En cuanto vio el periódico que decía “Bojayá, rostros y rastros”, Élvis Orlando Guzmán Martínez se acercó tímidamente a observarlo y empezó a buscar conocidos. “A mí me cayeron tres, yo perdí a tres hijos”, dijo con su voz ronca y con los dedos señalando las fotos de los niños fallecidos. El dos de mayo de 2002, por un descarnado acto de terror eufemizado en un supuesto error de cálculo, las Farc lanzaron una pipeta sobre la iglesia de Bellavista, cabecera del municipio de Bojayá, en medio de un enfrentamiento con las Autodefensas, AUC.
Elvis Orlando estaba trabajando en el corregimiento de Napipí. “Yo soy transportador, bajo madera y transporto víveres de Quibdó.
Ahora tengo dos rápidas, subo pasajeros y carga”, dice. Ese día había salido en su rápida con unos listones de madera. Mientras Elvis navegaba por el Atrato abajo, los enfrentamientos obligaron a los civiles a buscar refugio en la iglesia, hasta donde llegó uno de los artefactos explosivos.
Allí murieron Yumer
Edwin, de 13 años; Marelvis, de 10 años y Yanelvis Guzmán González, de 9 años, tres de los cuatro hijos de Elvis y María.
Sin embargo la vida sorprendió en medio de la muerte. La pequeña Yinerla, de tan solo un año, sobrevivió en medio de la tragedia.
La abuela materna cargaba a la niña en medio de la tensión. Hubo explosión. Los sobrevivientes llegaron y sólo encontraron el tronco de la abuela sin manos ni pies. El llanto de la niña competía con el retumbar de la honda explosiva.
Ahora Yinerla tiene 9 años. Hace tres años sus papás tuvieron mellizos: el pequeño Yoiner y la pequeña Yeira. Pero entre Elvis y María las cosas no funcionaron y ahora Elvis vive con Virgelina, con quien tuvo a la niña Evis Orlenes, de 1 año y tres meses.
“Como cosa de Dios, con María tuve un par de mellos, un varoncito y una mujer. Así mismo como se me murieron volvieron a nacer: se murieron dos niñas y un niño y ahora nuevamente tengo dos niñas y un niño”, además de Yinerla, dijo el chocoano, a quién la pérdida de tres hijos lo dejó trastornado, pero quién ha encontrado en sus nuevos pequeños la fuerza para superarse.
Lo nuevo o lo viejo
El Viejo Bellavista está roído por la maleza. La selva se lo va comiendo poco a poco, eso sí, a excepción de la iglesia. De resto, entre las baldosas de la escuela y detrás del tablero crecen el musgo, la hierba y el olvido. “Yo no soy capaz de volver a vivir aquí. Vivir en otra parte ayuda a olvidar”, cuenta Elvis.
Élvis Orlando Guzmán Martínez y Virgelina Mosquera, su actual pareja. Ella tiene dos hijos de su anterior relación y él tres. De la nueva relación nació la pequeña Evis Orlenes, en las piernas de su padre.
Los habitantes de Bellavista se debaten entre las ventajas y las desventajas de vivir en uno y otro lugar. El Nuevo tiene casas y postes de cemento, calles amplias, un fluido eléctrico menos interrumpido y agua menos sucia, pero está lejos del río. “Nosotros convivimos mucho con el río, somos ribereños. Eso era un problema por las inundaciones”, dijo Elvis, pero afirmó que las crecientes del Atrato eran un problema menor, con tal de tener el río cerca.
Pese a las comodidades el pueblo Nuevo está a más de un kilómetro de la rivera y la situación de muchas familias es mucho más dura: “la gente pasa mucho trabajo, demasiado trabajo, muy duro mano”, exclama Elvis. “A uno acá, en el Viejo, se le facilitaba la cosa más porque teníamos más acercamiento, quedábamos más cerca unos de otro y ahora estamos muy distantes. Yo tengo como subsistir, pero hay familias que están vendiendo las casas. En lo que nos las dieron por reposición tenían un valor de $27 millones, pero hay gente que la está dando en $6 millones”, dijo Elvis, mientras su actual compañera, Virgelina, señalaba que “prácticamente la mayoría de la gente está aguantando hambre.
Nosotros sobrevivimos porque él trabaja y yo vendo Yanbal, nos ayudamos ambos, pero mucha gente está aguantando hambre”, dijo la mujer, mientras el negro Elvis decía que “a pesar de todo la vida antes acá, en el Viejo, era mejor. Teníamos los mismos servicios que tenemos en el Nuevo, pero allá no veo ninguna ventaja”.
Fuente: El Mundo
En cuanto vio el periódico que decía “Bojayá, rostros y rastros”, Élvis Orlando Guzmán Martínez se acercó tímidamente a observarlo y empezó a buscar conocidos. “A mí me cayeron tres, yo perdí a tres hijos”, dijo con su voz ronca y con los dedos señalando las fotos de los niños fallecidos. El dos de mayo de 2002, por un descarnado acto de terror eufemizado en un supuesto error de cálculo, las Farc lanzaron una pipeta sobre la iglesia de Bellavista, cabecera del municipio de Bojayá, en medio de un enfrentamiento con las Autodefensas, AUC. Elvis Orlando estaba trabajando en el corregimiento de Napipí. “Yo soy transportador, bajo madera y transporto víveres de Quibdó.
Ahora tengo dos rápidas, subo pasajeros y carga”, dice. Ese día había salido en su rápida con unos listones de madera. Mientras Elvis navegaba por el Atrato abajo, los enfrentamientos obligaron a los civiles a buscar refugio en la iglesia, hasta donde llegó uno de los artefactos explosivos.
Allí murieron Yumer
Edwin, de 13 años; Marelvis, de 10 años y Yanelvis Guzmán González, de 9 años, tres de los cuatro hijos de Elvis y María.
Sin embargo la vida sorprendió en medio de la muerte. La pequeña Yinerla, de tan solo un año, sobrevivió en medio de la tragedia.
La abuela materna cargaba a la niña en medio de la tensión. Hubo explosión. Los sobrevivientes llegaron y sólo encontraron el tronco de la abuela sin manos ni pies. El llanto de la niña competía con el retumbar de la honda explosiva.
Ahora Yinerla tiene 9 años. Hace tres años sus papás tuvieron mellizos: el pequeño Yoiner y la pequeña Yeira. Pero entre Elvis y María las cosas no funcionaron y ahora Elvis vive con Virgelina, con quien tuvo a la niña Evis Orlenes, de 1 año y tres meses.
“Como cosa de Dios, con María tuve un par de mellos, un varoncito y una mujer. Así mismo como se me murieron volvieron a nacer: se murieron dos niñas y un niño y ahora nuevamente tengo dos niñas y un niño”, además de Yinerla, dijo el chocoano, a quién la pérdida de tres hijos lo dejó trastornado, pero quién ha encontrado en sus nuevos pequeños la fuerza para superarse.
Lo nuevo o lo viejo
El Viejo Bellavista está roído por la maleza. La selva se lo va comiendo poco a poco, eso sí, a excepción de la iglesia. De resto, entre las baldosas de la escuela y detrás del tablero crecen el musgo, la hierba y el olvido. “Yo no soy capaz de volver a vivir aquí. Vivir en otra parte ayuda a olvidar”, cuenta Elvis.
Élvis Orlando Guzmán Martínez y Virgelina Mosquera, su actual pareja. Ella tiene dos hijos de su anterior relación y él tres. De la nueva relación nació la pequeña Evis Orlenes, en las piernas de su padre.
Los habitantes de Bellavista se debaten entre las ventajas y las desventajas de vivir en uno y otro lugar. El Nuevo tiene casas y postes de cemento, calles amplias, un fluido eléctrico menos interrumpido y agua menos sucia, pero está lejos del río. “Nosotros convivimos mucho con el río, somos ribereños. Eso era un problema por las inundaciones”, dijo Elvis, pero afirmó que las crecientes del Atrato eran un problema menor, con tal de tener el río cerca.
Pese a las comodidades el pueblo Nuevo está a más de un kilómetro de la rivera y la situación de muchas familias es mucho más dura: “la gente pasa mucho trabajo, demasiado trabajo, muy duro mano”, exclama Elvis. “A uno acá, en el Viejo, se le facilitaba la cosa más porque teníamos más acercamiento, quedábamos más cerca unos de otro y ahora estamos muy distantes. Yo tengo como subsistir, pero hay familias que están vendiendo las casas. En lo que nos las dieron por reposición tenían un valor de $27 millones, pero hay gente que la está dando en $6 millones”, dijo Elvis, mientras su actual compañera, Virgelina, señalaba que “prácticamente la mayoría de la gente está aguantando hambre.
Nosotros sobrevivimos porque él trabaja y yo vendo Yanbal, nos ayudamos ambos, pero mucha gente está aguantando hambre”, dijo la mujer, mientras el negro Elvis decía que “a pesar de todo la vida antes acá, en el Viejo, era mejor. Teníamos los mismos servicios que tenemos en el Nuevo, pero allá no veo ninguna ventaja”.
Fuente: El Mundo



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