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May 22nd
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Ensalada de matrimonios

Cuando yo me casé aquí con un periodista que no era mexicano ni latino a nadie le llamó la atención la diferencia de raza, ni de culturas. Ni mi familia, ni mis amigos y mucho menos la autoridad, tuvo ninguna objeción. O al menos nadie me lo hizo saber.
Pero esa aceptación a los matrimonios interraciales no siempre existió. De hecho en 1961,  cuando la madre blanca del presidente Barack Obama se casó con su padre, un hombre africano de raza negra, los matrimonios interraciales eran escasos y sólo se daba uno por cada mil. Además eran totalmente prohibidos por la ley en quince estados y donde se permitían legalmente, de todas maneras eran considerados tabú.
No hay duda que las cosas en Estados Unidos han cambiado. En la actualidad se estima que uno de cada seis estadounidenses está totalmente de acuerdo con el matrimonio entre personas de distintas razas y diferente color de piel. Y no sólo eso, sino que cifras recabadas en 2008 dejan ver que uno de cada siete de los matrimonios efectuados se realizó entre parejas con diferente etnia.
La cifra, producto de un estudio del centro de investigación Pew  que analizó matrimonios entre blancos, negros, asiáticos y latinos,  indica que hoy día los matrimonios interraciales se han duplicado, si los comparamos con los que se llevaban a cabo en 1980 y son seis veces más numerosos que los que se registraban en los años 60.
Se estima que de los 3.8 millones de estadounidenses que se casaron en 2008, 9% los de raza blanca, 16% los de raza negra, 31% de los asiáticos y 26% de los hispanos lo hicieron con alguien que pertenecía a una raza diferente a la suya. Las uniones más comunes y numerosas fueron entre anglosajones y latinos.
El cambio de actitud y el notable aumento en este tipo de uniones ha despertado un debate entre los estudiosos del tema que discuten si la mezcla de razas y culturas dará lugar a generaciones futuras con una identidad única y totalmente estadounidense, o si cada grupo conservará su etnia, opción por la que se inclinan muchos expertos.
Desde luego hay quienes no están de acuerdo en que el matrimonio interracial sea un paso que lleva a la asimilación de otra cultura y tampoco falta quien se preocupe por la posibilidad de que la mayoría de la población, es decir el 66%, dejará de ser rubia en el futuro, perdiéndose así lo que ellos llaman los valores anglo protestantes y las tradiciones que identifican a este país.
Por cierto que el autor intelectual de esa teoría es el ya fallecido Samuel Huntington, aquel  controvertido catedrático de la universidad de Harvard, que en 2004 escribió el  libro Quienes somos, en el que mostraba aterrorizado la posibilidad de un Estados Unidos con dos idiomas: español e inglés.
Claro que también hay quienes dicen no preocuparse ni creer que este país sea una mezcla de razas y culturas, como el investigador social de la universidad de Cornell, Daniel Lichter, quien asegura que menos del 5% de los anglosajones que se casan lo hacen con alguien que no sea de su mismo grupo étnico.
Sin embargo, analistas partidarios de la inmigración consideran que tarde o temprano los anglosajones serán una minoría en este país, si se toma en cuenta que cifras preliminares del último censo indican que el 48.6% de los bebés nacidos en los últimos dos años son de padres de minorías, incluyendo a los hispanos.
La población de Estados Unidos alcanzó los 300 millones en octubre pasado y se estima que llegará a ser de 350 millones para el 2025. Mientras que las poblaciones de otros países que son su competencia, tales como Alemania, el Reino Unido y Japón han tenido una considerable disminución en la taza de nacimientos, siendo Rusia de los países donde más ha bajado, con 6.6 millones menos desde 1995.
El crecimiento de la población en Estados Unidos se atribuye en un 80% a las minorías, lo cual, según el centro de estudios Brookings, hace a este país una nación “demográficamente agraciada”.
Lo malo es que con la población también están creciendo las desigualdades económicas, sociales y sobre todo educativas. Hoy día 50% de los asiáticos y 31% de los ciudadanos de raza blanca tienen educación universitaria, mientras que sólo el 18% de los de raza negra y 13% de los hispanos han tenido esa oportunidad.
Fuente: Crónica de México
Concepción BadilloCuando yo me casé aquí con un periodista que no era mexicano ni latino a nadie le llamó la atención la diferencia de raza, ni de culturas. Ni mi familia, ni mis amigos y mucho menos la autoridad, tuvo ninguna objeción. O al menos nadie me lo hizo saber.

Pero esa aceptación a los matrimonios interraciales no siempre existió. De hecho en 1961, cuando la madre blanca del presidente Barack Obama se casó con su padre, un hombre africano de raza negra, los matrimonios interraciales eran escasos y sólo se daba uno por cada mil. Además eran totalmente prohibidos por la ley en quince estados y donde se permitían legalmente, de todas maneras eran considerados tabú.

No hay duda que las cosas en Estados Unidos han cambiado. En la actualidad se estima que uno de cada seis estadounidenses está totalmente de acuerdo con el matrimonio entre personas de distintas razas y diferente color de piel. Y no sólo eso, sino que cifras recabadas en 2008 dejan ver que uno de cada siete de los matrimonios efectuados se realizó entre parejas con diferente etnia.

La cifra, producto de un estudio del centro de investigación Pew  que analizó matrimonios entre blancos, negros, asiáticos y latinos,  indica que hoy día los matrimonios interraciales se han duplicado, si los comparamos con los que se llevaban a cabo en 1980 y son seis veces más numerosos que los que se registraban en los años 60.

Se estima que de los 3.8 millones de estadounidenses que se casaron en 2008, 9% los de raza blanca, 16% los de raza negra, 31% de los asiáticos y 26% de los hispanos lo hicieron con alguien que pertenecía a una raza diferente a la suya. Las uniones más comunes y numerosas fueron entre anglosajones y latinos.

El cambio de actitud y el notable aumento en este tipo de uniones ha despertado un debate entre los estudiosos del tema que discuten si la mezcla de razas y culturas dará lugar a generaciones futuras con una identidad única y totalmente estadounidense, o si cada grupo conservará su etnia, opción por la que se inclinan muchos expertos.

Desde luego hay quienes no están de acuerdo en que el matrimonio interracial sea un paso que lleva a la asimilación de otra cultura y tampoco falta quien se preocupe por la posibilidad de que la mayoría de la población, es decir el 66%, dejará de ser rubia en el futuro, perdiéndose así lo que ellos llaman los valores anglo protestantes y las tradiciones que identifican a este país.

Por cierto que el autor intelectual de esa teoría es el ya fallecido Samuel Huntington, aquel  controvertido catedrático de la universidad de Harvard, que en 2004 escribió el  libro Quienes somos, en el que mostraba aterrorizado la posibilidad de un Estados Unidos con dos idiomas: español e inglés.

Claro que también hay quienes dicen no preocuparse ni creer que este país sea una mezcla de razas y culturas, como el investigador social de la universidad de Cornell, Daniel Lichter, quien asegura que menos del 5% de los anglosajones que se casan lo hacen con alguien que no sea de su mismo grupo étnico.

Sin embargo, analistas partidarios de la inmigración consideran que tarde o temprano los anglosajones serán una minoría en este país, si se toma en cuenta que cifras preliminares del último censo indican que el 48.6% de los bebés nacidos en los últimos dos años son de padres de minorías, incluyendo a los hispanos.

La población de Estados Unidos alcanzó los 300 millones en octubre pasado y se estima que llegará a ser de 350 millones para el 2025. Mientras que las poblaciones de otros países que son su competencia, tales como Alemania, el Reino Unido y Japón han tenido una considerable disminución en la taza de nacimientos, siendo Rusia de los países donde más ha bajado, con 6.6 millones menos desde 1995.

El crecimiento de la población en Estados Unidos se atribuye en un 80% a las minorías, lo cual, según el centro de estudios Brookings, hace a este país una nación “demográficamente agraciada”.

Lo malo es que con la población también están creciendo las desigualdades económicas, sociales y sobre todo educativas. Hoy día 50% de los asiáticos y 31% de los ciudadanos de raza blanca tienen educación universitaria, mientras que sólo el 18% de los de raza negra y 13% de los hispanos han tenido esa oportunidad.

Por Concepción Badillo, columnista de la Crónica de Hoy de México
 

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