Manuel Mena estuvo tres años en la cárcel por un delito que no cometió. Y no sólo era inocente, sino además pobre. Y no sólo cargan él y sus familiares una indignación innombrable contra la justicia colombiana, sino que el pasado fin de semana, horas después de haber recuperado la libertad, desfalleció de repente y ahora permanece en la clínica Marly de la capital, en cuidados intensivos, por un dolor del corazón, y del alma.
Mena vivía en el deprimido barrio Fredonia, de Cartagena, con su esposa cartagenera Candelaria y los hijos de ella, Luis, Arelis y John, de entre 17 y 19 años y que son como hijos para Manuel, de 58. Para sobrevivir, ella vendía tamales y fritos y él se dedicaba a la construcción.
A Cartagena llegó en 1990, proveniente del Chocó, para hacer una nueva vida. Dejó a su ex esposa y sus 10 hijos en el Pacífico, pero encontró el amor y otros tres hijos en el Caribe.
Con la idea de mejorar sus condiciones de vida, en 2007 decidió venir a Bogotá a seguir trabajando como albañil, pero recién llegado a la Terminal de Transportes se lo llevaron preso tras pedirle la cédula: le aseguraron que él, que nunca había estado en la región antioqueña, había descuartizado con un hacha a una persona en Vegachí, Antioquia, en 1988.
Como ya estaba condenado, se lo llevaron directo a La Picota. Allí, el abogado de la Defensoría del Pueblo que le asignaron, lo dejó botado. Un año y medio después de estar preso, llegó a la cárcel Francisco León, un estudiante de la Universidad Manuel Beltrán que trabaja con el Proyecto Inocencia, a través del cual, y de manera gratuita, los estudiantes de derecho de este centro educativo ayudan hace dos años a personas de escasos recursos, que sean inocentes, a que recuperen su libertad.
León, al respecto, le dijo a EL HERALDO que “los testigos que declararon para que fuera condenado un tal Manuel Mena dijeron que el culpable era de tez negra, con la parte derecha de la cara y el brazo quemados y que carecía de dentadura en el maxilar superior, y este Manuel Mena no poseía ninguna de estas descripciones físicas, excepto la de que era negro”.
El Proyecto Inocencia interpuso entonces una acción de tutela ante el Tribunal Superior de Antioquia el 17 de septiembre de 2009. Pero la decisión de la Sala Penal de esta Corte fue negativa, por considerar que Mena, quien no tiene recursos para un abogado y quien a duras penas sabe leer y escribir, tuvo dos años para entablar esta acción, y no lo hizo.
El caso fue llevado ante la Corte Suprema de Justicia, que sorpresivamente estuvo de acuerdo con el Tribunal de Antioquia. Fue entonces la Corte Constitucional quien, tras escoger al azar una de las 5 mil tutelas que le llegan a diario, le da la razón a Mena y a los estudiantes de la Manuel Beltrán, y determina dejar en libertad al chocoano-cartagenero en un término máximo de 48 horas.
La cárcel le causó diabetes
Doña Candelaria viajó con sus hijos a Bogotá, feliz, a recibir a su marido, pero con la rabia de haber tenido que aguantar su injusta ausencia durante más de mil días. El viernes lo recibieron ella y sus tres hijos a la salida de La Picota.
Por fin se había hecho justicia. Sin embargo, Manuel no era el mismo tras el encierro, tenía la tensión alta y era diabético. El sufrimiento, la impotencia y la indignación habían pasado su igual de injusta cuenta de cobro. El sábado, Manuel le dijo a Candelaria que no sentía las piernas y que le dolía la cabeza.
Perdió el alma y el cuerpo
A Mena el domingo le dio un paro cardíaco y fue llevado al hospital, donde permanece entubado, sedado y bajo pronóstico reservado. Sobre lo paradójico de la vida, de su vida, y sobre todo de la de Manuel, doña Candelaria le dijo a EL HERALDO que “el momento que teníamos de felicidad, se nos volvió de pronto en esta gran preocupación”. Ahora, aunque en libertad, Manuel se debate entre la vida y la muerte, la vida que tendría en Cartagena junto a sus seres queridos y la muerte que ya tuvo tras las rejas durante tres años.
Fuente: El Heraldo
Manuel Mena estuvo tres años en la cárcel por un delito que no cometió. Y no sólo era inocente, sino además pobre. Y no sólo cargan él y sus familiares una indignación innombrable contra la justicia colombiana, sino que el pasado fin de semana, horas después de haber recuperado la libertad, desfalleció de repente y ahora permanece en la clínica Marly de la capital, en cuidados intensivos, por un dolor del corazón, y del alma.Mena vivía en el deprimido barrio Fredonia, de Cartagena, con su esposa cartagenera Candelaria y los hijos de ella, Luis, Arelis y John, de entre 17 y 19 años y que son como hijos para Manuel, de 58. Para sobrevivir, ella vendía tamales y fritos y él se dedicaba a la construcción.
A Cartagena llegó en 1990, proveniente del Chocó, para hacer una nueva vida. Dejó a su ex esposa y sus 10 hijos en el Pacífico, pero encontró el amor y otros tres hijos en el Caribe.
Con la idea de mejorar sus condiciones de vida, en 2007 decidió venir a Bogotá a seguir trabajando como albañil, pero recién llegado a la Terminal de Transportes se lo llevaron preso tras pedirle la cédula: le aseguraron que él, que nunca había estado en la región antioqueña, había descuartizado con un hacha a una persona en Vegachí, Antioquia, en 1988.
Como ya estaba condenado, se lo llevaron directo a La Picota. Allí, el abogado de la Defensoría del Pueblo que le asignaron, lo dejó botado. Un año y medio después de estar preso, llegó a la cárcel Francisco León, un estudiante de la Universidad Manuel Beltrán que trabaja con el Proyecto Inocencia, a través del cual, y de manera gratuita, los estudiantes de derecho de este centro educativo ayudan hace dos años a personas de escasos recursos, que sean inocentes, a que recuperen su libertad.
León, al respecto, le dijo que “los testigos que declararon para que fuera condenado un tal Manuel Mena dijeron que el culpable era de tez negra, con la parte derecha de la cara y el brazo quemados y que carecía de dentadura en el maxilar superior, y este Manuel Mena no poseía ninguna de estas descripciones físicas, excepto la de que era negro”.
El Proyecto Inocencia interpuso entonces una acción de tutela ante el Tribunal Superior de Antioquia el 17 de septiembre de 2009. Pero la decisión de la Sala Penal de esta Corte fue negativa, por considerar que Mena, quien no tiene recursos para un abogado y quien a duras penas sabe leer y escribir, tuvo dos años para entablar esta acción, y no lo hizo.
El caso fue llevado ante la Corte Suprema de Justicia, que sorpresivamente estuvo de acuerdo con el Tribunal de Antioquia. Fue entonces la Corte Constitucional quien, tras escoger al azar una de las 5 mil tutelas que le llegan a diario, le da la razón a Mena y a los estudiantes de la Manuel Beltrán, y determina dejar en libertad al chocoano-cartagenero en un término máximo de 48 horas.
La cárcel le causó diabetes
Doña Candelaria viajó con sus hijos a Bogotá, feliz, a recibir a su marido, pero con la rabia de haber tenido que aguantar su injusta ausencia durante más de mil días. El viernes lo recibieron ella y sus tres hijos a la salida de La Picota.
Por fin se había hecho justicia. Sin embargo, Manuel no era el mismo tras el encierro, tenía la tensión alta y era diabético. El sufrimiento, la impotencia y la indignación habían pasado su igual de injusta cuenta de cobro. El sábado, Manuel le dijo a Candelaria que no sentía las piernas y que le dolía la cabeza.
Perdió el alma y el cuerpo
A Mena el domingo le dio un paro cardíaco y fue llevado al hospital, donde permanece entubado, sedado y bajo pronóstico reservado. Sobre lo paradójico de la vida, de su vida, y sobre todo de la de Manuel, doña Candelaria dijo que “el momento que teníamos de felicidad, se nos volvió de pronto en esta gran preocupación”. Ahora, aunque en libertad, Manuel se debate entre la vida y la muerte, la vida que tendría en Cartagena junto a sus seres queridos y la muerte que ya tuvo tras las rejas durante tres años.
Fuente: El Heraldo



Comentarios
Pero la familia debe estar tranquila, pro que la misma justicia que le condeno, lo puede premiar con la indemnización a que tiene derecho; por la falla en el servicio que le ocasionó los tres años de prisión.