Territorio Chocoano Noticias - Quibdó (Chocó)

Tuesday
May 22nd
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Calidad de vida

El ‘desarrollo moderno’, con sus supuestas comodidades, se confunde con calidad de vida, ¡Qué lejos de la realidad! Sólo ha traído infelicidad y desespero.
Nos han vendido un mundo que gira alrededor del consumo desmedido que con su velocidad, su tecnología y cibernética, no da cabida para lo natural, lo simple y lo básico. No tenemos sosiego para mirar a nuestro hijos crecer y siempre estamos corriendo, el tiempo no nos alcanza, trabajando hasta tarde, inclusive los fines de semana, siempre queriendo tener más para no quedarnos atrás de nuestros amigos, vecinos y enemigos. La envidia es algo que promueve nuestro sistema y la vemos con nuestros hijos en los comerciales y novelas de la Tv. Siempre queriendo tener más, insatisfechos hasta de nuestra propia figura. ¡Qué locura!
Hay dos casos que recuerdo cuando pienso en este tema. El primero, lo que pasó en los 70 en el río Jurubira del Chocó. En sus riveras vivían en prosperidad los emberas, cada familia en su tambo redondo a una distancia prudente del otro, donde siempre había abundancia, frutas, plátanos y pescado ahumado para que también los visitantes se satisficieran. El gobierno de turno decidió que había que ayudar a los pobres “indiecitos” y les construyó un pueblo con centro de salud y escuela de cemento y los hacinó allí.
Después llegarían la miseria, el hambre, el alcoholismo y sus Haibanas se volvieron pastores evangélicos. Todo cambió, ya no saben cazar y viven de vender artesanías a lo ‘paisa’, a los turistas que los visitan. Aclaro, en los años recientes algunos intentan volver a sus raíces y los jóvenes retomar su conocimiento ancestral.
El segundo caso es la visita del presidente Uribe a los territorios Arhuacos de la Sierra Nevada para promover la construcción de una represa que llevaría “desarrollo y prosperidad” a la región. Su discurso es interrumpido por Kandy Mako, líder del pueblo Arhuaco, sociólogo de la Universidad Nacional que le pregunta al señor Presidente si se refiere al desarrollo que él vio en las ciudades del hombre blanco donde en cada esquina hay un mendigo, mientras que en Nabusimake, el pueblo donde estaban no hay un sólo habitante sin techo y comida. Que si a ese tipo de desarrollo se refería, los arhuacos no estaban interesados.
La fiebre del oro, los Blackberrys, las viviendas apretadas, la moda, la necesidad de cambiar de carro, las cirugías estéticas e ‘hijuemil’ cosas más, deterioran la calidad de vida que se consigue en las cosas más pequeñas y simples. Hay que bajarle las revoluciones y volver a lo básico, dejar atrás tanta cosa innecesaria, disfrutar sin afanes de lo natural, del aire fresco, de la yerba y el sol.
¡Que vivan los ríos, que viva el verde!
Por Micky Calero, columnista de El País
Micky CaleroEl ‘desarrollo moderno’, con sus supuestas comodidades, se confunde con calidad de vida, ¡Qué lejos de la realidad! Sólo ha traído infelicidad y desespero.

Nos han vendido un mundo que gira alrededor del consumo desmedido que con su velocidad, su tecnología y cibernética, no da cabida para lo natural, lo simple y lo básico. No tenemos sosiego para mirar a nuestro hijos crecer y siempre estamos corriendo, el tiempo no nos alcanza, trabajando hasta tarde, inclusive los fines de semana, siempre queriendo tener más para no quedarnos atrás de nuestros amigos, vecinos y enemigos. La envidia es algo que promueve nuestro sistema y la vemos con nuestros hijos en los comerciales y novelas de la Tv. Siempre queriendo tener más, insatisfechos hasta de nuestra propia figura. ¡Qué locura!

Hay dos casos que recuerdo cuando pienso en este tema. El primero, lo que pasó en los 70 en el río Jurubira del Chocó. En sus riveras vivían en prosperidad los emberas, cada familia en su tambo redondo a una distancia prudente del otro, donde siempre había abundancia, frutas, plátanos y pescado ahumado para que también los visitantes se satisficieran. El gobierno de turno decidió que había que ayudar a los pobres “indiecitos” y les construyó un pueblo con centro de salud y escuela de cemento y los hacinó allí.

Después llegarían la miseria, el hambre, el alcoholismo y sus Haibanas se volvieron pastores evangélicos. Todo cambió, ya no saben cazar y viven de vender artesanías a lo ‘paisa’, a los turistas que los visitan. Aclaro, en los años recientes algunos intentan volver a sus raíces y los jóvenes retomar su conocimiento ancestral.

El segundo caso es la visita del presidente Uribe a los territorios Arhuacos de la Sierra Nevada para promover la construcción de una represa que llevaría “desarrollo y prosperidad” a la región. Su discurso es interrumpido por Kandy Mako, líder del pueblo Arhuaco, sociólogo de la Universidad Nacional que le pregunta al señor Presidente si se refiere al desarrollo que él vio en las ciudades del hombre blanco donde en cada esquina hay un mendigo, mientras que en Nabusimake, el pueblo donde estaban no hay un sólo habitante sin techo y comida. Que si a ese tipo de desarrollo se refería, los arhuacos no estaban interesados.

La fiebre del oro, los Blackberrys, las viviendas apretadas, la moda, la necesidad de cambiar de carro, las cirugías estéticas e ‘hijuemil’ cosas más, deterioran la calidad de vida que se consigue en las cosas más pequeñas y simples. Hay que bajarle las revoluciones y volver a lo básico, dejar atrás tanta cosa innecesaria, disfrutar sin afanes de lo natural, del aire fresco, de la yerba y el sol.

¡Que vivan los ríos, que viva el verde!

Por Micky Calero, columnista de El País
 

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