Territorio Chocoano Noticias - Quibdó (Chocó)

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May 22nd
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Mosquera pluma negra

Pronto estará en las librerías el libro “Huellas Históricas”, del columnista de El Mundo, José E. Mosquera, un compendio de la tarea cotidiana de un periodista escritor, lo cual equivale a un alto grado que supera al simple comunicador de noticias. José E. Mosquera, el más connotado columnista afrodescendiente colombiano de la actualidad.
Nace en el Chocó, en un lugar, Doña Josefa, desconocido para la mayoría de nosotros, en 1966. Después de estudiar Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá, dedicó su capacidad literaria y profesional a cubrir con sus escritos la más amplia gama de periódicos y revistas nacionales y de otros países centroamericanos como Costa Rica, Honduras y Panamá.
“Huellas Históricas”, es un libro original y valiente por los temas tratados, poco usuales en los medios. Mosquera es un derribador de mitos relacionados con su raza, su entorno étnico y territorial. No le hace concesiones a las tradicionales ideas que circulan sobre la cultura devaluatoria de la comunidad racial a la que orgullosamente pertenece. Por el contrario, es un crítico de quienes se aprovechan de historias falsas para beneficios políticos particulares. Mosquera abre brechas que conducen a conocimientos distintos u ocultos que hasta hoy han desfigurado un importante conjunto de compatriotas que no merecen compasión redentora, sino admiración y apoyo ciudadano.
“Huellas Históricas” contiene aspectos precisos y diversos temas de debate nacional. El primero de ellos está relacionado con el Tapón del Darién, esa región situada en “la mejor esquina de América”, reconocida por su rica vegetación selvática y ambiental. El Tapón del Darién, que nos recuerda al conquistador Núñez de Balboa, es el obstáculo para la integración de las Américas, la del Sur, la del Centro y la del Norte, porque está interrumpida en un tramo considerable la carretera Panamericana. Ello se debe a los intereses comerciales y agropecuarios de sectores sociales y dirigentes panameños que se oponen, al igual que algunos intelectuales de izquierda bogotanos en periódicos de mucha influencia, con argumentos ecológicos éstos, con argumentos anti guerrilleros y estratégicos aquellos. Mosquera demuestra la falacia de unos y otros y señala el perjuicio que causa a ambas naciones, Colombia y Panamá, y a todos los americanos. Mosquera indica, además, el incumplimiento de acuerdos multilaterales firmados y refrendados por todos los gobiernos en los Congresos Panamericanos de Carreteras, al igual que los tratados suscritos por Colombia, Panamá y Estados Unidos.
Otro tema concomitante con lo anterior que José Mosquera asume con responsabilidad y sabiduría es el de los recursos naturales y las controversias, disputas y rapiñas internacionales. Hace referencia a los congresos mundiales donde se cocinan grandes esperanzas y devienen en frustraciones y escenarios para vedettes politiqueras, incluyendo el turismo de los oenegeros. Un señalamiento claro: las grandes compañías biotecnológicas se aprovechan de los regímenes de propiedad intelectual y patentes, al igual que los convenios de bioprospección para acceder a este tipo de riquezas milenarias para patentarlas y comercializarlas monopólicamente.
José Mosquera tiene en su catálogo temático quizás el más interesante de todos: el de la cultura popular chocoana. Destaco la historia de un mito: el presunto poeta Manuel Saturio Valencia, el último fusilado de manera legal y constitucional el 7 de mayo de 1907 en Quibdó. Este personaje ha sido “elevado a los altares de las negritudes” como mártir de la lucha racial en Colombia. Mosquera lo ubica donde debe estar: el fusilamiento de Valencia, más que un hecho de connotaciones raciales, fue en esencia un crimen político, cuyo trasfondo fue la lucha entre liberales y conservadores por el control del poder en el Chocó.
La crítica de Mosquera se dirige como flecha acusatoria contra quienes se presumen de elite intelectual de los negros. Dice: es ilógica la idea de relacionar la actividad intelectual con las condiciones raciales de un grupo de personas. El conocimiento es universal y no tiene color de piel ni condiciones étnicas. Como si fuera poco, José Mosquera enfrenta las posiciones de Manuel Zapata Olivella, antes de su fallecimiento, que se infectan de este tipo de racismo autocompasivo.
Al final de su excelente compilación, José Mosquera nos da lecciones de geografía e historia africana. Liberia, África y sus relaciones culturales y coloniales con Europa, las guerras tribales, los dictadores negros que oprimen y exterminan los pueblos negros, al igual que los esclavistas negros cazaban a sus hermanos de sangre para exportarlos y esclavizarlos en las Américas y en etapas remotas.
José E. Mosquera deja “Huellas Históricas” en este libro que camina con el filo de su palabra argumentada y crítica por los asuntos que un pensador, un auténtico intelectual colombiano, considera importantes para la opinión pública, sin tener que apelar a su condición de chocoano para pensar y para ser reconocido.
Por Jaime Jaramillo Panesso, columnista de El Mundo.
PanesoPronto estará en las librerías el libro “Huellas Históricas”, del columnista de El Mundo, José E. Mosquera, un compendio de la tarea cotidiana de un periodista escritor, lo cual equivale a un alto grado que supera al simple comunicador de noticias. José E. Mosquera, el más connotado columnista afrodescendiente colombiano de la actualidad.

Nace en el Chocó, en un lugar, Doña Josefa, desconocido para la mayoría de nosotros, en 1966. Después de estudiar Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá, dedicó su capacidad literaria y profesional a cubrir con sus escritos la más amplia gama de periódicos y revistas nacionales y de otros países centroamericanos como Costa Rica, Honduras y Panamá.

“Huellas Históricas”, es un libro original y valiente por los temas tratados, poco usuales en los medios. Mosquera es un derribador de mitos relacionados con su raza, su entorno étnico y territorial. No le hace concesiones a las tradicionales ideas que circulan sobre la cultura devaluatoria de la comunidad racial a la que orgullosamente pertenece. Por el contrario, es un crítico de quienes se aprovechan de historias falsas para beneficios políticos particulares. Mosquera abre brechas que conducen a conocimientos distintos u ocultos que hasta hoy han desfigurado un importante conjunto de compatriotas que no merecen compasión redentora, sino admiración y apoyo ciudadano.

“Huellas Históricas” contiene aspectos precisos y diversos temas de debate nacional. El primero de ellos está relacionado con el Tapón del Darién, esa región situada en “la mejor esquina de América”, reconocida por su rica vegetación selvática y ambiental. El Tapón del Darién, que nos recuerda al conquistador Núñez de Balboa, es el obstáculo para la integración de las Américas, la del Sur, la del Centro y la del Norte, porque está interrumpida en un tramo considerable la carretera Panamericana. Ello se debe a los intereses comerciales y agropecuarios de sectores sociales y dirigentes panameños que se oponen, al igual que algunos intelectuales de izquierda bogotanos en periódicos de mucha influencia, con argumentos ecológicos éstos, con argumentos anti guerrilleros y estratégicos aquellos. Mosquera demuestra la falacia de unos y otros y señala el perjuicio que causa a ambas naciones, Colombia y Panamá, y a todos los americanos. Mosquera indica, además, el incumplimiento de acuerdos multilaterales firmados y refrendados por todos los gobiernos en los Congresos Panamericanos de Carreteras, al igual que los tratados suscritos por Colombia, Panamá y Estados Unidos.

Otro tema concomitante con lo anterior que José Mosquera asume con responsabilidad y sabiduría es el de los recursos naturales y las controversias, disputas y rapiñas internacionales. Hace referencia a los congresos mundiales donde se cocinan grandes esperanzas y devienen en frustraciones y escenarios para vedettes politiqueras, incluyendo el turismo de los oenegeros. Un señalamiento claro: las grandes compañías biotecnológicas se aprovechan de los regímenes de propiedad intelectual y patentes, al igual que los convenios de bioprospección para acceder a este tipo de riquezas milenarias para patentarlas y comercializarlas monopólicamente.

José Mosquera tiene en su catálogo temático quizás el más interesante de todos: el de la cultura popular chocoana. Destaco la historia de un mito: el presunto poeta Manuel Saturio Valencia, el último fusilado de manera legal y constitucional el 7 de mayo de 1907 en Quibdó. Este personaje ha sido “elevado a los altares de las negritudes” como mártir de la lucha racial en Colombia. Mosquera lo ubica donde debe estar: el fusilamiento de Valencia, más que un hecho de connotaciones raciales, fue en esencia un crimen político, cuyo trasfondo fue la lucha entre liberales y conservadores por el control del poder en el Chocó.

La crítica de Mosquera se dirige como flecha acusatoria contra quienes se presumen de elite intelectual de los negros. Dice: es ilógica la idea de relacionar la actividad intelectual con las condiciones raciales de un grupo de personas. El conocimiento es universal y no tiene color de piel ni condiciones étnicas. Como si fuera poco, José Mosquera enfrenta las posiciones de Manuel Zapata Olivella, antes de su fallecimiento, que se infectan de este tipo de racismo autocompasivo.

Al final de su excelente compilación, José Mosquera nos da lecciones de geografía e historia africana. Liberia, África y sus relaciones culturales y coloniales con Europa, las guerras tribales, los dictadores negros que oprimen y exterminan los pueblos negros, al igual que los esclavistas negros cazaban a sus hermanos de sangre para exportarlos y esclavizarlos en las Américas y en etapas remotas.

José E. Mosquera deja “Huellas Históricas” en este libro que camina con el filo de su palabra argumentada y crítica por los asuntos que un pensador, un auténtico intelectual colombiano, considera importantes para la opinión pública, sin tener que apelar a su condición de chocoano para pensar y para ser reconocido.

Por Jaime Jaramillo Panesso, columnista de El Mundo.
 

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