El último asiento, en la última fila, fue el lugar escogido por Flora Rosa Caicedo Blandón para escuchar la verdad que reafirmaría lo que no ha podido borrar de sus recuerdos.
Las palabras de cada una de las víctimas que expresaron lo que sintieron, unidas a los retazos de su memoria, volvieron a encadenarla al pasado, justo al 2 de mayo de 2002, cuando un ruido ensordecedor, acompañado de la muerte, ensombreció a Bojayá.
Esta vez no hubo llanto a cántaros, pero el dolor guardado por tantos años se notó en sus ojos oscuros. Los recuerdos aún vivos, escondidos bajo su piel, comenzaron a contarse, despacio, bajito; porque como ella dice "es algo que aunque uno quiera olvidarlo, no se olvida, porque la situación fue muy crítica".
Flora Rosa sobrevivió a la masacre consumada por las Farc en Bellavista (Bojayá), hace un poco más de ocho años. Con la explosión del cilindro murieron, según el informe, 79 personas.
Lo primero en que piensa cuando se le menciona este episodio es en su hermano, y luego en su hijo y su madre, muertos años después por las consecuencias del atentado. Recuerda, cuando refugiados en la iglesia por los combates entre guerrilla y paramilitares, una pipeta de gas lanzada por el grupo subversivo cayó dentro del templo "y me paré viendo un chispero, como todo naranjado. Solo veía los pedazos de carne pegados a las paredes, y los que quedaron corriendo, buscando donde resguardarse".
En la presentación del informe sobre la tragedia de Bojayá, entregado por el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Restitución (CNRR), en el nuevo poblado de Bellavista, Flora Rosa sintió que se le movían las entrañas y el alma. "Fue como si hubiera vuelto a vivir lo de hace ocho años. Sentí cómo esos recuerdos no se van de mí memoria. Siento que se quedarán ahí para siempre".
Bojayá: La guerra sin límites
Flora Rosa no fue la única que revivió esos recuerdos. En la iglesia, construida igual a la del viejo pueblo, llamada ahora "santuario", las víctimas de la tragedia se reunieron a escuchar, y a recordar.
Martha Nubia Bello, investigadora del Grupo de Memoria Histórica y relatora del informe, señalaba que con la entrega del libro Bojayá: la guerra sin límites , es una forma de devolverle "lo que ellos compartieron generosamente con nosotros. De Bojayá se han dicho muchas cosas, por eso lo que buscamos fue hacer un contexto histórico, que fuera más allá de los hechos del 2 de mayo, y era el esfuerzo de recoger la memoria de lo que vivieron esa época violenta".
Según Bello, se buscó reconstruir la memoria incluso desde 1997 y hasta 2008, "porque la gente cree que en la primera fecha fue cuando comenzó a recrudecerse la violencia en la región. Lo nuevo es el contexto histórico y las condiciones que fueron gestando y culminaron con la masacre de Bojayá".
El libro da cuenta de hechos como el del recrudecimiento de la violencia en el 2002 y explica que obedeció a un proceso de expansión de los paramilitares llegados de Urabá pertenecientes al bloque Élmer Cárdenas. También, que las Farc tenían el control territorial desde hacía dos años o más y que pusieron una férrea resistencia, lo que llevó a que se cometieran estos crímenes de guerra. También de la ausencia del Estado, a quien según la investigadora, ya se había avisado por medio de cuatro alertas tempranas de la situación y "no realizó ninguna acción".
"La idea no es señalar la falta del Estado. La idea con el informe es que aprendamos de la situación que se vivió y que tomemos medidas para que no vuelvan a repetirse estos hechos", indicó Bello.
Fuente: El Colombiano
El último asiento, en la última fila, fue el lugar escogido por Flora Rosa Caicedo Blandón para escuchar la verdad que reafirmaría lo que no ha podido borrar de sus recuerdos.Las palabras de cada una de las víctimas que expresaron lo que sintieron, unidas a los retazos de su memoria, volvieron a encadenarla al pasado, justo al 2 de mayo de 2002, cuando un ruido ensordecedor, acompañado de la muerte, ensombreció a Bojayá.
Esta vez no hubo llanto a cántaros, pero el dolor guardado por tantos años se notó en sus ojos oscuros. Los recuerdos aún vivos, escondidos bajo su piel, comenzaron a contarse, despacio, bajito; porque como ella dice "es algo que aunque uno quiera olvidarlo, no se olvida, porque la situación fue muy crítica".
Flora Rosa sobrevivió a la masacre consumada por las Farc en Bellavista (Bojayá), hace un poco más de ocho años. Con la explosión del cilindro murieron, según el informe, 79 personas.
Lo primero en que piensa cuando se le menciona este episodio es en su hermano, y luego en su hijo y su madre, muertos años después por las consecuencias del atentado. Recuerda, cuando refugiados en la iglesia por los combates entre guerrilla y paramilitares, una pipeta de gas lanzada por el grupo subversivo cayó dentro del templo "y me paré viendo un chispero, como todo naranjado. Solo veía los pedazos de carne pegados a las paredes, y los que quedaron corriendo, buscando donde resguardarse".
En la presentación del informe sobre la tragedia de Bojayá, entregado por el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Restitución (CNRR), en el nuevo poblado de Bellavista, Flora Rosa sintió que se le movían las entrañas y el alma. "Fue como si hubiera vuelto a vivir lo de hace ocho años. Sentí cómo esos recuerdos no se van de mí memoria. Siento que se quedarán ahí para siempre".
Bojayá: La guerra sin límites
Flora Rosa no fue la única que revivió esos recuerdos. En la iglesia, construida igual a la del viejo pueblo, llamada ahora "santuario", las víctimas de la tragedia se reunieron a escuchar, y a recordar.
Martha Nubia Bello, investigadora del Grupo de Memoria Histórica y relatora del informe, señalaba que con la entrega del libro Bojayá: la guerra sin límites, es una forma de devolverle "lo que ellos compartieron generosamente con nosotros. De Bojayá se han dicho muchas cosas, por eso lo que buscamos fue hacer un contexto histórico, que fuera más allá de los hechos del 2 de mayo, y era el esfuerzo de recoger la memoria de lo que vivieron esa época violenta".
Según Bello, se buscó reconstruir la memoria incluso desde 1997 y hasta 2008, "porque la gente cree que en la primera fecha fue cuando comenzó a recrudecerse la violencia en la región. Lo nuevo es el contexto histórico y las condiciones que fueron gestando y culminaron con la masacre de Bojayá".
El libro da cuenta de hechos como el del recrudecimiento de la violencia en el 2002 y explica que obedeció a un proceso de expansión de los paramilitares llegados de Urabá pertenecientes al bloque Élmer Cárdenas. También, que las Farc tenían el control territorial desde hacía dos años o más y que pusieron una férrea resistencia, lo que llevó a que se cometieran estos crímenes de guerra. También de la ausencia del Estado, a quien según la investigadora, ya se había avisado por medio de cuatro alertas tempranas de la situación y "no realizó ninguna acción".
"La idea no es señalar la falta del Estado. La idea con el informe es que aprendamos de la situación que se vivió y que tomemos medidas para que no vuelvan a repetirse estos hechos", indicó Bello.
Fuente: El Colombiano



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