En un frío salón de un colegio de Bogotá Denny Lloreda, una niña chocoana de 10 años, es reprendida y recibe malas calificaciones porque en lugar de hablar sobre los grises paisajes capitalinos, contó sobre el verde de la selva, el plumaje de las aves y los deleitantes olores de su natal Bagadó, en el que apenas unos meses antes vivía feliz. Con el tiempo, este sería tan solo uno de los momentos en que, incomprensiblemente, iría en contravía de quienes la rodeaban por defender su cultura.
37 años después está nuevamente en un colegio lejos de su primer entorno, aunque en esta ocasión es ella la rectora. En él se respira la cultura afrodescendiente por todos los rincones, y el frío cambió por el calor barranquillero.
Llegar a donde está ahora no fue nada fácil. “Cuando entré a la Universidad Javeriana de Bogotá, en mi facultad solo estudiábamos tres afrocolombianos, por lo que era muy común que nos discriminaran, pero esa situación en vez de achicopalarme me llenaba de energía y me hacía soñar con proyectos para reivindicar a mi raza”, cuenta la rectora del colegio etnoeducativo Paulino Salgado ‘Batata’, carrera 21B número 75 - 93, del barrio Nueva Colombia.
Pero no solo las dificultades provenían de afuera. Al adelantar el proyecto escolar en la ciudad se encontró con que los afrodescendientes del Pacífico y los de Palenque estaban divididos. “Existía un distanciamiento que hacía mucho daño. Afortunadamente esta situación ha ido cambiando”.
A Denny También le tocó enfrentar el rechazo de algunos afros que habían dejado de lado la cultura de sus antepasados. Un ejemplo claro fue la disminución del bantú, ya que muchos padres preferían no enseñárselos a sus hijos para que no fueran discriminados. Afortunadamente, asegura Lloreda, esto ha mejorado, ya que entre las tareas que hacen los alumnos del ‘Batata’ está la de preguntarle a sus padres palabras en este lenguaje.
Hacia el Futuro. Cuando se pregunta en Barranquilla por ella la describen como una mujer luchadora que, pese a vivir muy lejos de su lugar de trabajo, le ha “metido el hombro” a esta comunidad en busca de un mejor nivel de vida.
“Siento orgullo por lo conseguido en los tres años que lleva el colegio. Logramos que la planta física mejorara y que pavimentaran la calle en los alrededores de la institución, además de la llegada de una profesora estadounidense que dicta inglés, gracias a un convenio”, asegura.
A esta mujer, casada hace 14 años con el abogado Martín Rentería, le falta tiempo para realizar todas las metas que se propone, porque además del colegio dirige una fundación en la que se le brinda educación a niños afrodescendientes de escasos recursos.
“Tenemos que fortalecer nuestra identidad, conseguir laboratorios educativos y reforzar el manejo de las tres lenguas —bantú, español e inglés— en nuestros alumnos”, añora Denny al terminar de cantar una ronda infantil que sus alumnos le pidieron que les enseñara. Luego sonríe, con esa sonrisa brillante que solo los afrodescendientes tienen, y de la cual se siente orgullosa.
Fuente: El Heraldo
En un frío salón de un colegio de Bogotá Denny Lloreda, una niña chocoana de 10 años, es reprendida y recibe malas calificaciones porque en lugar de hablar sobre los grises paisajes capitalinos, contó sobre el verde de la selva, el plumaje de las aves y los deleitantes olores de su natal Bagadó, en el que apenas unos meses antes vivía feliz. Con el tiempo, este sería tan solo uno de los momentos en que, incomprensiblemente, iría en contravía de quienes la rodeaban por defender su cultura. 37 años después está nuevamente en un colegio lejos de su primer entorno, aunque en esta ocasión es ella la rectora. En él se respira la cultura afrodescendiente por todos los rincones, y el frío cambió por el calor barranquillero.
Llegar a donde está ahora no fue nada fácil. “Cuando entré a la Universidad Javeriana de Bogotá, en mi facultad solo estudiábamos tres afrocolombianos, por lo que era muy común que nos discriminaran, pero esa situación en vez de achicopalarme me llenaba de energía y me hacía soñar con proyectos para reivindicar a mi raza”, cuenta la rectora del colegio etnoeducativo Paulino Salgado ‘Batata’, carrera 21B número 75 - 93, del barrio Nueva Colombia.
Pero no solo las dificultades provenían de afuera. Al adelantar el proyecto escolar en la ciudad se encontró con que los afrodescendientes del Pacífico y los de Palenque estaban divididos. “Existía un distanciamiento que hacía mucho daño. Afortunadamente esta situación ha ido cambiando”.
A Denny También le tocó enfrentar el rechazo de algunos afros que habían dejado de lado la cultura de sus antepasados. Un ejemplo claro fue la disminución del bantú, ya que muchos padres preferían no enseñárselos a sus hijos para que no fueran discriminados. Afortunadamente, asegura Lloreda, esto ha mejorado, ya que entre las tareas que hacen los alumnos del ‘Batata’ está la de preguntarle a sus padres palabras en este lenguaje.
Hacia el Futuro. Cuando se pregunta en Barranquilla por ella la describen como una mujer luchadora que, pese a vivir muy lejos de su lugar de trabajo, le ha “metido el hombro” a esta comunidad en busca de un mejor nivel de vida.
“Siento orgullo por lo conseguido en los tres años que lleva el colegio. Logramos que la planta física mejorara y que pavimentaran la calle en los alrededores de la institución, además de la llegada de una profesora estadounidense que dicta inglés, gracias a un convenio”, asegura.
A esta mujer, casada hace 14 años con el abogado Martín Rentería, le falta tiempo para realizar todas las metas que se propone, porque además del colegio dirige una fundación en la que se le brinda educación a niños afrodescendientes de escasos recursos.
“Tenemos que fortalecer nuestra identidad, conseguir laboratorios educativos y reforzar el manejo de las tres lenguas —bantú, español e inglés— en nuestros alumnos”, añora Denny al terminar de cantar una ronda infantil que sus alumnos le pidieron que les enseñara. Luego sonríe, con esa sonrisa brillante que solo los afrodescendientes tienen, y de la cual se siente orgullosa.
Fuente: El Heraldo



