Territorio Chocoano Noticias - Quibdó (Chocó)

Tuesday
May 22nd
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Columnistas

La opinión y palabras de los columnistas no necesariamente reflejan la opinión de este medio de comunicación. Las opiniones son responsabilidad exclusiva del columnista.

Chocó -Antioquia

Chocó -Antioquia
Desde que tengo uso de razón, escuché  hablar de la anexión del Chocó al departamento de Antioquia. Cada cierto tiempo, reaparecía el fantasma del vecino poderoso con su historia de colonizaciones y su formidable sentido de empresa. Desde siempre, los paisas han sido objeto de admiración y desconfianza, algo verdaderamente contradictorio, pues si ha habido un cruce constante de etnias es el de afrodescendientes chocoanos y blancos y  mestizos antioqueños.
Nunca se avanzó en la creación de un clima favorable a la iniciativa de anexar el Chocó a su vecino poderoso, pero si alguien ha amenazado la integridad territorial de los chocoanos y se han hecho amos en las zonas más ricas de esta región selvática y costera, han sido los aventureros, comerciantes y empresarios antioqueños: el Chocó es una  tierra prometida a la que se le lanzan de vez en cuando unos zarpazos.
El Chocó ha sido centro de explotación minera mucho antes de pertenecer al departamento del Cauca. Siguió siéndolo a partir de 1906, cuando, por medio del decreto 1347, se separó de las provincianas del Cauca y se convirtió en Intendencia.
Su suerte siguió siendo igual al convertirse en departamento el 3 de noviembre de 1947: tierra de colonizaciones que, con el paso del tiempo, creó  una  élite política ilustrada que hizo brillante presencia nacional pero que en las últimas décadas ha sido señalada por su habilidad clientelista y sus turbios manejos de la administración pública.
El grosero desliz del diputado liberal antioqueño Rodrigo Mesa, alborotó de nuevo los sentimientos dormidos de los chocoanos. "La plata que uno le meta al Chocó -declaró el culebrero político paisa- es como meterle un perfume a un bollo." ¿De qué clase de  bollo o mierda habla el político antioqueño?
Tuvieron que intervenir su esposa, según  dicen; el Partido Liberal, los medios de comunicación nacionales, la ciudadanía y los gobernantes chocoanos para que el hombre medio rectificara sus desatinadas palabras. Pero el daño moral ya estaba hecho y lo que ha revelado el político es el sesgo de soberbia y paternalismo que muchos antioqueños han impuesto en sus relaciones con el Chocó.
Independientemente de que tenga razón al aludir a una clase política que ha estado montada en el caballo de la corrupción, declaraciones como éstas remueven la memoria colectiva y devuelven a los chocoanos a las colonizaciones paisas, al saqueo gradual de sus riquezas y al desdén con que el rico y próspero vecino ha estado tratando a su vecino pobre.
El Chocó no es pobre porque se lo roben sus propios políticos. De hecho, lo han estado haciendo para mantener aceitada la mediocre maquinaria clientelista en el sector público, el mayor empleador del departamento. Es pobre por su marginalidad, porque ha sido tierra de explotaciones mineras y madereras pero no de inversiones sociales, porque han seguido saqueándolo las multinacionales y porque, precisamente por ser pobre, ha hecho de la política un renglón de la economía doméstica.
Por Óscar Collazos, columnista de El Universal
Desde que tengo uso de razón, escuché  hablar de la anexión del Chocó al departamento de Antioquia. Cada cierto tiempo, reaparecía el fantasma del vecino poderoso con su historia de colonizaciones y su formidable sentido de empresa. Desde siempre, los paisas han sido objeto de admiración y desconfianza, algo verdaderamente contradictorio, pues si ha habido un cruce constante de etnias es el de afrodescendientes chocoanos y blancos y  mestizos antioqueños.

Nunca se avanzó en la creación de un clima favorable a la iniciativa de anexar el Chocó a su vecino poderoso, pero si alguien ha amenazado la integridad territorial de los chocoanos y se han hecho amos en las zonas más ricas de esta región selvática y costera, han sido los aventureros, comerciantes y empresarios antioqueños: el Chocó es una  tierra prometida a la que se le lanzan de vez en cuando unos zarpazos.

El Chocó ha sido centro de explotación minera mucho antes de pertenecer al departamento del Cauca. Siguió siéndolo a partir de 1906, cuando, por medio del decreto 1347, se separó de las provincianas del Cauca y se convirtió en Intendencia.

Su suerte siguió siendo igual al convertirse en departamento el 3 de noviembre de 1947: tierra de colonizaciones que, con el paso del tiempo, creó  una  élite política ilustrada que hizo brillante presencia nacional pero que en las últimas décadas ha sido señalada por su habilidad clientelista y sus turbios manejos de la administración pública.

El grosero desliz del diputado liberal antioqueño Rodrigo Mesa, alborotó de nuevo los sentimientos dormidos de los chocoanos. "La plata que uno le meta al Chocó -declaró el culebrero político paisa- es como meterle un perfume a un bollo." ¿De qué clase de  bollo o mierda habla el político antioqueño?

Tuvieron que intervenir su esposa, según  dicen; el Partido Liberal, los medios de comunicación nacionales, la ciudadanía y los gobernantes chocoanos para que el hombre medio rectificara sus desatinadas palabras. Pero el daño moral ya estaba hecho y lo que ha revelado el político es el sesgo de soberbia y paternalismo que muchos antioqueños han impuesto en sus relaciones con el Chocó.

Independientemente de que tenga razón al aludir a una clase política que ha estado montada en el caballo de la corrupción, declaraciones como éstas remueven la memoria colectiva y devuelven a los chocoanos a las colonizaciones paisas, al saqueo gradual de sus riquezas y al desdén con que el rico y próspero vecino ha estado tratando a su vecino pobre.

El Chocó no es pobre porque se lo roben sus propios políticos. De hecho, lo han estado haciendo para mantener aceitada la mediocre maquinaria clientelista en el sector público, el mayor empleador del departamento. Es pobre por su marginalidad, porque ha sido tierra de explotaciones mineras y madereras pero no de inversiones sociales, porque han seguido saqueándolo las multinacionales y porque, precisamente por ser pobre, ha hecho de la política un renglón de la economía doméstica.

Por Óscar Collazos, columnista de El Universal

 

Carta 'afro' para Obama

Carta 'afro' para Obama
No vamos a ponerle quejas o a pedirle soluciones. Bienvenido a Colombia, un país que lleva casi 200 años tratando de acercarse a sus ideales de libertad e igualdad, con éxito más bien mediocre. Dicen connotados historiadores que somos un “país de medianías”, pero no hemos renunciado a la “grandeza”.
Como el presidente Santos decidió entregar en su presencia dos títulos de tierras colectivas de comunidades negras, puso el tema afrocolombiano en la agenda. Querrá usted, presidente Obama, tener una visión desde la sociedad civil, independiente, crítica, pues sería extraño que no la hubiera. La nuestra es una que prestó “apoyo condicionado” al lobby para la aprobación del Tratado de Libre Comercio en el Congreso estadounidense, con recursos propios.
Hemos dado otras pruebas de insertar el interés de la población negra dentro del interés nacional. Mantenemos un intenso diálogo con los colombianos, a través de las redes sociales. Al menos en Facebook, nuestra audiencia es la tercera parte de la del presidente Santos y el doble de la de su ministro más popular. No tenemos rabia en el corazón, aunque esto es más fácil en un país que no sufrió discriminación legal por color de piel después de la independencia.
También tenemos un sueño. Sentarnos a la mesa del progreso, del respeto y de la responsabilidad, como resultado de una prosperidad nacional con equidad, sin discriminación, principalmente. Hemos estado en la cocina, los socavones, los oficios iletrados de servicio, el río, el mar, el patio, la tarima, pero no —estructuralmente— en la mesa en igualdad de condiciones. No es que nos definamos por el color de la piel, sino que la sociedad sabe que una mesa de diversos colores significará un cambio social.
Pero, presidente Obama, lo que el gobierno colombiano le mostrará no es el símbolo de la búsqueda de una mesa compartida con igualdad, sino del confinamiento en un patio con escasas posibilidades de acceder a la modernidad económica.
No le exhiben una acción afirmativa subregionalizada en educación o en superación de la pobreza extrema; no un plan para enfrentar las oportunidades y los riesgos de los pequeños productores en las zonas expuestas por el Tratado de Libre Comercio; no una iniciativa que compense debilidades institucionales de muchos municipios para acceder a los fondos de regalías petroleras. No un símbolo de “cierre de la brecha”, sino uno de “condiciones desiguales porque los queremos ver diferentes”, así sólo sea menos del 10% de la población afrocolombiana.
Si en Chicago no hubiese habido afroamericanos sentados a la mesa, que se valieron de los instrumentos de la modernidad, probablemente no estaríamos escribiendo esta carta. Los dirigentes antiguos de esta sociedad, cuyos herederos lo están atendiendo, que nunca supieron reconocer la legitimidad específica de la población negra y se inventaron el ideal de nación mestiza, están muy contentos con el símbolo que le mostrarán. Es sospechoso.
Es la continuación de la dominación por una vía parcialmente consentida. Pregúnteles qué nos deben desde la creación de esta República. No lo entienden. Así estamos. Por acá lo esperamos en 2032 y un poco antes, para contarles (a Michelle también) una historia nacional más plural y sentados a la mesa.
Esta columna será traducida al inglés y difundida en Washington.
Por Daniel Mera Villamizar.
No vamos a ponerle quejas o a pedirle soluciones. Bienvenido a Colombia, un país que lleva casi 200 años tratando de acercarse a sus ideales de libertad e igualdad, con éxito más bien mediocre. Dicen connotados historiadores que somos un “país de medianías”, pero no hemos renunciado a la “grandeza”.

Como el presidente Santos decidió entregar en su presencia dos títulos de tierras colectivas de comunidades negras, puso el tema afrocolombiano en la agenda. Querrá usted, presidente Obama, tener una visión desde la sociedad civil, independiente, crítica, pues sería extraño que no la hubiera. La nuestra es una que prestó “apoyo condicionado” al lobby para la aprobación del Tratado de Libre Comercio en el Congreso estadounidense, con recursos propios.

Hemos dado otras pruebas de insertar el interés de la población negra dentro del interés nacional. Mantenemos un intenso diálogo con los colombianos, a través de las redes sociales. Al menos en Facebook, nuestra audiencia es la tercera parte de la del presidente Santos y el doble de la de su ministro más popular. No tenemos rabia en el corazón, aunque esto es más fácil en un país que no sufrió discriminación legal por color de piel después de la independencia.

También tenemos un sueño. Sentarnos a la mesa del progreso, del respeto y de la responsabilidad, como resultado de una prosperidad nacional con equidad, sin discriminación, principalmente. Hemos estado en la cocina, los socavones, los oficios iletrados de servicio, el río, el mar, el patio, la tarima, pero no —estructuralmente— en la mesa en igualdad de condiciones. No es que nos definamos por el color de la piel, sino que la sociedad sabe que una mesa de diversos colores significará un cambio social.

Pero, presidente Obama, lo que el gobierno colombiano le mostrará no es el símbolo de la búsqueda de una mesa compartida con igualdad, sino del confinamiento en un patio con escasas posibilidades de acceder a la modernidad económica.

No le exhiben una acción afirmativa subregionalizada en educación o en superación de la pobreza extrema; no un plan para enfrentar las oportunidades y los riesgos de los pequeños productores en las zonas expuestas por el Tratado de Libre Comercio; no una iniciativa que compense debilidades institucionales de muchos municipios para acceder a los fondos de regalías petroleras. No un símbolo de “cierre de la brecha”, sino uno de “condiciones desiguales porque los queremos ver diferentes”, así sólo sea menos del 10% de la población afrocolombiana.

Si en Chicago no hubiese habido afroamericanos sentados a la mesa, que se valieron de los instrumentos de la modernidad, probablemente no estaríamos escribiendo esta carta. Los dirigentes antiguos de esta sociedad, cuyos herederos lo están atendiendo, que nunca supieron reconocer la legitimidad específica de la población negra y se inventaron el ideal de nación mestiza, están muy contentos con el símbolo que le mostrarán. Es sospechoso.

Es la continuación de la dominación por una vía parcialmente consentida. Pregúnteles qué nos deben desde la creación de esta República. No lo entienden. Así estamos. Por acá lo esperamos en 2032 y un poco antes, para contarles (a Michelle también) una historia nacional más plural y sentados a la mesa.
Esta columna será traducida al inglés y difundida en Washington.

Por Daniel Mera Villamizar.

Academia y sexo

Academia y sexo
La Universidad Tecnológica del Chocó era una de las pocas instituciones que se había salvado de la debacle en ese departamento, pero cabalga hacia el precipicio. Su rector, Eduardo García Vega, quién fue relegido por cuarta vez, la ha convertido en un fortín de la politiquería chocoana y en refugio de condenados por delitos contra la administración pública y de protagonistas de escándalos de cohecho.
Una Universidad que debe ser el eje del desarrollo y la transformación social en su región se ha transformado en un apetitoso centro clientelista, donde se ha clausurado el debate y la controversia ideológica, sólo reina el culto a la personalidad como en los llamados “gobiernos progresistas de América Latina”. La eternización del rector García en el cargo es inconveniente, porque, además de la carencia en innovación y el nefasto clientelismo académico que hay en dicha universidad, lo más censurable es la protuberante corrupción académica que ningún estamento universitario se ha atrevido a denunciar.
El rector García fue reelecto por unanimidad y ejerce un férreo control sobre todos los estamentos universitarios, desde la organización estudiantil hasta los sindicatos de profesores y empleados. Su poder político traspasa las aulas universitarias hasta el punto de que se ha convertido en un personaje clave en las elecciones de congresistas, gobernadores y alcaldes en el Chocó.
Más allá del poder que tiene en la Universidad y en el Chocó, quizás una de las peores cosas que están ocurriendo en dicho claustro universitario no es la descomposición administrativa de que tanto se habla en los corrillos públicos, sino la corruptela académica que campea con los intercambios de calificaciones por plata, votos, sexo y favores políticos.
Pese a que la prostitución sexual en las universidades es un fenómeno nacional en expansión, en el caso de este centro universitario se ha desbordado. Las palabras que han puesto de moda determinados docentes cuando las alumnas pierden ciertas asignaturas son: “tú estás sentada en la nota”. Algunos hacen con sus alumnas vergonzosos trueques de calificaciones o realizaciones de los trabajos de grado por favores sexuales. En otros casos los mismos profesores son los que hacen los trabajos de grado de los alumnos, “los asesoran” y luego les cobran.
Otros, que son fichas de las microempresas electorales en época de elecciones, convierten la cátedra en mercados persas de tráficos de calificaciones por votos. La Universidad del Chocó ha crecido en cobertura y en campus universitario, pero su nivel académico ha decrecido y por la ausencia de estándares de calidad varios de sus programas no han sido acreditados.
Por la imperante dedocracia se nombran docentes con deficiencias académicas y cuestionamientos éticos. La producción académica de gran parte de ellos es deficiente, salvo los casos de tres o cuatro docentes que han publicados trabajos valiosos y que ameritan ser exaltados por la calidad y la profundidad de sus libros. Por el bajo nivel académico de sus egresados, estos han comenzado a ser vetados en las Secretarías de Educación en varios departamentos, no por sus condiciones étnicas, ni por cuestiones de regionalismo, sino por razones de deficiencias académicas.
Por José E. Mosquera
La Universidad Tecnológica del Chocó era una de las pocas instituciones que se había salvado de la debacle en ese departamento, pero cabalga hacia el precipicio. Su rector, Eduardo García Vega, quién fue relegido por cuarta vez, la ha convertido en un fortín de la politiquería chocoana y en refugio de condenados por delitos contra la administración pública y de protagonistas de escándalos de cohecho.

Una Universidad que debe ser el eje del desarrollo y la transformación social en su región se ha transformado en un apetitoso centro clientelista, donde se ha clausurado el debate y la controversia ideológica, sólo reina el culto a la personalidad como en los llamados “gobiernos progresistas de América Latina”. La eternización del rector García en el cargo es inconveniente, porque, además de la carencia en innovación y el nefasto clientelismo académico que hay en dicha universidad, lo más censurable es la protuberante corrupción académica que ningún estamento universitario se ha atrevido a denunciar.

El rector García fue reelecto por unanimidad y ejerce un férreo control sobre todos los estamentos universitarios, desde la organización estudiantil hasta los sindicatos de profesores y empleados. Su poder político traspasa las aulas universitarias hasta el punto de que se ha convertido en un personaje clave en las elecciones de congresistas, gobernadores y alcaldes en el Chocó.

Más allá del poder que tiene en la Universidad y en el Chocó, quizás una de las peores cosas que están ocurriendo en dicho claustro universitario no es la descomposición administrativa de que tanto se habla en los corrillos públicos, sino la corruptela académica que campea con los intercambios de calificaciones por plata, votos, sexo y favores políticos.

Pese a que la prostitución sexual en las universidades es un fenómeno nacional en expansión, en el caso de este centro universitario se ha desbordado. Las palabras que han puesto de moda determinados docentes cuando las alumnas pierden ciertas asignaturas son: “tú estás sentada en la nota”. Algunos hacen con sus alumnas vergonzosos trueques de calificaciones o realizaciones de los trabajos de grado por favores sexuales. En otros casos los mismos profesores son los que hacen los trabajos de grado de los alumnos, “los asesoran” y luego les cobran.

Otros, que son fichas de las microempresas electorales en época de elecciones, convierten la cátedra en mercados persas de tráficos de calificaciones por votos. La Universidad del Chocó ha crecido en cobertura y en campus universitario, pero su nivel académico ha decrecido y por la ausencia de estándares de calidad varios de sus programas no han sido acreditados.

Por la imperante dedocracia se nombran docentes con deficiencias académicas y cuestionamientos éticos. La producción académica de gran parte de ellos es deficiente, salvo los casos de tres o cuatro docentes que han publicados trabajos valiosos y que ameritan ser exaltados por la calidad y la profundidad de sus libros. Por el bajo nivel académico de sus egresados, estos han comenzado a ser vetados en las Secretarías de Educación en varios departamentos, no por sus condiciones étnicas, ni por cuestiones de regionalismo, sino por razones de deficiencias académicas.

Por José E. Mosquera

Chocó: ahora o nunca

Chocó: ahora o nunca
Los chocoanos deben sentirse orgullosos y seguros de su nuevo Gobernador, Luis Gilberto Murillo Urrutia, por la forma serena, mesurada e inteligente, como sorteo la situación del reciente paro armado, su presencia en los diferentes escenarios para conjurarlo, no dejó la más mínima duda de que su Gobierno será de auténtico liderazgo para sacar adelante tan sufrido Departamento.
La reciente visita del presidente Santos al Chocó, en compañía de su gabinete, fue una respuesta contundente y afortunada al clamor de sus habitantes, que desde hace varias décadas reclaman más presencia del  Estado que lo tiene sumido en la corrupción, el caos y el desgobierno.
Es apenas lógico que cuando un organismo llámese institucional o de cualquier otra índole, no tiene medios de defensa, es presa fácil de quienes aprovechan tal situación para pescar en río revuelto. Esperamos, que las obras planteadas por el primer mandatario, obedezca al diagnóstico social requerido “Plan Nuevo Chocó”.
Antes que fortalecer la Fuerza Pública, se requiere con urgencia mostrar obras de infraestructura y desarrollo en todos los frentes. El Chocó está para reconstruirlo, Todo el País sabe que durante las administraciones anteriores, estuvo secuestrado y saqueado por los pulpos de la corrupción.
El Gobierno Nacional debe atacar el mal de raíz, no es equivocado decir que quienes están detrás de todo esto, son los mismos agentes de la corrupción, que no aceptan haber perdido el poder y quieren mediante maniobras engañosas, violentas y criminales retomarlo a como de lugar.
Quienes de alguna manera nos hemos vinculado y solidarizado con la situación del Chocó, rechazando la corrupción de administraciones anteriores y la ola de violencia en que se vive, debemos entender que el paro armado que vienen realizando grupos subversivos, llámense guerrilla, narcotráfico y bacrín, no es más que la retaliación de la corrupción que desde hace varios años, hasta el 31 de diciembre pasado, venían manejando a su acomodo y antojo los destinos de tan rico departamento en recursos humanos y naturales, pero, lamentablemente con una ausencia total de proyectos de gestión y desarrollo.
Es vergonzoso tener que decirlo, pero, el actual gobernador no tiene despacho, le tocó habilitar una casa prestada del Municipio para iniciar sus actividades. Es tan crítica la situación en todos los despachos y alcaldías que no existe el archivo de las respectivas entidades que por Ley es indispensable construirlo, puesto que es el cerebro y la hoja de ruta para tomar futuras decisiones y adecuado manejo.
Que no olviden los corruptos y los violentos, que todo el País y el Mundo, está pendiente de este proceso, no hay derecho que unas cuantas familias, se hubiesen adueñado décadas de una región que todos los días y en cada amanecer clama para que desaparezca tan terrible flagelo que los tiene sumidos en la miseria, el ostracismo y la desgracia desde hace varias décadas.
A partir del 1º- de enero pasado, cuando ocurrió la posesión de los nuevos mandatarios, los Chocoanos, empezaron a vivir una etapa de esperanza y superación, y el 12, mediante convocatoria nacional e internacional, todos se volcaron a las calles para aplaudirlos y respaldar sus  proyectos, que durante dos días expusieron, todos muy posibles de desarrollar dada la inmensa voluntad de gestión administrativa, y el bagaje intelectual y moral de Luis Gilberto Murillo Urrutia y la Alcaldesa de Quibdó, Zulia Mena.
Quienes los conocemos, podemos testimoniar que se trata de dos chocoanos comprometidos con la causa de sacar adelante el departamento en todas sus modalidades. Existe entre ellos, la voluntad de colaboración en las instancias de la vida Municipal, Departamental, Nacional e internacional, ambos saben muy bien como acceder a los organismos de créditos con la seguridad que dada su preparación, liderazgo y perfil profesional lograrán los objetivos propuestos.
El Plan de Desarrollo: Proyecto Nuevo Chocó, es el diagnostico adecuado que se requiere para encausar el anhelo de sus habitantes en todos los frentes de la productividad, industrialización y comercio, que logrando implementarlos en procesos de desarrollo, sería la redención para muchos profesionales y sus habitantes en general, que se encuentran desempleados a la espera de una oportunidad laboral.
Sin embargo, es conveniente mencionar que algunos proyectos requieren de más posicionamiento por parte de sus habitantes, por ejemplo: en materia de turismo, agroindustria, minería, recursos maderables, pequeros e hídricos; hay que explorarlos adecuadamente  para ser exportados. Así se lograría ampliar la cobertura del portafolio de desarrollo para el Plan Nuevo Chocó, sin descuidar desde luego el componente social.
No nos desanimemos, el Departamento del Chocó saldrá adelante con sus nuevos mandatarios, saben lo que hacen y hacía donde se dirigen. Es deber del Gobierno Nacional, hacer acompañamiento de seguridad y financiamiento oportuno de obras de infraestructura y desarrollo en todos los frentes.
Por Uriel Ortiz Soto
Los chocoanos deben sentirse orgullosos y seguros de su nuevo Gobernador, Luis Gilberto Murillo Urrutia, por la forma serena, mesurada e inteligente, como sorteo la situación del reciente paro armado, su presencia en los diferentes escenarios para conjurarlo, no dejó la más mínima duda de que su Gobierno será de auténtico liderazgo para sacar adelante tan sufrido Departamento.

La reciente visita del presidente Santos al Chocó, en compañía de su gabinete, fue una respuesta contundente y afortunada al clamor de sus habitantes, que desde hace varias décadas reclaman más presencia del  Estado que lo tiene sumido en la corrupción, el caos y el desgobierno.

Es apenas lógico que cuando un organismo llámese institucional o de cualquier otra índole, no tiene medios de defensa, es presa fácil de quienes aprovechan tal situación para pescar en río revuelto. Esperamos, que las obras planteadas por el primer mandatario, obedezca al diagnóstico social requerido “Plan Nuevo Chocó”.

Antes que fortalecer la Fuerza Pública, se requiere con urgencia mostrar obras de infraestructura y desarrollo en todos los frentes. El Chocó está para reconstruirlo, Todo el País sabe que durante las administraciones anteriores, estuvo secuestrado y saqueado por los pulpos de la corrupción.

El Gobierno Nacional debe atacar el mal de raíz, no es equivocado decir que quienes están detrás de todo esto, son los mismos agentes de la corrupción, que no aceptan haber perdido el poder y quieren mediante maniobras engañosas, violentas y criminales retomarlo a como de lugar.

Quienes de alguna manera nos hemos vinculado y solidarizado con la situación del Chocó, rechazando la corrupción de administraciones anteriores y la ola de violencia en que se vive, debemos entender que el paro armado que vienen realizando grupos subversivos, llámense guerrilla, narcotráfico y bacrín, no es más que la retaliación de la corrupción que desde hace varios años, hasta el 31 de diciembre pasado, venían manejando a su acomodo y antojo los destinos de tan rico departamento en recursos humanos y naturales, pero, lamentablemente con una ausencia total de proyectos de gestión y desarrollo.

Es vergonzoso tener que decirlo, pero, el actual gobernador no tiene despacho, le tocó habilitar una casa prestada del Municipio para iniciar sus actividades. Es tan crítica la situación en todos los despachos y alcaldías que no existe el archivo de las respectivas entidades que por Ley es indispensable construirlo, puesto que es el cerebro y la hoja de ruta para tomar futuras decisiones y adecuado manejo.

Que no olviden los corruptos y los violentos, que todo el País y el Mundo, está pendiente de este proceso, no hay derecho que unas cuantas familias, se hubiesen adueñado décadas de una región que todos los días y en cada amanecer clama para que desaparezca tan terrible flagelo que los tiene sumidos en la miseria, el ostracismo y la desgracia desde hace varias décadas.

A partir del 1º- de enero pasado, cuando ocurrió la posesión de los nuevos mandatarios, los Chocoanos, empezaron a vivir una etapa de esperanza y superación, y el 12, mediante convocatoria nacional e internacional, todos se volcaron a las calles para aplaudirlos y respaldar sus  proyectos, que durante dos días expusieron, todos muy posibles de desarrollar dada la inmensa voluntad de gestión administrativa, y el bagaje intelectual y moral de Luis Gilberto Murillo Urrutia y la Alcaldesa de Quibdó, Zulia Mena.

Quienes los conocemos, podemos testimoniar que se trata de dos chocoanos comprometidos con la causa de sacar adelante el departamento en todas sus modalidades. Existe entre ellos, la voluntad de colaboración en las instancias de la vida Municipal, Departamental, Nacional e internacional, ambos saben muy bien como acceder a los organismos de créditos con la seguridad que dada su preparación, liderazgo y perfil profesional lograrán los objetivos propuestos.

El Plan de Desarrollo: Proyecto Nuevo Chocó, es el diagnostico adecuado que se requiere para encausar el anhelo de sus habitantes en todos los frentes de la productividad, industrialización y comercio, que logrando implementarlos en procesos de desarrollo, sería la redención para muchos profesionales y sus habitantes en general, que se encuentran desempleados a la espera de una oportunidad laboral.

Sin embargo, es conveniente mencionar que algunos proyectos requieren de más posicionamiento por parte de sus habitantes, por ejemplo: en materia de turismo, agroindustria, minería, recursos maderables, pequeros e hídricos; hay que explorarlos adecuadamente  para ser exportados. Así se lograría ampliar la cobertura del portafolio de desarrollo para el Plan Nuevo Chocó, sin descuidar desde luego el componente social.

No nos desanimemos, el Departamento del Chocó saldrá adelante con sus nuevos mandatarios, saben lo que hacen y hacía donde se dirigen. Es deber del Gobierno Nacional, hacer acompañamiento de seguridad y financiamiento oportuno de obras de infraestructura y desarrollo en todos los frentes.

Por Uriel Ortiz Soto

El lejano Chocó

El lejano Chocó
Hace 99 años, por  mandato de la Ley 31 de 1912 y por solicitud  de sus pobladores,  Pueblo Rico fue separado del Chocó y anexado a Caldas. Ese hecho amplió el territorio caldense hasta la planicie de la selva húmeda tropical   y abrió las  posibilidades de otra salida al mar.
Sin embargo, a pesar de la Ley 19 de 1933 que decretó  la construcción de la carretera  Pueblo Rico-Nuquí,  la vía apenas llegó a Tadó  en 1986.  Hoy -79 años después- está a 50 kilómetros del punto final y fue suspendida por el actual gobierno. El acceso al Pacífico, entonces, parece una utopía. ¡A ese ritmo avanza la infraestructura en Colombia!
Tanta indolencia  dilata  la integración  del Eje Cafetero y el  Chocó que -por muchas razones-  deben hacer parte de una región administrativa y de planificación  (RAP) de acuerdo a las normas del  ordenamiento territorial.
Pero hay más obstáculos. Los inviernos  terribles convirtieron en una pesadilla el tráfico entre La Virginia y Tadó. Las soluciones son lentas y no van más allá de la ingeniería tradicional.  No contemplan  el manejo  adecuado  de los suelos a lo largo de la arteria nacional.
Las nuevas irrupciones de grupos armados ilegales generan zozobra, expulsan población y frenan las familias campesinas con ganas de regresar a sus parcelas.
Y como si fuera poco,  las comunidades  de la cuenca del San Juan retroceden en su lucha contra la pobreza.   Desde el 2009 el picudo arrasó el 90%  del chontaduro, que es la base de esa  economía. En Santa Cecilia fueron afectadas   290 ha que  abastecían  mercados nacionales y la recuperación tarda  cinco años.Ahora, el escaso empleo proviene de  obras en la vía, de la venta de cacao, borojó y lulo. Esos productos juntos  no alcanzan para proveer  los ingresos familiares.
Aquí  hay preocupación. La Gobernación, la Carder y la UTP buscan alternativasy alianzas con el vecino  para enfrentar esos retos; muchos de los cuales requieren de la ciencia, la tecnología y la innovación.
Hay que  entender que las relaciones con el Chocó son estratégicas para el  futuro  y que es necesario eliminar  las  barreras que alejan lo que está cercano.  Para comenzar, el centenario de Pueblo Rico como municipio del hoy llamado  departamento de Risaralda, puede  ser un motivo para consolidar programas de desarrollo sostenible en la zona  del río San Juan.
Por Carlos López Ángel, columnista de La Tarde.
Hace 99 años, por  mandato de la Ley 31 de 1912 y por solicitud de sus pobladores, Pueblo Rico fue separado del Chocó y anexado a Caldas. Ese hecho amplió el territorio caldense hasta la planicie de la selva húmeda tropical y abrió las  posibilidades de otra salida al mar.

Sin embargo, a pesar de la Ley 19 de 1933 que decretó  la construcción de la carretera  Pueblo Rico-Nuquí,  la vía apenas llegó a Tadó  en 1986.  Hoy -79 años después- está a 50 kilómetros del punto final y fue suspendida por el actual gobierno. El acceso al Pacífico, entonces, parece una utopía. ¡A ese ritmo avanza la infraestructura en Colombia!

Tanta indolencia  dilata  la integración  del Eje Cafetero y el  Chocó que -por muchas razones-  deben hacer parte de una región administrativa y de planificación  (RAP) de acuerdo a las normas del  ordenamiento territorial.

Pero hay más obstáculos. Los inviernos  terribles convirtieron en una pesadilla el tráfico entre La Virginia y Tadó. Las soluciones son lentas y no van más allá de la ingeniería tradicional. No contemplan  el manejo adecuado  de los suelos a lo largo de la arteria nacional.

Las nuevas irrupciones de grupos armados ilegales generan zozobra, expulsan población y frenan las familias campesinas con ganas de regresar a sus parcelas.

Y como si fuera poco, las comunidades de la cuenca del San Juan retroceden en su lucha contra la pobreza. Desde el 2009 el picudo arrasó el 90%  del chontaduro, que es la base de esa  economía. En Santa Cecilia fueron afectadas   290 ha que  abastecían  mercados nacionales y la recuperación tarda  cinco años.Ahora, el escaso empleo proviene de  obras en la vía, de la venta de cacao, borojó y lulo. Esos productos juntos  no alcanzan para proveer  los ingresos familiares.

Aquí  hay preocupación. La Gobernación, la Carder y la UTP buscan alternativas y alianzas con el vecino para enfrentar esos retos; muchos de los cuales requieren de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Hay que  entender que las relaciones con el Chocó son estratégicas para el futuro y que es necesario eliminar las barreras que alejan lo que está cercano. Para comenzar, el centenario de Pueblo Rico como municipio del hoy llamado departamento de Risaralda, puede ser un motivo para consolidar programas de desarrollo sostenible en la zona  del río San Juan.

Por Carlos López Ángel, columnista de La Tarde.

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