Cerca de 200 jóvenes chocoanos se reúnen en el aeropuerto el Caraño de Quibdó. La mañana gris y lluviosa contrasta con el verde de las camisetas y el entusiasmo de los asistentes que no paran de sonreír, cantar y bailar al ritmo de los clarinetes y tambores de una papayera. El ambiente es el de una fiesta universitaria que comenzó a las 8 de la mañana, hora en la que estaba programada la llegada de Antanas Mockus, el candidato presidencial del Partido Verde. Son casi las 10 pero la gente no parece impaciente por la espera.
Algunos forman círculos para discutir la forma de hacer política del candidato y la precaria situación del Chocó. ”No esperen que él venga a prometer, él lo que viene es a hablar sobre cultura ciudadana, sobre las formas y no sobre el fondo”, dice uno de los jóvenes, entusiasmado en su discurso. Otro le responde que el candidato puede hablar de cultura, pero debe comprometerse con la universidad pública y las carreteras.
Sobre las 10:30 de la mañana llega Mockus. Él y toda su comitiva salen por una puerta alterna, mientras la multitud corre desenfrenada a recibirlo. Varias universitarias abrazan a Mockus, que no para de sonreír y saludar, mientras seis policías tratan de formar un circulo a su alrededor en medio del caos. Parece el recibimiento a una estrella de reggaetón. Enrique Peñalosa agarra a Mockus y logra meterlo dentro de una camioneta que parte inmediatamente hacia a la Universidad Tecnológica del Chocó, donde lo esperan en un evento académico para celebrar el día del maestro.
Los jóvenes parten detrás del candidato en decenas de motos formando una caravana que satura la angosta vía que conduce a la universidad. La ruta recorre algunos barrios de la capital más pobre del país, una ciudad de 160 mil habitantes que se asemeja a las del África subsahariana. Más del 70 por ciento de los quibdoseños no tienen acueducto o alcantarillado y tres de cada cuatro vive en la extrema pobreza. Si el índice de desarrollo humano equipara a Bogotá con un país de Europa oriental, a Quibdó la pone al mismo nivel que el país más pobre de América del sur, Bolivia.
Alabao para Mockus
Mockus llega a la universidad. El furor que causa su presencia envuelve ahora a más de mil personas que gritan su nombre sin cesar. El candidato entra junto a Lucho Garzón y Enrique Peñalosa al auditorio principal y de inmediato la gente comienza a cantar a una sola voz “Somos pacífico” la canción que hizo popular al grupo Chocquibtown. Es una gran fiesta. En medio de la alegría del auditorio toma la palabra Jorge Pérez González, representante del sindicato de maestros de la universidad y el profesor Alberto Ampudia. Los dos le piden a Mockus que se comprometa con recursos y programas que mejoren la calidad de la universidad y se quejan por la intervención del Estado central en el departamento en medio del aplauso de la gente.
La situación política del Chocó difícilmente puede ser peor. El Presidente Uribe decidió nombrar un gobernador paisa para reemplazar al gobernador Patrocinio Sánchez Montes de Oca (condenado a 18 meses de prisión por corrupción) e intervenir la salud y la educación del departamento. Los chocoanos no le perdonan esta decisión a Uribe, especialmente porque históricamente los paisas han representado el abuso y la represión del hombre blanco en la región. Luego del discurso de los dos profesores, tres mujeres y un hombre cantan una canción tradicional del Chocó, conocida como un “alabao”(usualmente es un canto fúnebre), llena de emoción y lamento en la que se le pide a Dios y a los santos, y por esta vez, al candidato. Una mujer canta sobre las malas vías de acceso, otra sobre la pésima educación, y la tercera sobre la falta de agua. Y entre cada lamento el cuarteto canta en coro: “Cuando sea Presidente, no nos entregue al olvido…”
Ahora le toca hablar a Mockus, al que todos han venido a oir con tanto entusiasmo. Pero la energía del auditorio se empieza a apagar lentamente cuando el candidato habla de la importancia de la relación entre el lenguaje oral y el lenguaje escrito, de la importancia de publicar libros y su experiencia como maestro. Aunque la gente le había pedido a gritos propuestas y compromisos puntuales para mejorar la situación del Chocó, Mockus avanza con su discurso hablando del respeto a la Constitución y la vida, sobre la falta de sanción moral y cultural al narcotráfico. El ex alcalde pierde con facilidad el hilo y guarda silencio por varios segundos revisando las hojas que tiene para retomar su disertación. Varias veces se le acerca Liliana Caballero, directora de su campaña, para hablarle al oído.
Por momentos, los murmullos de algunos asistentes y de varios estudiantes que conversan en el vestíbulo contiguo al auditorio opacan la voz del Mockus. El candidato para su discurso y después de algunos segundos en silencio en los que mantiene su mirada sobre el público exige silencio con algo de mal humor. El académico irreverente que en una tarde de noviembre de 1993 bajó sus pantalones ante un auditorio de estudiantes que no lo dejaba hablar, se ha convertido en un hombre más serio, más pausado y complejo en su lenguaje y sus símbolos.
Mockus continúa en medio de gritos esporádicos de personas en el auditorio que le reclaman que hable de las carreteras. El ex alcalde hace caso omiso y le propone a la gente que señale a su compañero de al lado y que le diga que su vida es sagrada o que griten al mismo tiempo “¡la unión hace la fuerza!”. El auditorio despierta y responde con energía a los ejercicios que les propone Mockus. Después de una hora de discurso, un hombre se levanta y le vuelve a pedir que se comprometa con mejoras en la infraestructura, pues la principal vía de acceso terrestre del departamento, la carretera Medellín – Quibdó, es una trocha de 220 kilómetros en pésimo estado, por la cual tardan cerca de 12 horas para llegar a la capital de Antioquia.
Mockus le responde que ese es un acto académico y que le permitirá interactuar a la gente en un evento público al cual ira a continuación, en el malecón, a orillas del río Atrato. El candidato termina su discurso y en medio del desorden se marcha. Algunas de las personas del auditorio permanecen en calma y discuten entre sí sobre el discurso de Mockus. “Quiero creer que habló como habló, porque este es un acto académico y no de proselitismo. Vamos a ir al malecón a ver qué dice. Aquí necesitamos propuestas concretas, queremos compromisos”, dice el profesor Antonio Ibargüen.
El bautizo de Antonio Mosquera
Al llegar al malecón, el reloj de la catedral marca la una de la tarde. El cielo está despejado y la temperatura llega a los 35 grados, con una insoportable sensación de humedad, superior al 90 por ciento. Cerca de mil personas, protegidas del sol con sombrillas, toallas o periódicos, están esperando al candidato, que llega en medio de aplausos.
En la tarima, junto a él, están Enrique Peñalosa y Lucho Garzón. Mockus habla esta vez de corrupción y de recursos públicos sagrados. El candidato cuenta una anécdota en la que un concejal le entregó una hoja de vida para solicitarle un puesto y él sintió ganas de “vomitar moralmente”. Lucho Garzón pide un aplauso y la gente responde. El mismo hombre que le exigió que hablara de infraestructura en la universidad vuelve a gritar, recordándole el compromiso de de dejarlo preguntar en el malecón.
Mockus se queda unos segundos en silencio y es sacado del aprieto por Enrique Peñalosa que grita pidiéndole a la gente que repita “con educación todo se puede”. La gente responde en coro. El candidato le pide de nuevo a la gente que le diga a la persona que tiene al lado que su vida es sagrada y que la unión hace la fuerza. La multitud entra en el juego que propone Mockus. Todos se señalan y repiten sus frases. Sonríen. La premura por cuestionar al candidato por sus compromisos queda definitivamente atrás.
Como acto final, en la tarima aparece Zulia Mena, líder de la campaña en la región y parte del equipo que coordinaba la candidatura de Sergio Fajardo. Mena bautiza a Mockus con agua del Atrato con el nombre de Antonio José Mosquera, ciudadano e hijo del Chocó. El candidato agradece el acto, baja de la tarima, firma un pacto ambiental y se toma fotos con quien se lo pide. Lucho Garzón y Enrique Peñalosa parecen disfrutar cada momento con la gente. Los abrazan, les piden autógrafos.
Cuando todo parece dicho, un periodista se le acerca a Mockus e insiste en preguntarle por sus planes concretos para el Chocó. El candidato finalmente responde la pregunta, aunque la mayoría de la gente ya no lo escucha: “Hay que contratar un par de universidades de alto nivel para que hagan un proceso de planeación estratégica para saber con qué recursos se cuenta y cuáles deben ser las prioridades de inversión”. Aparecen los escoltas, lo suben a la camioneta y la comitiva se marcha rumbo al aeropuerto.
La multitud se disgrega rápidamente. Unos continúan diciéndole a sus compañeros que la vida es sagrada en medio de risas y otros más serios vuelven a cuestionar la falta de compromisos en el discurso de Mockus. “Ojalá hubiera hablado más Antonio José Mosquera que Antanas Mockus”, dice un asistente. Javier Rosero, un bogotano que trabaja en el sector de la construcción en Quibdó y que llamaba la atención entre la multitud al sostener una bandera de Bogotá, defiende al candidato. “Así pasó en Bogotá. Nadie le entendía al principio pero después la gente cambió con la Cultura Ciudadana ”, dice Rosero.
El discurso de Mockus fue bien recibido por la mayoría, pero para muchos, incluyendo a los miembros del equipo de trabajo de su campaña, tendrá que mostrar un plan más concreto para sacar al Chocó de la crisis en la que ha vivido desde siempre. Por ahora, parece que el lastre de corrupción e ineficiencia que carga la clase política tradicional es suficiente para entregar el apoyo a Mockus. Como lo dijo Albeiro Pinilla, un vendedor de mangos que escuchó pacientemente al candidato: “no entendí muchas cosas que dijo, pero es como honesto. No quiso comprometerse con nada, pero igual todos vienen y prometen cosas y después no las cumplen. Por lo menos este no prometió nada”.
Fuente: Terra - Vote Bien
Cerca de 200 jóvenes chocoanos se reúnen en el aeropuerto el Caraño de Quibdó. La mañana gris y lluviosa contrasta con el verde de las camisetas y el entusiasmo de los asistentes que no paran de sonreír, cantar y bailar al ritmo de los clarinetes y tambores de una papayera. El ambiente es el de una fiesta universitaria que comenzó a las 8 de la mañana, hora en la que estaba programada la llegada de Antanas Mockus, el candidato presidencial del Partido Verde. Son casi las 10 pero la gente no parece impaciente por la espera.
Algunos forman círculos para discutir la forma de hacer política del candidato y la precaria situación del Chocó. ”No esperen que él venga a prometer, él lo que viene es a hablar sobre cultura ciudadana, sobre las formas y no sobre el fondo”, dice uno de los jóvenes, entusiasmado en su discurso. Otro le responde que el candidato puede hablar de cultura, pero debe comprometerse con la universidad pública y las carreteras.
Sobre las 10:30 de la mañana llega Mockus. Él y toda su comitiva salen por una puerta alterna, mientras la multitud corre desenfrenada a recibirlo. Varias universitarias abrazan a Mockus, que no para de sonreír y saludar, mientras seis policías tratan de formar un circulo a su alrededor en medio del caos. Parece el recibimiento a una estrella de reggaetón. Enrique Peñalosa agarra a Mockus y logra meterlo dentro de una camioneta que parte inmediatamente hacia a la Universidad Tecnológica del Chocó, donde lo esperan en un evento académico para celebrar el día del maestro.
Los jóvenes parten detrás del candidato en decenas de motos formando una caravana que satura la angosta vía que conduce a la universidad. La ruta recorre algunos barrios de la capital más pobre del país, una ciudad de 160 mil habitantes que se asemeja a las del África subsahariana. Más del 70 por ciento de los quibdoseños no tienen acueducto o alcantarillado y tres de cada cuatro vive en la extrema pobreza. Si el índice de desarrollo humano equipara a Bogotá con un país de Europa oriental, a Quibdó la pone al mismo nivel que el país más pobre de América del sur, Bolivia.
Alabao para Mockus
Mockus llega a la universidad. El furor que causa su presencia envuelve ahora a más de mil personas que gritan su nombre sin cesar. El candidato entra junto a Lucho Garzón y Enrique Peñalosa al auditorio principal y de inmediato la gente comienza a cantar a una sola voz “Somos pacífico” la canción que hizo popular al grupo Chocquibtown. Es una gran fiesta. En medio de la alegría del auditorio toma la palabra Jorge Pérez González, representante del sindicato de maestros de la universidad y el profesor Alberto Ampudia. Los dos le piden a Mockus que se comprometa con recursos y programas que mejoren la calidad de la universidad y se quejan por la intervención del Estado central en el departamento en medio del aplauso de la gente.
La situación política del Chocó difícilmente puede ser peor. El Presidente Uribe decidió nombrar un gobernador paisa para reemplazar al gobernador Patrocinio Sánchez Montes de Oca (condenado a 18 meses de prisión por corrupción) e intervenir la salud y la educación del departamento. Los chocoanos no le perdonan esta decisión a Uribe, especialmente porque históricamente los paisas han representado el abuso y la represión del hombre blanco en la región. Luego del discurso de los dos profesores, tres mujeres y un hombre cantan una canción tradicional del Chocó, conocida como un “alabao”(usualmente es un canto fúnebre), llena de emoción y lamento en la que se le pide a Dios y a los santos, y por esta vez, al candidato. Una mujer canta sobre las malas vías de acceso, otra sobre la pésima educación, y la tercera sobre la falta de agua. Y entre cada lamento el cuarteto canta en coro: “Cuando sea Presidente, no nos entregue al olvido…”
Ahora le toca hablar a Mockus, al que todos han venido a oir con tanto entusiasmo. Pero la energía del auditorio se empieza a apagar lentamente cuando el candidato habla de la importancia de la relación entre el lenguaje oral y el lenguaje escrito, de la importancia de publicar libros y su experiencia como maestro. Aunque la gente le había pedido a gritos propuestas y compromisos puntuales para mejorar la situación del Chocó, Mockus avanza con su discurso hablando del respeto a la Constitución y la vida, sobre la falta de sanción moral y cultural al narcotráfico. El ex alcalde pierde con facilidad el hilo y guarda silencio por varios segundos revisando las hojas que tiene para retomar su disertación. Varias veces se le acerca Liliana Caballero, directora de su campaña, para hablarle al oído.
Por momentos, los murmullos de algunos asistentes y de varios estudiantes que conversan en el vestíbulo contiguo al auditorio opacan la voz del Mockus. El candidato para su discurso y después de algunos segundos en silencio en los que mantiene su mirada sobre el público exige silencio con algo de mal humor. El académico irreverente que en una tarde de noviembre de 1993 bajó sus pantalones ante un auditorio de estudiantes que no lo dejaba hablar, se ha convertido en un hombre más serio, más pausado y complejo en su lenguaje y sus símbolos.
Mockus continúa en medio de gritos esporádicos de personas en el auditorio que le reclaman que hable de las carreteras. El ex alcalde hace caso omiso y le propone a la gente que señale a su compañero de al lado y que le diga que su vida es sagrada o que griten al mismo tiempo “¡la unión hace la fuerza!”. El auditorio despierta y responde con energía a los ejercicios que les propone Mockus. Después de una hora de discurso, un hombre se levanta y le vuelve a pedir que se comprometa con mejoras en la infraestructura, pues la principal vía de acceso terrestre del departamento, la carretera Medellín – Quibdó, es una trocha de 220 kilómetros en pésimo estado, por la cual tardan cerca de 12 horas para llegar a la capital de Antioquia.
Mockus le responde que ese es un acto académico y que le permitirá interactuar a la gente en un evento público al cual ira a continuación, en el malecón, a orillas del río Atrato. El candidato termina su discurso y en medio del desorden se marcha. Algunas de las personas del auditorio permanecen en calma y discuten entre sí sobre el discurso de Mockus. “Quiero creer que habló como habló, porque este es un acto académico y no de proselitismo. Vamos a ir al malecón a ver qué dice. Aquí necesitamos propuestas concretas, queremos compromisos”, dice el profesor Antonio Ibargüen.
El bautizo de Antonio Mosquera
Al llegar al malecón, el reloj de la catedral marca la una de la tarde. El cielo está despejado y la temperatura llega a los 35 grados, con una insoportable sensación de humedad, superior al 90 por ciento. Cerca de mil personas, protegidas del sol con sombrillas, toallas o periódicos, están esperando al candidato, que llega en medio de aplausos.
En la tarima, junto a él, están Enrique Peñalosa y Lucho Garzón. Mockus habla esta vez de corrupción y de recursos públicos sagrados. El candidato cuenta una anécdota en la que un concejal le entregó una hoja de vida para solicitarle un puesto y él sintió ganas de “vomitar moralmente”. Lucho Garzón pide un aplauso y la gente responde. El mismo hombre que le exigió que hablara de infraestructura en la universidad vuelve a gritar, recordándole el compromiso de de dejarlo preguntar en el malecón.
Mockus se queda unos segundos en silencio y es sacado del aprieto por Enrique Peñalosa que grita pidiéndole a la gente que repita “con educación todo se puede”. La gente responde en coro. El candidato le pide de nuevo a la gente que le diga a la persona que tiene al lado que su vida es sagrada y que la unión hace la fuerza. La multitud entra en el juego que propone Mockus. Todos se señalan y repiten sus frases. Sonríen. La premura por cuestionar al candidato por sus compromisos queda definitivamente atrás.
Como acto final, en la tarima aparece Zulia Mena, líder de la campaña en la región y parte del equipo que coordinaba la candidatura de Sergio Fajardo. Mena bautiza a Mockus con agua del Atrato con el nombre de Antonio José Mosquera, ciudadano e hijo del Chocó. El candidato agradece el acto, baja de la tarima, firma un pacto ambiental y se toma fotos con quien se lo pide. Lucho Garzón y Enrique Peñalosa parecen disfrutar cada momento con la gente. Los abrazan, les piden autógrafos.
Cuando todo parece dicho, un periodista se le acerca a Mockus e insiste en preguntarle por sus planes concretos para el Chocó. El candidato finalmente responde la pregunta, aunque la mayoría de la gente ya no lo escucha: “Hay que contratar un par de universidades de alto nivel para que hagan un proceso de planeación estratégica para saber con qué recursos se cuenta y cuáles deben ser las prioridades de inversión”. Aparecen los escoltas, lo suben a la camioneta y la comitiva se marcha rumbo al aeropuerto.
La multitud se disgrega rápidamente. Unos continúan diciéndole a sus compañeros que la vida es sagrada en medio de risas y otros más serios vuelven a cuestionar la falta de compromisos en el discurso de Mockus. “Ojalá hubiera hablado más Antonio José Mosquera que Antanas Mockus”, dice un asistente. Javier Rosero, un bogotano que trabaja en el sector de la construcción en Quibdó y que llamaba la atención entre la multitud al sostener una bandera de Bogotá, defiende al candidato. “Así pasó en Bogotá. Nadie le entendía al principio pero después la gente cambió con la Cultura Ciudadana ”, dice Rosero.
El discurso de Mockus fue bien recibido por la mayoría, pero para muchos, incluyendo a los miembros del equipo de trabajo de su campaña, tendrá que mostrar un plan más concreto para sacar al Chocó de la crisis en la que ha vivido desde siempre. Por ahora, parece que el lastre de corrupción e ineficiencia que carga la clase política tradicional es suficiente para entregar el apoyo a Mockus. Como lo dijo Albeiro Pinilla, un vendedor de mangos que escuchó pacientemente al candidato: “no entendí muchas cosas que dijo, pero es como honesto. No quiso comprometerse con nada, pero igual todos vienen y prometen cosas y después no las cumplen. Por lo menos este no prometió nada”.
Fuente: Terra - Vote Bien



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