Territorio Chocoano Noticias - Quibdó (Chocó)

Wednesday
May 23rd
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Operación éxodo por el río Atrato de 220 damnificados de Riosucio

Los tablones con los que fue construida la barcaza "Don Werling" crujieron sobre las aguas del río Atrato toda la noche.
Eunice Velásquez Palacio, un capitán de navío empírico y curtido por el sol del Golfo, había sido enterado, a eso del mediodía, de una evacuación inminente en el municipio de Riosucio, en la región Norte chocoana (Bajo Atrato).
A eso de las 4:00 comenzaron a verse damnificados subiendo por la rampa de "Don Werling", con sus hijos en brazos, sus perros mugrientos, sus neveras enlodadas y con esa cara de derrota que sobreviene cuando hay que dejarlo todo tirado.
No parecía fácil transportar a 220 personas, incluyendo 105 niños, en un viejo barco impulsado con Acpm, al que no le había tocado llevar sobre cubierta a una horda de personas huyéndole al invierno.
Y es que Riosucio se está quedando solo. El 70 por ciento de su población se ha ido, decía el viernes Ariel Romero Rovira, funcionario de la Alcaldía.
Se sabe que antes del desplazamiento forzado de 1997, a causa de presiones de grupos armados, en Riosucio vivían 28.648 personas. De ese número quedaron unas 12 mil. Y, como consecuencia del invierno, ahora la población solo llega a 4 mil.
Según este hombre, va a llegar el momento en que el pueblo desaparecerá completamente. "Lo más grave de todo este asunto es que no hay presencia del Estado", denunciaba.
"Parece ser que a nosotros nos cuesta ser todavía negros en Colombia. Porque nos tienen estigmatizados, tirados, abandonados a la voluntad de Dios", decía.
Según Ariel, las inundaciones tienen que ver con la sedimentación del río Atrato. "En 1999 se hizo una inversión de 2.400 millones de pesos, pero esa plata se quedó en los bolsillos de los vivarachos de este país".
Con esa desvaída esperanza de sentirse apenas en manos de Dios se subió al barco Yomaira Ramos Córdoba, una morena de 35 años que se llevó el récord de montar más hijos a bordo: ocho pelaos.
Porque no había más que echarse la bendición. Doña Flavia Josefa Moreno Moreno, en cambio, ascendió sola, apenas con un vestido negro de luto cubriéndole el cuerpo.
Un luto que comenzó hace cuatro años cuando de asfixia se murió Carmelino Rentería Serna, su esposo y única compañía.
Qué pensaría el viejo si supiera que su Flavia Josefa tuvo que abandonar la casa porque el agua se subió hasta los marcos superiores de las puertas.
Cuál habrá sido su reacción si le contaran que desde su muerte, Flavia ha llegado a acumular hasta 15 días sin cocinar por la pura tristeza con la que se levanta.
Qué diría Carmelino si hubiese visto a su mujer, a los 75 años de edad, emprender una travesía sobre el río Atrato, sin nada más que un monedero vacío y la compañía de unos cuantos conocidos del barrio Maquent. "Yo estaba acobardada, muy nerviosa. El médico en Riosucio me había dicho que yo no aguantaba ese viaje", decía doña Flavia.
A las 5:00 de la tarde del jueves pasado, bajo un cielo cenizo y tempestuoso, el barco partió. Atrás quedó Riosucio medio derruido, medio ahogado. Atrás quedaron más familias a la espera de la reubicación.
Una noche de perros
El Ejército sabía que la barcaza "Don Werling" venía cargada de niños y por eso hubo un monitoreo riguroso.
La noche se desgajaba negra y lluviosa, mientras que las aguas del río se agitaban revoltosamente. A las 7:30 de la noche se supo que el éxodo de desterrados atracó en el corregimiento de La Honda (Chocó) para recoger más personal y para abastecerse de algo de combustible.
Los 220 tripulantes permanecieron uno sobre otro, en un silencio que se quebraba solo con las discusiones que se armaban para ingresar al único baño.
Muchos partieron con el estómago vacío. "Pasamos una noche de perros. No teníamos ninguna comodidad. Veníamos como si estuviéramos en una marranera", dijo Margarita Moreno Bejarano, una mujer robusta que emprendió el viaje al lado de tres hijos.
El trayecto continuó por las orillas de Rancho Quemado, Guagará, Yarumal y Puente América, todas poblaciones chocoanas.
A la medianoche hubo una nueva estación en Tumaradó. Más afectados por el invierno esperaban, en la penumbra, a que los recogieran y los arrimaran a Turbo, el destino final.
A seis nudos por hora de velocidad era poco lo que podían avanzar. También si se tiene en cuenta que la embarcación llevaba a cuestas un cargamento de troncos de madera, lo que la hacía más pesada.
El viaje había sido posible gracias al dinero que proporcionó Oxfam Internacional, una ONG que atiende emergencias humanitarias y que, según lo reseña su página web, lucha por la erradicación de la pobreza.
Debió ser de madrugada cuando "Don Werling" arribó a Bocas de Atrato, para emprender su paso por el mar Caribe y así cruzar, con la llovizna encima, el Golfo de Urabá.
Oscar Darío Ramos, ayudante del capitán, más tarde diría que a bordo iban unas cinco mujeres embarazadas, así como un pequeño grupo de ancianos.
Todo estaba previsto para la llegada. Desde las seis de la mañana del viernes, el wafe de Turbo -un pequeño puerto rodeado de aguas putrefactas- hervía de familiares a la espera de los viajeros. Porque es que desde el miércoles pasado habían llegado, graneados, más damnificados de Riosucio y Carmen del Darién.
"Don Werling" arribó a las 8:00 de la mañana, con todos sus pasajeros ilesos, pese al trasnocho, el sudor y el hambre.
Era una escena extraña, parecida a una emigración de esclavos africanos en tiempos remotos. "Don Werling" había hecho lo suyo sin averiarse. Se comportó como aquella fragata Winnipeg con la que el poeta Pablo Neruda salvó más de 2 mil vidas durante la guerra civil española, en un viaje que comenzó en Francia y terminó en Valparaíso, Chile.
Desde un "Don Werling" mucho más modesto y tardío, fueron saliendo personajes como Yadivis Rueda Palacio, una joven de 18 años de edad, con una niña de brazos y una profesión poco común en Riosucio: la de futbolista.
El malecón turbeño se llenó de gritos y saludos desde los balcones. Pero también se inundó de cierta incertidumbre. ¿Quién se haría cargo de la alimentación de los niños? ¿Dónde iban a dormir?
El panorama en Turbo no es el mejor. El invierno allí ha dejado algo así como 12.500 damnificados de 11 corregimientos y 56 veredas, según datos del Clopad.
Pero pueden ser más. Omaira González, representante de la Cruz Roja en la zona, dijo el viernes que los organismos de socorro no habían llegado hasta las veredas más pegadas al Norte.
En carretas haladas por burros, se fueron yendo los tripulantes de "Don Werling". La llegada sería a la sede de una Iglesia Cristiana Cuadrangular. Ahí, justamente, comenzará la nueva travesía.
Fuente: El Colombiano
Damnificados en RiosucioLos tablones con los que fue construida la barcaza "Don Werling" crujieron sobre las aguas del río Atrato toda la noche.

Eunice Velásquez Palacio, un capitán de navío empírico y curtido por el sol del Golfo, había sido enterado, a eso del mediodía, de una evacuación inminente en el municipio de Riosucio, en la región Norte chocoana (Bajo Atrato).

A eso de las 4:00 comenzaron a verse damnificados subiendo por la rampa de "Don Werling", con sus hijos en brazos, sus perros mugrientos, sus neveras enlodadas y con esa cara de derrota que sobreviene cuando hay que dejarlo todo tirado.

No parecía fácil transportar a 220 personas, incluyendo 105 niños, en un viejo barco impulsado con Acpm, al que no le había tocado llevar sobre cubierta a una horda de personas huyéndole al invierno.

Y es que Riosucio se está quedando solo. El 70 por ciento de su población se ha ido, decía el viernes Ariel Romero Rovira, funcionario de la Alcaldía.

Se sabe que antes del desplazamiento forzado de 1997, a causa de presiones de grupos armados, en Riosucio vivían 28.648 personas. De ese número quedaron unas 12 mil. Y, como consecuencia del invierno, ahora la población solo llega a 4 mil.

Según este hombre, va a llegar el momento en que el pueblo desaparecerá completamente. "Lo más grave de todo este asunto es que no hay presencia del Estado", denunciaba.

"Parece ser que a nosotros nos cuesta ser todavía negros en Colombia. Porque nos tienen estigmatizados, tirados, abandonados a la voluntad de Dios", decía.

Según Ariel, las inundaciones tienen que ver con la sedimentación del río Atrato. "En 1999 se hizo una inversión de 2.400 millones de pesos, pero esa plata se quedó en los bolsillos de los vivarachos de este país".

Con esa desvaída esperanza de sentirse apenas en manos de Dios se subió al barco Yomaira Ramos Córdoba, una morena de 35 años que se llevó el récord de montar más hijos a bordo: ocho pelaos.

Porque no había más que echarse la bendición. Doña Flavia Josefa Moreno Moreno, en cambio, ascendió sola, apenas con un vestido negro de luto cubriéndole el cuerpo.

Un luto que comenzó hace cuatro años cuando de asfixia se murió Carmelino Rentería Serna, su esposo y única compañía.

Qué pensaría el viejo si supiera que su Flavia Josefa tuvo que abandonar la casa porque el agua se subió hasta los marcos superiores de las puertas.

Cuál habrá sido su reacción si le contaran que desde su muerte, Flavia ha llegado a acumular hasta 15 días sin cocinar por la pura tristeza con la que se levanta.

Qué diría Carmelino si hubiese visto a su mujer, a los 75 años de edad, emprender una travesía sobre el río Atrato, sin nada más que un monedero vacío y la compañía de unos cuantos conocidos del barrio Maquent. "Yo estaba acobardada, muy nerviosa. El médico en Riosucio me había dicho que yo no aguantaba ese viaje", decía doña Flavia.

A las 5:00 de la tarde del jueves pasado, bajo un cielo cenizo y tempestuoso, el barco partió. Atrás quedó Riosucio medio derruido, medio ahogado. Atrás quedaron más familias a la espera de la reubicación.

Una noche de perros
El Ejército sabía que la barcaza "Don Werling" venía cargada de niños y por eso hubo un monitoreo riguroso.

La noche se desgajaba negra y lluviosa, mientras que las aguas del río se agitaban revoltosamente. A las 7:30 de la noche se supo que el éxodo de desterrados atracó en el corregimiento de La Honda (Chocó) para recoger más personal y para abastecerse de algo de combustible.

Los 220 tripulantes permanecieron uno sobre otro, en un silencio que se quebraba solo con las discusiones que se armaban para ingresar al único baño.

Muchos partieron con el estómago vacío. "Pasamos una noche de perros. No teníamos ninguna comodidad. Veníamos como si estuviéramos en una marranera", dijo Margarita Moreno Bejarano, una mujer robusta que emprendió el viaje al lado de tres hijos.

El trayecto continuó por las orillas de Rancho Quemado, Guagará, Yarumal y Puente América, todas poblaciones chocoanas.

A la medianoche hubo una nueva estación en Tumaradó. Más afectados por el invierno esperaban, en la penumbra, a que los recogieran y los arrimaran a Turbo, el destino final.

A seis nudos por hora de velocidad era poco lo que podían avanzar. También si se tiene en cuenta que la embarcación llevaba a cuestas un cargamento de troncos de madera, lo que la hacía más pesada.

El viaje había sido posible gracias al dinero que proporcionó Oxfam Internacional, una ONG que atiende emergencias humanitarias y que, según lo reseña su página web, lucha por la erradicación de la pobreza.

Debió ser de madrugada cuando "Don Werling" arribó a Bocas de Atrato, para emprender su paso por el mar Caribe y así cruzar, con la llovizna encima, el Golfo de Urabá.

Oscar Darío Ramos, ayudante del capitán, más tarde diría que a bordo iban unas cinco mujeres embarazadas, así como un pequeño grupo de ancianos.

Todo estaba previsto para la llegada. Desde las seis de la mañana del viernes, el wafe de Turbo -un pequeño puerto rodeado de aguas putrefactas- hervía de familiares a la espera de los viajeros. Porque es que desde el miércoles pasado habían llegado, graneados, más damnificados de Riosucio y Carmen del Darién.

"Don Werling" arribó a las 8:00 de la mañana, con todos sus pasajeros ilesos, pese al trasnocho, el sudor y el hambre.

Era una escena extraña, parecida a una emigración de esclavos africanos en tiempos remotos. "Don Werling" había hecho lo suyo sin averiarse. Se comportó como aquella fragata Winnipeg con la que el poeta Pablo Neruda salvó más de 2 mil vidas durante la guerra civil española, en un viaje que comenzó en Francia y terminó en Valparaíso, Chile.

Desde un "Don Werling" mucho más modesto y tardío, fueron saliendo personajes como Yadivis Rueda Palacio, una joven de 18 años de edad, con una niña de brazos y una profesión poco común en Riosucio: la de futbolista.

El malecón turbeño se llenó de gritos y saludos desde los balcones. Pero también se inundó de cierta incertidumbre. ¿Quién se haría cargo de la alimentación de los niños? ¿Dónde iban a dormir?

El panorama en Turbo no es el mejor. El invierno allí ha dejado algo así como 12.500 damnificados de 11 corregimientos y 56 veredas, según datos del Clopad.

Pero pueden ser más. Omaira González, representante de la Cruz Roja en la zona, dijo el viernes que los organismos de socorro no habían llegado hasta las veredas más pegadas al Norte.

En carretas haladas por burros, se fueron yendo los tripulantes de "Don Werling". La llegada sería a la sede de una Iglesia Cristiana Cuadrangular. Ahí, justamente, comenzará la nueva travesía.

Fuente: El Colombiano

 

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