÑO 14-01-2012 10:44
Como iroseño que soy y de pura cepa, lo sucedido en las pasadas elecciones del 30 de octubre es un axioma de la corrupción reinante que impera en ese municipio de nadies. Hay que alertar a las autoridades de control, a la Dirección Nal.
Anticorrupción para que en su desempeño de buenos oficios hagan una investigación exhaustiva, para dicho ente no vaya a desaparecer. Ayúdennos a conservarlo.
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